Es un miércoles repleto de actividades en la agenda del senador y precandidato a la presidencia Manuel José Ossandón (RN). En un Nissan X-Trail blanco prestado -su Volvo estaba en el taller- recibe a El Desconcierto: “¿Podemos hacer la entrevista en el auto o prefieres ir a un café?”. Son treinta minutos de trayecto en auto de Puente Alto hasta el centro de Santiago en los que el presidenciable reitera que ganará a Sebastián Piñera, porque lo siente en la calle.

Enfrentará las primarias el próximo 2 de julio para no ser “el ME-O de la derecha, el que quiebra”. No le preocupan las encuestas ni las predicciones. Su receta para el éxito: “decir siempre la verdad”, algo no muy instalado en la política y que -asegura- podría llevarlo “de vuelta a la casa”. Pero este escenario ahora ni siquiera pasa por su mente, ni como remota posibilidad. Ossandón disputa la candidatura por Chile Vamos y, a pesar de no contar con el apoyo de las elites políticas de su conglomerado, por lo que no parece demasiado preocupado, asegura convencidísimo de que será la gente quien lo llevará a las presidenciales.

En entrevista con Canal 13 usted dijo que está “seguro” que va a ganar. ¿Cómo lo hará sin el apoyo de la cúpula de Chile Vamos, que proclamaron a Sebastián Piñera como su candidato? ¿Qué electorado lo va a llevar a usted?
A mí me va a apoyar la gente. Voy a ganar. Hay datos empíricos y concretos. Los que estuvieron bailando y celebrando en un tremendo acto que hizo Piñera, que era un acto cerrado, sin atreverse a salir a la calle, no son capaces de juntar las firmas –sin notario- para tener un partido político. Yo junté en dos meses y medio 40 mil firmas ante notario.
Las izquierdas y las derechas en Chile se cayeron. Son sólo cúpulas y pequeñas elites que quieren mantener sus estatus quo. El 80 por ciento de los chilenos no está ni ahí con izquierdas y derechas. Mire lo que pasó en Valparaíso: el único personaje que no salía en las encuestas ganó.

¿Por qué lo dejan solo en este momento tan crucial? En entrevista a El Mercurio, el vicepresidente de su partido dijo que usted ha perdido su “capital político”.
Porque digo lo que no me parece. Yo he pegado para todos lados. Los programas de la derecha hablan siempre de la delincuencia pero nunca de la delincuencia de cuello y corbata. Te robái una cartera y tienes que irte preso, pero te robái un millón de dólares y pagái una multa. ¡No pue’! Este hueón tiene que irse preso también. Estoy dispuesto a seguir perdiendo mi capital político si eso es ir con mis convicciones.

Con sus 40 mil firmas, ¿por qué decidió ir a primarias en vez de pasar directamente a primera vuelta? ¿Qué obtiene presentándose a primarias, si las pierde?
No estoy negociando nada. Voy a unas primarias y voy a cumplir con la ley. Si pierdo, voy a apoyar a quien gane pero sólo en las cosas que yo comparta. No voy a apoyar a un presidente en un programa que disminuya la gratuidad, o que se dedique a defender el negocio de las AFP. Si soy presidente, voy a proponer la regulación de las utilidades de las AFP. Y también me atreveré a hacer que este cinco por ciento que van a subir de las imposiciones lo administre una entidad pública como el Instituto de Previsión Social. ¿Por qué no podemos tener un sistema mixto?
Si voy por fuera me transformaría en el ME-O de la derecha, en el que quiebra. Entonces prefiero competir en cualquier cancha, porque voy a ganar. Ellos me quisieran por fuera para poder decir que soy el que destruyó a la derecha.

“En Chile Vamos hay dos derechas”

¿Cómo define su discurso de derecha?
Es un discurso que cree en una economía social de mercado y en el libre mercado de verdad, sin colusiones, castigando los abusos y con un Estado que sea suficiente y que regule, que le dé autonomía a las instituciones fiscalizadoras, que no dependan del Presidente de la República. Creo en la solidaridad, el desarrollo personal y la meritocracia, pero con una responsabilidad de la sociedad.

