Son muchas las ideas fuerza que circulan entorno a la globalización, el trabajo, las fronteras y la migración, así como de sus ensambles. Por ejemplo, suele repetirse insistentemente que la globalización, en su versión actual, es por principio un proceso homogeneizador y aplanador de las diferencias y que su novedad radica en la financierización de la economía. Que asistimos a una nueva división internacional del trabajo en la que el sur provee de mano de obra flexible y precaria al norte. Que el reforzamiento de muros físicos es el correlato de la pérdida de soberanía estatal y he ahí el motivo de tanta espectacularización y securitización de los controles a la que hemos asistido como testigos privilegiados, en especial, después del 9/11. Que vivimos en la era de la migración y que, en consecuencia, migración y fronteras son un contrasentido en un mundo que promueve como leitmotiv la libertad. En este orden de cosas, se denuncia una suerte de promesa incumplida, pues la liberalización de las fronteras solo se da a nivel financiero, de bienes y de información, pero no a nivel de la migración. Y que, en cualquier caso, sería la migración “calificada” la gran privilegiada de este mundo globalizado… el resto queda oscurecido por el manto de la victimización.

Sin embargo, lo que se desprende de este cuadro son unos marcos políticos y analíticos que intentan reducir la complejidad, el dinamismo y la heterogeneidad propia de las transformaciones de los últimos tiempos. Pero ¿qué nos dice ese redoblamiento de la línea de frontera mediante el muro de las transformaciones de la soberanía? Es un secreto a voces que los muros y los alambrados no contienen ni disuaden la migración, pero ¿por qué la abolición de las fronteras para los individuos es técnicamente imposible? Lo que está aquí en juego excede la cuota de los Estados a decidir sobre su soberanía, es decir, sobre quién entra o no a su territorio y en qué circunstancias. Si, por el contrario, la migración y las fronteras están directamente vinculadas con la formación de los mercados laborales, ¿qué afectaciones precisas tiene este encadenamiento para la llamada migración calificada? En un momento en el que los ensambles del poder son cada vez más complejos ¿qué capacidad de maniobra tienen los mal llamados migrantes “ilegales”?

Todos estos cuestionamientos lo que exhiben es una multiplicación de dinámicas y una proliferación de fronteras que no pueden ser abordadas desde marcos convencionales. Pues, ¿cómo dar cuenta de las zonas grises, las porosidades, la fragmentación que constituyen estos ensamblajes? ¿Cómo hacerse cargo de las tensiones, los conflictos, las ambigüedades y las líneas difusas? Sin duda, los ejes aquí planteados: fronteras, migración, trabajo y ciudadanía requieren de una nueva grilla de inteligibilidad. Y es esta precisamente la propuesta desplegada en La frontera como método o la multiplicación del trabajo, libro de Sandro Mezzadra y Brett Nielson traducido al español recientemente por la editorial Tinta Limón (2016). La frontera como método busca precisamente tensionar todos los lugares comunes mencionados al inicio y propone nuevos operadores teórico-conceptuales para diagnosticar e indagar en el presente, sin abandonar, por supuesto, el trabajo cartográfico que un análisis de esta envergadura exige. De hecho, el título ya provee dos de ellos.

 

El primero, la frontera como método, dice relación con suspender la centralidad dada a la figura del muro y de la lógica binara inclusión-exclusión que de ella se desprende. Los autores proponen, en cambio, analizar las formas de inclusión diferencial a la que la proliferación de las fronteras de las últimas décadas han dado lugar. Es más, parten de la premisa de que la frontera es el centro de la experiencia contemporánea y ello implica estar atentos a la diversidad de problemas que las fronteras (geográficas, espaciales, sociales, lingüísticas, temporales, jurídicas, etc.) producen, pero también a las luchas que posibilitan. El otro, tiene que ver con la multiplicidad de formas de trabajos producida por el marco global y la financierización de la economía. Si bien, los autores proveen un sinnúmero de ejemplos provenientes de distintas latitudes, es necesario indagar en este punto ¿qué tipo de fronteras operan en Chile?, ¿qué formas de trabajo responden a las dinámicas globales? ¿cuál es la modulación de esas problemáticas para este país? En suma, la frontera como método es una propuesta que desafía aquellos marcos duales (inclusión/exclusión, norte/sur, migración calificada/migración no calificada, legal/ilegal, ciudadano/extranjero) que aún operan en los análisis y políticas contemporáneas.

Sandro Mezzadra y Brett Nielson
La frontera como método o la multiplicación del trabajo
Buenos Aires: Tinta Limón, 2016
509 páginas


Doctora en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile, Colectivo Communes