Si hay un personaje que estás últimas semanas sale hasta en la sopa, ese es Maluma. Colombiano, 23 años recién cumplidos y conocido con justa razón como pretty boy, dirty boy, el cantante de reggaetón se presenta este viernes 24 en el Festival de Viña del Mar en un contexto que no ha estado exento de polémicas. Esto por el contenido de su último single “4 Babys” que, tal como casi todas las letras de reggaetón (más específicamente, de “trap”, género musical al que adscribe el tema), tiene referencias sexuales explícitas y es machista, pese a lo cual sigue ganando admiradoras. Hasta acá, nada nuevo, excepto por una cosa: algunas fans de Maluma además son feministas.

Esto no sería novedoso ni polémico si no existiera un grupo bastante generalizado de hombres que se ha encargado de exaltar este hecho como una más de las pruebas de que “las mujeres son feministas cuando les conviene” o, en el caso de los más generosos, declaran estar actuando en nombre de dicha causa y afirman que entonces las mujeres (feministas o no) que escuchan Maluma, estarían validando el sistema que las mata. O sea, una vez más, la culpa es de las mujeres. Y ahí es cuando esto deja de centrarse en el intérprete de “Borro Cassette”.

¿Es posible ser feminista y que te guste Maluma, ya sea por sus canciones, por su apariencia o, simplemente, disfrutar sin culpa sus canciones en la disco? ¿Es posible ser de izquierda y tener iPhone? Así como sabemos que ninguna persona de izquierda está defendiendo a Apple ni al sistema capitalista por el simple hecho de usar un teléfono celular, ninguna feminista está defendiendo a Maluma ni al sistema patriarcal por el simple hecho de encontrarlo atractivo o escuchar uno de sus temas. El centro del asunto en verdad es otro: si Maluma, por esas casualidades de la vida, quisiera declararse feminista, tendría que seguir los pasos de Café Tacuba y eliminar de su repertorio aquellas canciones machistas. Si eso no pasara, las radios deberían dejar de tocar sus canciones, y los medios dejar de hablar de él. Y si estamos en esa, apunten a todas las bandas y todos los artistas y todos los medios que reproducen el machismo (cosa que las feministas se encargan de hacer notar constantemente, por cierto). Sin embargo, la crítica en cuestión está principalmente orientada hacia las mujeres.

Por lo anterior, esta columna no es para que, una vez más, seamos nosotras quienes demos explicaciones o justificaciones sobre nuestra conducta.

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Me parece apropiado y deseable que temas como éste sean discutidos con el genuino interés de cuestionar nuestras propias prácticas cotidianas a fin de erradicar todo resabio de machismo. Sin embargo, también me parece necesario criticar directamente a quienes se creen con la superioridad moral para tratar de inconsecuentes y hasta de ignorantes a mujeres que, muy probablemente, día a día hacen mucho más para combatir al patriarcado, que lo que cualquiera de ellos podría hacer en toda su vida. De partida, basta con decir que nosotras somos las principales víctimas de dicho sistema, y si ya es difícil vivir con eso, imaginen lo que es luchar contra eso. Bailar hasta abajo o tener fantasías sexuales no anula ninguno de los innumerables esfuerzos por construir un mundo más justo.

Lo que hacen ellos es algo que se conoce como mansplaining, un concepto que -según Wikipedia- se define como “explicar algo a alguien, generalmente un varón a una mujer, de una manera considerada como condescendiente o paternalista”.

¿Existen hombres que sepan de feminismo? Sin duda. ¿Existen hombres que puedan contribuir a la lucha contra el patriarcado? Eso espero, pero aquello dista mucho de creerse con la facultad de decirles a las mujeres qué es lo correcto para ellas y qué no, en un contexto en donde históricamente se han dado cuenta de su condición de subordinación y luchado por su liberación sin la necesidad de una guía masculina.

Y con esto no quiero negar que la letra de “4 Babys” sea machista ni menos que aquello deba naturalizarse (por si alguien a estas alturas sigue creyendo que esto se trata de Maluma), sino que me parece sensato exigir a quienes practican el mansplaining que, si realmente dicen estar a favor de las mujeres y el feminismo, comiencen por la necesaria autocrítica de sus propias acciones y, de paso, dejen de subestimarnos.

Si una mujer, feminista y todo, consciente de las injusticias del patriarcado, de la explotación y cosificación de las mujeres y niñas, decide hacer una concesión en su vida y escuchar la música que sea, aunque tenga contenido machista, no es porque sea ciega o tonta, como sugiere el mansplaining creyendo que hay algo de lo que las feministas no se han enterado y tiene que venir un hombre a explicarles. Cada una tendrá sus motivos. Pero si un hombre que se hace llamar a sí mismo feminista no es capaz de ver en él la persistencia de las costumbres propias de una vida de privilegios otorgados por el patriarcado, probablemente sea una mujer quien tendrá que demostrarle por qué está equivocado (si es que está dispuesto a escuchar).


Secretaria General Fech