*Escrito en co-autoría con el profesor de Historia y Geografía, Claudio González

El día domingo, la senadora y presidenta del Partido Demócrata Cristiano (PDC) sorprendía no sólo a los militantes de su partido, sino a todo el país al declarar: “Asumo el desafío de ser candidata presidencial de la DC”. Fue de seguro la discusión política del día.

Al interior de la Falange, la presidenta del partido marcó un principio básico para su candidatura “unidad partidaria”. Además, señalo: “Creo firmemente en la importancia que ha tenido la alianza de la centroizquierda para la gobernabilidad y desarrollo de nuestro país. Creo que es importante mantenerla y eso significa sumar fuerzas y llegar a una primaria y tener un candidato único de la fuerza de centroizquierda”. Esta sería su postura y, por tanto, su voto político personal para la esperada Junta Nacional de marzo.

Dos días después Mariana llegaba al aeropuerto y en el counter de Copa le informaban algo que ella ya sabía. Las actividades políticas que efectuaría en la isla habían sido declaradas inadmisibles por el gobierno cubano, ella había declarado con anterioridad, “viajaré de todas maneras”, en conversación con el Canciller (s), el democratacristiano Edgardo Riveros.

Horas más tarde, la flamante candidata a la presidencia, Carolina Goic, caía en un trampa fríamente urdida y calculada al interior de sus propias filas, era arrastrada, sin posibilidad de elegir, a cerrar fila al interior de la Democracia Cristiana frente a una de las más antiguas disputas que tiene la DC con el PC (el ala más a la izquierda de la NM): Cuba. Reflotando toda la vieja discusión política que se arrastra desde la Guerra Fría: Cuba, democracia o dictadura; la DC, golpista o no golpista. Justamente los temas que diferencian y no que unen a la DC con buena parte de la NM. Precisamente lo que Carolina Goic había pedido en su entrevista al declararse presidenciable.

La fría y calculadora mano de Mariana había conseguido su objetivo, no importaba el costo (incluso llevar a Chile y Cuba a un conflicto diplomático), lo importante era: golpear y en lo posible romper la posición política planteada por Carolina Goic en miras a la Junta Nacional.

Mariana se había salido con la suya.


Juan Urra, Licenciado en Sociología y Claudio González, Profesor de Historia y Geografía

Licenciado en Sociología