Recientemente Alberto Mayol y Beatriz Sánchez, ella en su calidad de periodista y él como precandidato, han publicado fuertes cuestionamientos y opiniones condenatorias del régimen cubano, de la figura de Fidel y sobre la sociedad cubana, los que obligan a la reflexión.

Siempre importa desde qué referencias se piensa el problema del poder en una sociedad. En este caso, incapaces de explicar el proceso político cubano desde fuera de los marcos del consenso liberal y del reduccionismo de los medios, ambos comunicadores han concordado –con distinta intensidad- en que el pueblo cubano sufre una tiranía. Esto basado en que las cosas no se ajustan al actual canon occidental, y chileno, de pluripartidismo electoral y la llamada libertad de prensa. No lo mencionan para hacer una deconstrucción y valoración propia del concepto “dictadura”  o por lo menos una descripción suficiente. Tampoco han puesto en cuestión si el paradigma político opuesto legitimado por las élites –democracia- es en realidad un andamiaje de dominio. Quizá no se lo plantean ellos mismos. Desechan también el mínimo de analizar el proceso y la realidad cubana en relación con su adversario.

Una derivada siempre implícita es que a las dictaduras hay que combatirlas. Por eso la perfecta dictadura mundial de EE.UU y su guerra económica a la isla no son jamás puestas seriamente en los medios y en esta ocasión tampoco. Así, un criminal bloqueo comercial y económico norteamericano (con su agregado militar, bacteriológico, comunicacional, etc) condenado por el mundo y nacido en tiempos de nuestros padres o abuelos, simplemente no hace parte de la realidad, no explica nada, naturalizándose al punto que aparece como consecuencia o parte del paquete “dictadura cubana”, y en términos prácticos, pareciera estar bien.

No sé qué nociones tendrán Beatriz Sánchez o Alberto Mayol sobre la autoexigencia de sus opiniones como referentes de una fuerza de cambio. Pero eso no desintegra la necesidad de ser profundos, rigurosos y veraces para analizar y juzgar lo que no se conoce. Lo que encontramos en cambio en estas declaraciones es liviandad, mediocridad y desprecio por la historia. Con tanta sociología y tanta empiria en torno a los conceptos “dictadura” y “democracia”, donde cada uno solo puede ser discutido cabalmente en relación a su opuesto, se opta por explotar una idea de democracia sin parámetro, sin contexto inmediato, tal como lo hacen hace casi sesenta años los ingenieros de las campañas contra Cuba.

Como siempre, se omite que ha sido en medio de la asfixia internacional que la Revolución cubana ha sido capaz de construir un régimen de participación popular amplia a la vez que obligatoriamente cauteloso de la política de su agresor. En las elecciones cubanas participa el 95% del Electorado, el Partido Comunista no puede presentar candidatos. El Presidente para ser elegido tiene que ser electo diputado, es un sistema semi-parlamentario (el parlamento elige al jefe de gobierno), muy similar al modelo Ingles, a quien nadie llama Dictadura.

Han sido a contrapelo de los dueños del mundo sus logros incomparables para Chile y América Latina en todo orden y el que al mismo tiempo, para nuestra sorpresa, haya logrado constituirse en República, perdurando como una nación más soberana que sus hermanas y más solidaria que la imaginación de sus detractores mejor intencionados.  Ha sido también bajo ese ataque -que en Chile no se reconoce ni dimensiona- que ha sobrevivido. Ninguna inteligencia política honesta puede obviar un análisis integral de Cuba, incluyente de Estados Unidos y nuestro hemisferio, antes de balbucear una evaluación política de ese proceso.

Por contraste, ya sea reivindicando el PS “renovado” o callando el injerencismo de la DC Mariana Aylwin, estas miradas hacia Cuba robustecen en los hechos la infame idea oficial respecto de la sociedad chilena y sus límites hoy, al aliviar la decadencia moral de una forma de democracia –la liberal- cuyo verdadero éxito es someter a amplios segmentos sociales robándoles energías de toda una vida en tratar de desmontar los abusos del Estado; ese que junto a la gran empresa privada origina todo lo que nos tiene hasta el cuello. Una vez más se manosea el empate sin sentido con Cuba – ese mismo que inspira a la Nueva Mayoría al querer diferenciarse de sus financistas de derecha-  mientras cada vez más personas se preguntan: ¿Qué ha resuelto esta “Democracia” -que niega a Cuba- con su pantomima de libertades y derechos? Esta que empezó el siglo XXI cuestionada por laboriosos contingentes humanos en Grecia, Francia, Marruecos, Brasil, EE.UU y donde quiera que se mire. ¿Qué ha hecho en Chile esa blanda palabra sino endulzar por 27 años el negocio de largo plazo de la Dictadura? ¿Qué promesa le queda por hacer hoy para disimular una catástrofe socioambiental provocada a conciencia? ¿Qué le puede ofrecer a nuestros jóvenes, a nuestros hijos?

No ha habido democracia para las mayorías en el neoliberalismo capitalista chileno. La posibilidad de ser periodistas críticos o precandidatos no limpia la esencia de la trampa en la que nos hemos visto obligados a desarrollar nuestra acción política; esa que nos exige construir múltiples formas de rebeldía y transformación. Para una fuerza que ya se lanza a proclamar candidaturas es clave darle precisión al sentido de la refundación que pretende encarnar, uno que no es precisamente mejorar o salvar “La  política”  o la “democracia” liberal, sino superarlas históricamente derribándolas y levantando otras desde el nuevo poder que empujamos dentro y fuera del Estado.

Tampoco debería movernos el levantar liderazgos políticos contemplativos que no provienen ni se vertebran en el seno y en la práctica de esas luchas. La presencia mediática y el cálculo electoral sin siembra colectiva solo las despotenciará. A ese proceso constructivo se deben los expertos en las distintas áreas. A su vez, el Frente Amplio no puede amanecer comprando una teoría política socialdemócrata sin asidero y funcional por décadas a las estrategias de desintegración de lo social. Menos permitirnos derivar por descuido en una nueva Concertación reversionada o despercudida de sus peores prácticas, ya que nuestra tarea histórica es mucho más profunda y opuesta a la naturaleza real de ese proyecto.  

Cada pueblo construye su camino y debemos aprender a mirar a los otros conscientes de los obstáculos que cada uno tiene al frente. En Chile uno de los centrales es esta mal llamada Democracia que ha protegido y hecho ricos a los responsables de cada uno de nuestros desastres, llámense mala memoria, incendios y sequía o pensiones de vejez. En Cuba por lo pronto, la historia camina por las calles y les ayuda a mirarse por dentro para seguir emancipando. Cuba -dice un amigo- donde no existen AFP, porque es el pueblo quien gobierna.


Dirigente del Partido Igualdad