Seguramente usted no se acuerda de mí. Nos conocimos en Renca el año 2014, en el potrero que por aquel entonces hacía las veces de estadio Municipal. Venía usted con su séquito de campaña en busca de la foto de rigor con los niños pobres del distrito. Yo, por mi parte, las oficiaba de improvisado monitor de fútbol de las infantiles de mi club de barrio, el Defensor Illanes de Renca, el club de la población donde nací.

Recuerdo perfectamente el episodio. Se le veía seguro, atento y sonriente con los niños; pero por sobre todo, muy amable y cercano con el presidente de nuestro club, un muchacho de población con muy buenas intenciones, siempre atento a las oportunidades para sacar de la precariedad a nuestros niños, buscándolas allí donde fuere necesario, un joven de esos que por fortuna aún abundan en nuestros barrios. No se crea. No por otro motivo le fueron abiertas las puertas de nuestra casa.

Pero yo a usted lo conocía, yo sí sabía quién era, y a pesar del contexto, no pude resistir la tentación de preguntarle frente a los niños y frente a nuestro presidente, lo que todo el mundo sabe, su relación con la corrupción. Recuerdo su cara deformarse. Recuerdo el rostro de su periodista palidecer bajo las luces de un recinto que apenas iluminaba el rodar accidentado de los balones. Pero es usted un hombre experimentado, y rápidamente retomó el control de sus sensaciones. Subir el nivel del habla y culpar a los subordinados es siempre una táctica segura, después de todo, que sabe un niño de 11 años de Becas Valech, del MOP-GATE, de inferiores jerárquicos y extralimitación en el ejercicio de potestades públicas.

Pero usted a mí no logró engañarme, no en vano mis padres se partieron el lomo para enviarme a la Universidad, y durante aquel 2014, mientras intentaba hacer algo por los niños de mi barrio a través de fútbol, al mismo tiempo me preparaba para rendir mi examen de grado para licenciarme en Derecho. Menciono esto, sólo para que sepa usted que en las villas y poblaciones marginadas de Santiago y de todo Chile, hay mucho más que un humilde reservorio de caras sucias alegres en sus canchas polvorientas, hay mucho más que procesiones dominicales a la feria local, y sobre todo, hay mucho más que una masa de votos con los que mantiene usted sus privilegios.

Están señor Farcas, las madres que se levantan a las 5 de la mañana para llevar a sus recién nacidos al consultorio. Están señor Farcas, los trabajadores que a esa misma hora se levantan para llegar a su lugar de trabajo por culpa de un sistema de transporte que impuso su coalición de gobierno, ese mismo sistema del que usted desconoce el valor un pasaje. Están señor Farcas, los abuelos que viven en la miseria de la pensión básica solidaria, por culpa de un sistema de pensiones que reparte miseria para la mayoría y opulencia para los dueños de las AFPs. Y están señor Farcas, los estudiantes que van a las precarias escuela municipales que su coalición se niega a reformar, y están también los universitarios endeudados que estudian por la “gracia” del CAE que sus amigos en el poder nos impusieron. Como ve señor Farcas, en los barrios, en las villas y en las poblaciones, no sólo están los despojados, estamos también los herederos de los despojados.

No sólo consiguió usted la fotografía, consiguió también el escaño en el Congreso, el mismo escaño por el cual usted recibe un salario 40 veces superior al mínimo por hacer leyes en favor de una minoría, el mismo escaño desde el cual usted le niega educación gratuita y de calidad a los niños del Defensor Illanes (sí, los mismos de la fotografía), el mismo escaño desde el cual usted le niega un sistema de transporte decente a nuestros padres, el mismo escaño desde el cual usted le niega a nuestros enfermos un sistema de salud público digno, el mismo escaño desde el cual usted le niega a nuestros abuelos un sistema solidario de pensiones.

Pero créame que lo entiendo señor Farcas, de verdad lo entiendo, pues es normal que usted desconozca el valor de un pasaje de metro, del mismo modo en que desconoce el presente de los niños del Defensor Illanes; y es normal porque cuando se vive tan alejado de la realidad de sus votantes, cuando se vive con chofer a la puerta y una dieta de 6 millones mensuales, las prioridades y necesidades sociales dejan de tener sentido, pues a usted ninguna de esas necesidades le afecta.

Amparado en sus privilegios, no necesita usted salud pública, pues puede pagarse una clínica. No necesita usted seguridad social, pues seguramente  invirtiendo una pequeña parte de sus ahorros, podrá tener usted una renta “reguleque” tras su retiro. Y no necesita usted educación pública y gratuita, pues puede pagar a sus hijos el mejor colegio privado, y el arancel universitario no será problema.

Como ve señor Farcas el problema no es que usted sea objeto de acusaciones por corrupción, el problema no son la Becas Valech, ni el MOP-GATE, y el problema tampoco es que usted siquiera se sonroje al desconocer el valor de una pasaje del metro. El problema señor Farcas es que están ustedes demasiado cómodos en el poder, normalizando el hecho de que quienes viven en una opulencia vergonzante les niegan derechos sociales a quienes apenas llegan a fin de mes. He ahí a la verdadera corrupción, la corrupción institucionalizada de unos pocos privilegiados que quita y niega derechos a la mayoría de los ciudadanos que necesita de instituciones públicas para un buen vivir. He ahí por qué la corrupción no es sólo un asunto de sin vergüenzas y delincuentes; he ahí por qué  la corrupción se ha transformado en vuestra forma de gobierno.