Es increíble y doloroso que un departamento de prensa cierre, como ha ocurrido ayer con el de UCV TV, canal pionero de Chile, y que constatemos brutalmente que la televisión, la prensa y el periodismo libre y diverso esté tan condicionado a los intereses del mercado y del mercadeo. Es culpa del chileno medio que no lee, que se interesa por la frivolidad de la farándula, que se mira el ombligo y que se guía ciegamente por la posverdad vociferada por las redes sociales, pero también en los cafés y en los pasillos de la oficina.

El chileno medio que nutre de contenidos una televisión sumida como esclava de las audiencias. Pero también es culpa de los propietarios de los medios que no han podido construir parrillas programáticas estables que financien el más caro de los productos televisivos: las noticias. Ni que sepan producir programas de calidad que, en vez de reverenciar los gustos de la masa aturdida, pueda liderar las preferencias de una población ávida de mejores contenidos.

Ahí la crisis, ahí la rotativa de rostros en los matinales, los cambios cosméticos en noticiarios que no informan o que se dedican a satisfacer las pautas de las empresas e instituciones, los platos lujuriosos de una mesa de verano, los diminutos trajes  de baño de las veraneantes en la playa de turno al ritmo de reggaetón.

Saludo con un abrazo fraterno a los colegas que desde hoy no estarán más en las pautas informativas de UCV TV, solidarizo con aquellos que creen que el periodismo bien hecho es un instrumento clave para hacer construir una sociedad más informada y más justa, mejor y más igual.


Periodista, Magíster en Comunicaciones. Director Ejecutivo de Chopazo Films y profesor universitario