¿Me está diciendo que en la relación Sociedad-Estado-Mercado, el Estado tendría que tener más peso?
Creo que tendría que haber un Estado con facultades reguladoras fuertes pero autónomas, que es distinto al pituteo político que le gusta tanto a la Nueva Mayoría y a la derecha.

¿Considera que este discurso es contrario al que propone Sebastián Piñera, siendo que usted bebe de su misma familia ideológica?
Absolutamente. En Chile Vamos hay dos derechas: una que cree que la educación es un bien de consumo y otra que cree que es un derecho. Gente que cree que todo tiene que basarse por el mérito y yo creo que el mérito es importante siempre y cuando todos tengamos las herramientas porque no se puede poner a competir a gente que no tiene herramientas.
La mayoría de la gente que se siente de centro-derecha o derecha está con mi discurso: la solidaridad y el crecimiento económico con paz social. Porque si uno se va a los barrios altos, los estándares son mejores que en Europa, pero si va a la población de Pedro Aguirre Cerda, parece África. Es mucha la desigualdad.

Se hace extraño escuchar a un candidato de derecha ocupando el discurso de clase.
Más que de clase, es de oportunidades. Vamos a devolver la dignidad a las personas y esto no es lucha de clases, eso es justicia social y tiene una base muy espiritual.

Ley de Probidad y fin al CAE, pilares de campaña

Uno de los temas de su campaña es la probidad. Habló en varias ocasiones de instalar nuevas medidas. ¿Cómo se concretarían?
La muerte pública de cualquier persona que tenga algún acto de corrupción, ni multas ni suspensiones. Aquí, compadre, el que está en un acto de corrupción, nunca más trabaja para el Estado. Potenciar con fuerza la Contraloría General, dándole atribuciones y dinero. Nunca más en este país habrán instituciones que se manden solas, incluido Carabineros, porque un grupo de desgraciados está minando su prestigio de más de 200 años. Hay que ser durísimo contra la corrupción y separar los negocios y la política. Eso es lo que ha cagado a Chile.

Otra de sus propuestas es terminar con el CAE. ¿Cómo lo hará para conseguir eso último, con el negocio financiero que hay detrás?
Necesitamos a un presidente o a una presidenta que tenga la fuerza para atreverse a acabar con el poder financiero de los bancos. Tendremos que hacer un cambio para que, por último, estos créditos lo dé el Estado, que tiene herramientas para cobrar y la factibilidad de no ahogar a una persona en el crédito.
Hay mucha plata malgastada en este país. Hay que priorizar. No puede ser que Las Condes tenga 100 mil millones de inversión y La Pintana, con las mismas características, tenga 300. Y después quieren que la gente no tenga odio.

¿Qué rescataría del gobierno de Piñera? ¿Qué fue lo peor?
El desarrollo económico y el posnatal de seis meses. Lo peor fue como enfrentaron el tema de la educación y la desconexión de la realidad de Chile. Nunca quisieron reconocer que había otro Chile distinto al que muestran para afuera.

La mirada al Frente Amplio

¿Qué piensa del proceso del Frente Amplio? ¿Cree que puede disputar espacios a la Nueva Mayoría?
Va a ser relevante, pero creo que tiene dos caras. Por una parte, fueron capaces de mostrar muchas realidades pero, por otra, creo que se equivocan en las soluciones. Quieren que el Estado solucione todo, que si subes más impuestos, caen más billetes, y no. Yo fui a Cuba, estuve con el comandante, lo conozco, y así es todo muy fácil.

Pero el Frente Amplio no pretende instalar un gobierno “a la cubana”.
No, pero creen que el Estado soluciona todo. Hay que tener políticas que se mezclen con lo privado porque quien mueve al país somos las personas, no el Estado. El Frente Amplio tiene el diagnóstico correcto pero no la solución. Son un poco ingenuos.

