El problema de fondo es que la crisis política actual, tiene relación con una desigualdad monstruosa que nos retrotrae a principio del siglo pasado. Esta crisis tiene responsables, están en la derecha y la Nueva Mayoría. Desde el regreso a la democracia, hace 27 años, estas dos coaliciones han gobernado de manera sostenida, gracias a un sistema que les permitió marginar cualquier otra expresión política que no se inscribiera en alguna de ellas. Mediante ese sistema les fue posible extorsionar y ahogar cualquier posibilidad de cambio estructural en estas dos últimas décadas.

A la derecha se le permitió apropiarse de todo, en especial de la banca y a través de ella de las empresas públicas, de los servicios, de la pesca, de la minería, de los bosques, del agua, de la tierra. Se hicieron controladores y dueños de las “administradoras de los fondos de pensiones” y  de las “instituciones de salud previsional”. Se apropiaron de los medios de producción y de la privatización de la educación y concentraron los medios de difusión. En síntesis tomaron el control del país.

En este juego de apropiación y latrocinio, no cabe duda que fueron ingeniosos. Antes era común escuchar que hecha la ley se planificaba el delito, pero descubrieron que eran mejor planificar el delito y luego hacerlo ley. Así, no dejaron nada sin tocar. Todo muy correcto, todo muy “dentro de la legalidad vigente”.

La NM por su parte, olvidando la dignidad con que Chile recuperó la democracia, administró tal situación por conveniencia en un formidable ejercicio de deslealtad. Allí radica su fracaso y su crisis terminal, porque los partidos que conforman esa coalición,  sufrieron una derrota ideológica formidable al relegar sus cuestiones fundacionales básicas al olvido, buscando pragmáticamente su ubicación en un régimen  que pertenece a la derecha y no a ellos.

Dicho crudamente la NM, se encuentran de rodillas ante un poder económico que no controlan y que ayudaron a fortalecer. Por ello este conglomerado, por lo demás ineficaz, no ha tenido, no tiene, ni tendrá la voluntad de modificar en su raíz una Constitución que permite tales condiciones, porque en definitiva son parte de él.  Eso explica su negación para una Asamblea Constituyente transformándola en un “proceso” que obedece  a la misma estructura actual.

Lo impúdico, es que ambos sectores pretendan justificar y prolongar un sistema político sumiso y cómplice a esta corrupción institucionalizada. Están incapacitados para comprender que ya no se puede construir nada sobre los restos de un sistema que está muerto en el corazón de la gente e intentan continuar inútilmente en lo mismo. Definitivamente no están en condiciones de generar futuro porque son parte y cómplices de un pasado que falseó la democracia hasta el límite.

Hoy escandalosamente se quejan por la aparición de un referente que pone en cuestión este sistema político y social que ellos establecieron, que han sostenido y del que han usufructuado sin medida alguna y  que se encuentra en estado de descomposición general. Arguyen nerviosos y perturbados que la lucha es entre la NM y la derecha, como si la mayoría de los chilenos no existieran, sin entender que para esa mayoría los que han dejado de existir son ellos.

Les enoja y no pueden aceptar, que haya surgido una nueva generación que viene a discutir y a sostener con firmeza lo que no se quiere ya más en nuestra sociedad. Por ello es que sus representantes están lanzados a denostar con ofuscación el que haya aparecido una nueva fuerza, un Frente Amplio destinado a recuperar los derechos y bienes arrebatados a todos los chilenos.

Ha quedado develada esta serpiente de dos cabezas, que succiona todos los nutrientes de nuestra sociedad y que está enroscada en la raíz de nuestra institucionalidad. Ella es la que inyecta en nuestro árbol político y social, en sus troncos y ramas, el veneno que se expresa en corrupción, en delincuencia, drogadicción, alcoholismo, discriminación y violencia en todas sus formas, produciendo un sin sentido político, personal y social, como nunca antes en nuestra historia.

Mientras ese árbol se seca irremisiblemente, el Frente Amplio es una semilla distinta que recién germina y hay quienes estamos dispuestos a cuidarla hasta que sus frutos alcancen para todos y no para unos pocos. ¿Es difícil de entender algo tan sencillo como esto?


Vicepresidente Partido Humanista