Tienes una duda, te da flojera ir a Google o es demasiado específica como para usar Wikipedia, decides acudir a tus redes, a tu timeline en Facebook, Twitter o alguna otra. ¿Cuál es la forma más rápida de obtener una respuesta?, pues no es lo que acabo de hacer. Preguntar en esta sociedad de la información ya no es tan efectivo como, por ejemplo, decir algo sobre lo que quieres saber, pero equivocado, o al menos cuestionable.

Esa es la Ley de Cunningham, básicamente la gente, en su afán de corregirte, actuará mucho más rápido que si directamente les hubieras preguntado por el asunto en cuestión. Es decir que es más fácil escribir “el limón es lo más natural del mundo”, para que me expliquen cómo fue el proceso en que se realizo la selección de las frutas hasta llegar al –por estos días oneroso- cítrico, que directamente preguntar: “¿Es verdad que el limón no creció espontáneamente sino producto de la intervención humana?”.

Pero hay un bemol un tanto más complejo dentro de esta irritante conducta que tenemos, la gran mayoría, de querernos sentir superiores, reafirmar nuestra autoestima y obtener la noción de haber realizado un acto positivo al corregir a alguien de su infortunada ignorancia. Y ese bemol es que este fenómeno esta tomando un rol desafortunadamente relevante en los medios de comunicación, sirviendo de catalizador para el -ya complejo- modelo del clickbait.

El clickbait implica el usar “carnadas” para conseguir mas clicks en links de portales, particularmente de noticias -o de elementos que tratan de parecer noticias-, lo que se da con un sin fin de estrategias, como titulares que te dejan con una duda, otros exagerados y/o tendenciosos, resultados de encuestas de dudosa procedencia que afirman cosas de forma categórica y un largo etcétera.

Es uno de los problemas más graves del periodismo actual y esta mediado por la necesidad de financiamiento, siendo el avisaje una de las mayores fuentes de ingreso para muchos medios. En el mundo online el avisaje paga en base -y a veces con complejos algoritmos de por medio- a las visitas/vistas de la web, por lo que los clicks se transforman en algo fundamental. Demasiado fundamental. ¿Te suena la frase “todo por el rating”? Bueno, ahora sería “todo por el click”.

Y en ese “todo” cae este conflicto con la Ley de Cunningham porque, como ya sabemos que la gente tiene este impulso casi descontrolado por corregir al otro, tenemos entonces una herramienta más de atracción. Así, en vez de dar espacio a columnistas, entrevistados y voces en general, que sean serias, responsables, que den nuevas perspectivas acerca de ciertos temas o realicen reflexiones que inviten a repensar algún tópico complejo, sale más conveniente -en una perspectiva económica- darle tribuna a personas que tienen una facilidad, o incluso el propósito, de enardecer a un gran porcentaje de la población, afirmando atrocidades, diciendo disparates y un largo etcétera.

El paso siguiente es que la gente empieza a compartir las declaraciones, de forma indignada, pero dándole más publicidad al sitio, más gente lo va clickeando, al mismo tiempo que los opositores a quienes alegan empiezan a compartir por su lado la columna/entrevista/declaración en muestra de apoyo y finalmente tienes a un avisador muy feliz porque mucha gente ha visto su publicidad.

Pero hay un peligro en esto. Los medios de comunicación están recién empezando a asumir cierta responsabilidad en el fenómeno “del disparo en el pie democrático”, que ha tenido como gritos de dolor -o consecuencias más recientes- la elección de Trump, el Brexit, el rechazo electoral al proceso de Paz en Colombia y otros tantos episodios que desde afuera provocan estupor, pero que desde adentro de cada país son muy comprensibles por, entre otros factores relevantes, el actuar de medios y/o pseudo medios.

En ese sentido, ya está instalado el debate sobre las ‘fake news’, portales de noticias falsas, ‘alternative facts’, mentiras que se tratan de hacer pasar por hechos “alternativos”, y ahora ya deberíamos empezar a cuestionar el tema de las ‘sound bombs’, o bombas de sonido, como les llamo. Acciones pseudo noticiosas que solo buscan generar ruido, caos, conflicto y con eso ganar tanto por el lado económico como también -en no pocos casos- por la banalización de una discusión relevante, al homologar voces o argumentos totalmente desproporcionados en cuanto a los fundamentos técnicos-teóricos, las fuentes y/o los niveles reflexivos.

En síntesis, si se le sigue dando espacio a gente irresponsable, que miente, engaña y provoca sin razones de peso, entonces el medio en sí se ha transformado en mercachifle de la democracia, a quien ha vendido por unos cuantos clicks.


Periodista