Recibí varias preguntas a partir de un posteo en Facebook que decía “si no empatizamos con los presos y presas, no hay derecho a quejarse de la delincuencia”. Las más reiteradas tienen que ver con el yo: “Como yo puedo empatizar con alguien que hizo sufrir a otro”,“como yo puedo tener respeto hacia alguien que abuso de otra persona”, los ejemplos dados son muchas veces caricaturescos, y soslayado en lo mediático.

Primero que nada usted puede empatizar con un niño, o una niña del Sename, por ejemplo, niños que no nacieron malos y están siendo castigados, violentados y creándoles rabia contra la sociedad, una sociedad que los deja en orfandad. Esos niños no nacen malos porque no hay ciencia ni nada que diga que las personas nacen malas o buenas y quienes cayeron en aquellas creencia en el pasado generaron los mayores y más grandes genocidios de la historia.

Estos niños crecen en un sistema neoliberal y que engulle todo a través de la división de clases marginados, emprendedores y ricos, a través de lo correcto y lo incorrecto, por medio de lo monetario como un síndrome de estatus social que propone lo bueno a través de reglas impositivas y contratos sociales que hemos aceptado y que han sido impuestos con cuchillos y fusil, pero que aceptamos sin preguntarnos por la empatía hacia aquel estado cruel.

Inscribimos a nuestros hijos en el registro civil sin preguntarnos si se puede ser empático con el Estado de Chile que no ha pagado por millones de crímenes, a cambio las personas se sienten orgullosos de que su hijo o hija sea chilena y luce con orgullo su cédula en el momento que jóvenes marginales, que por talento y factores de la vida, terminaron siendo campeones de una copa.

La gente no nace mayormente empáticas, mayormente altruistas, muchos de esos niños que se encuentran secuestrados en un Sename, son las y los posibles jóvenes o adultos que posteriormente manejan su rabia de manera violenta, a través de un flagelo social constante de la máquina capitalista, con su deseo en la búsqueda de lo que el status pide para ser validado, y de un estatus ha sido marginado constantemente desde su nacimiento, desde su educación, desde su familia, lo único que lo puede validar es el poder del dinero, lo único que lo puede sacar de la impotencia de no poder realizarse como persona en una sociedad hostil son drogas que alimentan y alteran los estados de rabia y violencia, y la ansiedad por el tener y adquirir el estatus por cual cada uno rechaza desde diversas perspectivas

¿Cómo tener empatía frente a ello? Solo vemos el hecho de violencia de la víctima contra el victimario en un momento corto del tiempo y la historicidad, pero, ¿somos capaces de ponernos en la historia del victimario para transformarse en ello y entenderlo? ¿Podemos dejar aquella vara moral que con toda rabia margina al que ha cometido un delito dentro de un estado ya criminal? Al parecer somos demasiado buenos como para hacerlo, pero para ser buenos hay ciertas cosas como la empatía que nos hace ser mejores personas en un mundo violento. Entonces, aquel que tiene la vara moral y no es capaz de ponerse en el lugar del otro, ¿es mejor persona por querer que el rigor de la ley asesine a quien cometió un delito en el mundo de la desigualdad?

Cómo tener empatía entonces, acercándose a la realidad, destapándose de los ojos viendo lo inútiles que son las cárceles, viendo como no se hace nada por personas que solo deben estar privadas de libertad, pero se les ha privado de vida en todas su formas, y de las maneras más represivas, cómo quieren que al salir sean buenos esclavos del sistema si no hay ningún programa para reinsertarlos en la esclavitud desigual, la esclavitud aquella que pide educación gratuita, aquella que pide ni una menos aquella que dice no más AFP, aquella que dice fin a la clase política y al sistema neoliberal aquella esclavitud que se queja y queja de un Estado que favorece a la clase empresarial y no a su pueblo y que es inepta en hacer una sociedad digna, aquella que favorece la violación de los derechos humanos, aquella sociedad que se silencia ante las mentiras y artimañas contra el pueblo mapuche, aquella sociedad que permite que quemen sus bosques para plantar todo lo que seca la tierra y come el agua, que permite que sus peces sean asesinados y sus mares tomados por explotadores, aquella sociedad que no tiene nación ni país y solo es un numero de un registro

Como no tener empatía de quienes son tan víctimas como nosotros y que las queremos de nuestro lado en el frente luchando por nuestra dignidad, y por nuestra libertad, cuando cada preso es un preso político porque es tan víctima como quien se encuentra preso en un hospital, en su casa, en su trabajo, en una universidad, en una sala de clases, siendo educado para ser un servil esclavo que debe mostrar su carnet de identidad cuando un policía lo requiere porque sí y sin argumentos, más que la obligación a hacerte sentir dominado.

No faltará quien su ego hable y diga ‘yo he pasado cosas peores y he podido salir adelante’, pero reconoce cuantas veces estuvo a punto de rendirse, de la desesperación, reconoce que pudo ser fuerte pero no reconoce a nadie más que no tenga la misma fortaleza. Se siente elegido por tener ciertos valores y morales o éticas que otros no tuvieron opción de conocer en el momento correcto. Que él o ella quizás ha sobrellevado la vida, pero su rabia la descarna contra el resto no te hace mejor persona que alguien que está cumpliendo una condena de un delito en un estado criminal.