Desde una autodeterminada identidad -influjo literario del infrarrealismo-, el escritor anarquista Pepito Tequila (1988) encabeza la primera editorial cartonera de Concepción, Infracción Ediciones. A partir de marzo, el sello independiente sigue expandiendo su campo de acción colaborativo participando en talleres del programa ACTIVA TU PRESENTE CON MEMORIA con los que difunde el potencial de la autoedición junto a las cualidades y técnica artesanal que ofrece el formato cartonero -aún poco explorado en la región del Bío Bío. En la siguiente entrevista, Pepito Tequila repasa el origen, motivaciones y prospectivas de su quehacer editorial.

-Propuesta y modelo editorial. ¿Cómo nace y cuál es la característica de Infracción Ediciones?
-Siendo sincero, nació por casualidad. Antes de fundar la editorial trabajé en cuatro librerías pertenecientes a dos de las grandes cadenas de librerías que hay en el territorio chileno; la Antártica y la Feria Chilena del Libro (ésta última fundada con platas que pasó Pinochet, según tengo entendido). La remuneración que uno obtiene producto de su trabajo no se condice, para nada, con lo que uno hace. Además, los precios de los libros son altos y no precisamente por el IVA, como les conviene hacer creer a las librerías. Uno nota que finalmente es un negocio, como cualquier retail, y que no hay un interés por nada, salvo incrementar el margen de ganancias; lectores, escritores ni literatura, nada parece importar. Eso mata la magia rápidamente, a pesar de que en lugares como la Antártica, que está en el centro de Concepción, el equipo de trabajo sea maravilloso. Uno de los tantos problemas del capitalismo, supongo. Un día llegué al blog de un ilustrador genial llamado Fiestoforo. Allí veo un tutorial donde enseñaba cómo hacer sus propios libros. El mismo día, busco libros de Mario Santiago Papasquiaro, poeta y cofundador del infrarrealismo. Al hacerlo, me entero que tras su muerte se editó un libro llamado Respiración del Laberinto. Lo curioso de este libro es que lo publicó una editorial cartonera de cada país latinoamericano, con un prólogo distinto en cada una.

-Entonces, ¿no conocías el formato cartonero?
-Tras ver los libros e indagar un poco más, me parecieron fascinantes y posibles de hacer. Cansado de la enajenación de mi trabajo e integrando ambos conocimientos recientemente adquiridos, decidí renunciar y levantar la editorial con Emilio Gita, amigo, compañero de letras y uno de los mejores escritores que he leído. Ésta debía cumplir con ciertas características, como la horizontalidad en la organización y el trabajo, ser de bajo costo para las y los lectores, poseer identidad y vinculación local, y ser una editorial que promoviese y difundiese a través de la práctica el ideal anarquista, entre otros. A pesar de eso, no sé si algo caracterice a la editorial respecto de otras editoriales del mismo tipo. En Conce sí es característica, porque es la única editorial cartonera penquista. Creo que la diferencia va más en la persona que hace las portadas y eso, en una persona sin mucho talento, como yo, ha significado un aprendizaje constante. Cada libro ha sido una expresión distinta de mi persona que me ha servido para descubrirme y reconocerme. Eso lo valoran mucho quienes adquieren un libro de Infracción Ediciones.

-Pensamiento crítico. ¿Cuáles son los principales temas que te interesa abordar desde tu mirada editorial?
-Educación, cooperativismo, género, medioambiente, anti-autoritarismo y vínculo local debiesen estar integrados en el quehacer cotidiano de Infracción ediciones. Lamentablemente, mucho de ello continúa siendo para mí una deuda pendiente, a pesar de los más de tres años de existencia de la editorial. Esto, debido a que la mayor parte del tiempo he trabajado solo, no pudiendo desarrollar las dinámicas que permitan hacer carne aquellos temas, como la instrucción y prácticas cooperativistas, por ejemplo.

-En ese sentido, ¿cuál dirías que es tu concepción de trabajo?
-Pienso el trabajo como un espacio político y de transformación social. No es lo mismo trabajar en una empresa privada con una estructura autoritaria, centralista, capitalista, sexista, conductista, a hacerlo en un lugar donde las personas se relacionen en libertad, ganen de acuerdo al fruto de su trabajo, no se compita y nadie ejerza más o menos poder que otra persona. Conversando con gente de diferentes espacios, uno se da cuenta de que son prácticas muy desconocidas y que necesitan no sólo llevarse a cabo, sino que también hace falta difundir las experiencias existentes y fomentarlas para que hayan más. Estamos alienadas y alienados en un modelo que nos enferma a todo nivel, donde ni siquiera tenemos la posibilidad de desarrollarnos como personas. Ante esto, hay que tener espacios de resistencia desde los que se pueda prefigurar la sociedad que se desea. Hay que tener en cuenta que ningún cambio se produce por generación espontánea y son estas instancias las que aportan con un granito de arena en la construcción de una sociedad con un tejido social fuerte, sano y con enfoque biopsicosocial que nos permita relacionarnos en armonía.

-Formato cartonero y mercado del libro. ¿Cuál crees que es el principal aporte que hace ese formato a la producción editorial en Chile?
-En el sentido de la producción editorial, los aportes que tiene el formato cartonero son dos: por un lado, el dar la posibilidad a autores de materializar sus escritos. Se sabe que la industria tradicional del libro es muy pequeña en relación al número de personas que escriben y, por lo mismo, ha debido ser híper selectiva. En eso, hay un montón de escritores con talento que han sido descartados y que hay rescatar. Las editoriales cartoneras les dan la oportunidad, extendiendo el campo de la literatura publicada. Por otro, reeditar libros que llevan muchos años fuera de circulación y que son incesantemente buscados por los lectores salvajes, por los adictos, por los locos.