¿Qué candidato le parece que tiene más posibilidades de hacer una disputa real (Beatriz Sánchez, Mayol, quizás si llega Mesina)?
Beatriz Sánchez mucho más, porque habla muy bien y tiene mucha credibilidad. Y le va a robar mucho a la Nueva Mayoría. A Guillier lo hace zumbar. Pero no lo gana. Creo que es una estrategia parlamentaria muy inteligente. Beatriz Sánchez va a acarrear a montones de diputados y a lo mejor a algunos senadores. Ella está siendo súper generosa en eso.

Feminismo, aborto e Iglesia

¿Qué propuestas tiene para las mujeres y su agenda de derechos? En las líneas básicas de su programa habla de promover un “cambio cultural”. ¿En qué se basa?
Es muy difícil hacer un cambio cultural. Habrá que proponer varias leyes y medidas. Las mujeres tienen algo que a veces no valoran, que es lo más sagrado: la maternidad. ¿Por qué no puedes ser madre y trabajar? ¿Por qué tienen que salir a las cinco y después estar hasta las doce con el cabro chico y al día siguiente volver a la pega? Hay mujeres que a lo mejor no quieren ser madres, pero otras sí. Tienen que poder conciliar su vida familiar y laboral.
Creo que esa idea de que somos iguales, no es así. Tenemos los mismos derechos, pero no somos iguales. Por ejemplo, yo tengo ocho hijos y en la mañana soy el que se levanta temprano, hago el desayuno a todos y hago mi cama todos los días. Eso tiene que ver con los roles, que son súper importantes.

Si usted conoce el Chile de la calle sabrá que el proyecto de ley de aborto, que usted rechaza, es de los más apoyados por la ciudadanía.
Mis principios no van por las encuestas y demandas, van por lo que pienso y creo. Las mujeres tienen todo el derecho con su cuerpo, pero no con el de su hijo. Aunque pierda los votos, no estoy de acuerdo en aprobar ningún tipo de aborto. Otra cosa es que yo respete a las personas y no las voy a tratar de ‘asesinas’. Si hay una ley, yo la voy a respetar, también si salgo presidente, pero mi convicción es que ahí hay vida. Como me encantaría matar al violador y no puedo, menos voy a matar a una criatura que no se puede defender.
Se les vende a las mujeres que tienen un derecho y no lo es. Porque una mamá podría decir ‘voy a eliminar a este de cinco años que come mucho para tener este otro que solo toma pecho, y me sale más barato’. No, esto no pasa por elegir.

Pero el proyecto de ley no obliga a abortar, sólo despenaliza el aborto para aquellas mujeres que lo desean y que se encuentran bajo las tres causales. Y permitiría que una mujer que, por razones evidentes, no quiere tener al hijo producto de su violación, no estuviera obligada a parirlo o a abortar ilegalmente.
Es que no es un producto, ahí está la diferencia. Si yo tengo la convicción que ahí hay un ser humano, en la guata, también tengo la convicción que hay otro ser humano que ha hecho estas cosas pero a ese no lo tocan. ¿Por qué le respetan la vida a ese?

¿Se arrepiente de haber defendido a Karadima?
Pedí disculpas públicas por haber sido imprudente, porque me había equivocado. Yo jamás vi nada. Juan Carlos Cruz [querellante del caso] me invitaba a las reuniones y nunca vi nada. Pero cuando me di cuenta que era cierto, pedí disculpas. Actué de buena fe, no estaba defendiendo a un pedófilo, estaba defendiendo a un cura que creía que era buena persona y se lo querían cagar.

Usted también había depositado una confianza en él.
No, si yo no tenía mucha relación con él.

Bueno, él ofició su matrimonio.
Él me casó pero no porque fuera amigo mío sino porque el cura que me iba a casar a mí, un amigo del colegio, aplicó lo mismo que un coronel y un teniente, y le dijo a Karadima ‘pase usted primero’. Entonces terminó presidiendo la misa el viejo.