La Corte de Apelaciones de Santiago condenó esta mañana a cinco ex agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) por su responsabilidad en los delitos de secuestro calificado de Eduardo Aliste González, Gerardo Silva Zaldívar y María Eugenia Martínez Hernández, perpetrados entre septiembre y diciembre de 1974 en el centro de detención y tortura conocido como “La Venda Sexy”.

En fallo dividido la Cuarta Sala del tribunal de alzada –integrada por los ministros Juan Cristóbal Mera, Pedro Advis y el abogado (i) Jaime Guerrero– confirmó la sentencia que condenó a los agentes Raúl Iturriaga Neumann, Risiere Altez España, Hugo Hernández Valle y Gerardo Urrich González a penas de 15 años y un día de presidio, como autores de los delitos. Asimismo, se rebajó a 5 años y un día de presidio la pena que debe purgar el agente Manuel Carevic Cubillos.

Las víctimas son Gerardo Ernesto Silva Saldívar, de 23 años de edad, estudiante de estadística en la Universidad de Chile y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. De la misma organización era María Eugenia Martínez, de 25 años, que trabajaba como obrera textil en la empresa Industria Labán. Eduardo Aliste González, en tanto, tenía 19 años y estaba cursando la educación media al momento de su detención, al mismo tiempo que militaba en el Partido Socialista. Los tres están desaparecidos hasta el día de hoy.

Irán 3037: Los horrores de la Venda Sexy

El recinto denominado “Venda Sexy” o “La Discotheque” ubicado en calle Irán N° 3037 con esquina Los Plátanos, comuna de Ñuñoa, fue utilizado por la Dirección de Inteligencia Nacional DINA, como centro secreto de detención y tortura, funcionando desde mediados del año 1974 hasta el año 1975.

Este recinto era una casa de dos pisos, con un subterráneo en donde también se realizaban las sesiones de tortura. En este lugar permanecieron muchas detenidas que eran mantenidas con la vista vendada, separados en piezas distintas los hombres de las mujeres.

Los agentes operativos realizaban los interrogatorios bajo tortura, para lo cual usaban métodos tales como “la parrilla”, que eran las aplicaciones de corriente eléctrica en diferentes partes del cuerpo. Además una práctica habitual como método de tortura en este recinto eran las vejaciones sexuales. Este recinto se caracterizó por mantener continuamente música estridente a un alto volumen, la que se hacía más intensa al momento de realizar las sesiones de tortura y vejaciones sexuales de los detenidos.

Al respecto se lanzó el libro “Olderock, la mujer de los perros”, que narra la historia de Ingrid Olderock, la agente de la Dina que entrenó perros para estas vejaciones.