-Ciudad y participación. ¿Qué opinas sobre la actividad cultural penquista y el vínculo de las personas con ella?
-Antes del golpe de Estado, Concepción era una verdadera capital cultural, pensemos, sino, en los carnavales de primavera o en el histórico TUC (Teatro Universidad de Concepción). Cuando la dictadura se impuso, lo primero que hizo fue cerrar los espacios de expresión y pensamiento crítico, porque permitirlos hubiese sido permitir el cuestionamiento. Desde entonces, Conce no ha vuelto a florecer. Es cierto que de vez en cuando vemos iniciativas como la Revista Mocha, compañías de teatros y una que otra editorial, pero son más excepciones que regla y se remiten a círculos privilegiados. No son instancias populares. Y las instancias populares que hay, carecen de contenido. Hay que apostar a lograr conjugar ambas características, contenido y popularidad. Ésa es la meta. Difícil, por decir lo menos. A pesar de ello, la idea de Concepción como ciudad cultural persiste y eso no es menor, porque da esperanzas. Hay que ver cómo hacer que eso se traduzca en apoyo concreto a los proyectos e iniciativas que existen, que cuando haya una lectura de un escritor local asistan más de 10 o 15 personas, que se valoren los meses de preparación y esfuerzo detrás de cada obra teatral, que el músico toque por algo más que “la oportunidad de difundir su trabajo”.

-Asociatividad. ¿Cómo ves las redes de colaboración entre los exponentes del movimiento cartonero? ¿Existe una acción conjunta en Chile?
-Sí, sobre todo gracias a la labor de Olga. Ella es la más movida y se encarga de la gestión de actividades, de informarnos de proyectos, estar pendiente a todas las noticias que hay sobre editoriales cartoneras y compartirlas. Ella ha generado una red entre las editoriales cartoneras que, si bien yo no he podido participar mucho, ha servido para conocernos y saber en qué está cada una. Una de las claves para la supervivencia y el éxito de proyectos como estos es el generar una red de colaboración y apoyo. No sólo permite que estas instancias se mantengan, sino que además posibilitan el generar lazos y compartir fraternalmente. Otra vez más, se diferencia de ser sólo un negocio y vemos que tiene matices más humanos. La acción humana es la que finalmente permite que, a través de la acción conjunta, las editoriales cartoneras se cimenten en el territorio local y global. Una vez que Infracción Ediciones posea un equipo de trabajo, espero que podamos participar más de ello, y así poder aportar y nutrirnos simultáneamente.

-Durante los últimos meses participaste de diversas instancias ligadas al mundo editorial cartonero. ¿Observas un mayor interés sobre ese conocimiento?
-El interés por las editoriales cartoneras surge en la medida en que las personas saben de su existencia. Sinceramente, no conozco a nadie que las haya conocido y sea indiferente. Pueden incluso ser personas reacias a la lectura, pero les fascina el formato. El trabajo de artesanía realizado en el cartón y el diseño de la portada haciendo uso de distintas técnicas plásticas son cosas que llaman la atención. Es por eso que el mayor o menor grado de interés dependerá casi exclusivamente de que hayan más o menos instancias para que las personas conozcan este tipo de trabajo. Los talleres han sido muy reveladores en este sentido, pues han permitido que personas que desconocían por completo el mundo de las editoriales cartoneras generen un acercamiento bastante significativo, aún cuando -como han reconocido algunas de las personas que han participado- estos talleres no siempre hayan sido su primera opción. Lejos de ser decepcionante, es inspirador ver la inesperada emoción que cobran desde el primer momento.

-¿Cómo ha sido la experiencia e importancia de instalar una reflexión sobre memoria colectiva?
-Ha tenido la importancia de pasar de ser individuos e individuas a ser sujetos y sujetas. ¿Sujetos y sujetas a qué? A un contexto particular que configura parte de nuestra identidad y que puede ser nuestra familia, nuestras amistades, nuestra vecindad o nuestra comunidad. Queda claro que no somos personas que existen de manera aislada en el mundo. Por el contrario, ese contexto está basado en las relaciones que compartimos de manera directa o indirecta con otras personas. Relaciones que pueden darse a través de determinados lugares, momentos y/o personas. Tomar conciencia de ello nos empodera del sentido de lo común y nos lleva a concebir otra sociedad.

-Proyectos y distribución. ¿Qué autores y actividades cartoneras promueves actualmente? 
-Como te comentaba, la mayor parte de estos tres años he trabajado solo. Uno de los inconvenientes de aquello ha sido no poder generar una cantidad de libros para vender, teniendo que dedicarme a hacer libros a pedidos. Sin embargo, cuando la editorial comenzó pensaba en los títulos que editaría, en los autores e, incluso, en tener una colección penquista. Hoy en día hago lo que la lectora o el lector me pida. Por suerte, quienes han querido tener un libro cartonero han sido personas distintas a las que comúnmente van a las librerías. Tienen paradas e intereses distintos, y ello se ha traducido en que muchas veces me pidan libros que a mí me hubiese gustado sacar de todos modos. Como ves, no todas las historias son historias de éxito, pero eso no significa necesariamente que sean de fracaso. Aprecio a todas las personas que me han encargado libros y agradezco que jamás me hayan hecho entrar en un dilema ético, ante el cual no me quedaría otra que rechazar el pedido. Otro de los inconvenientes del trabajo en solitario, es no poder realizar o participar de muchas actividades.