El año 2015 inaugura un ciclo de iniciativas en el campo de la salud mental que valoran el saber y la experiencia de la comunidad en la comprensión de esta temática. Si bien en nuestro país ha aumentado el acceso a la atención de la salud mental en los espacios institucionales, persisten brechas significativas que se expresan en la mayor cobertura y financiamiento para hospitales psiquiátricos y psicofármacos en comparación a intervenciones psicosociales y comunitarias. Este enfoque centrado en lo biomédico, ha determinado graves deficiencias en la calidad de la atención y el respeto de los derechos humanos en el campo de la salud, realidad que ha sido denunciada por diversos colectivos y organizaciones sociales que conforman un nuevo movimiento social en Chile.

 En los últimos años, han aumentado las licencias laborales por motivos de salud mental en la población chilena. Este indicador da cuenta que las condiciones de trabajo afectan el bienestar de las personas en su entorno cotidiano. Si bien el malestar y el sufrimiento subjetivo poseen un origen social, desde el modelo psiquiátrico se individualizan y se traducen a un problema cerebral, promoviendo el aumento del consumo de psicofármacos. Cuando los psicofármacos se presentan como la respuesta a los problemas de la vida, la población en general, ansiosa en la búsqueda de una solución rápida, incorpora la medicalización de sus dificultades subjetivas, en un contexto donde no se presentan mayores opciones ni alternativas. En este contexto cabe preguntarse ¿Bajo qué condiciones los psicofármacos han comenzado a formar parte de nuestra vida cotidiana?, ¿Los fármacos psiquiátricos son la mejor respuesta para abordar nuestros problemas subjetivos?

 Estas preguntas formaron parte de la problematización crítica del Encuentro “Alternativas en salud mental: más allá de los psicofármacos” realizado el 27 de mayo del 2016 en la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales. Este Encuentro tuvo por finalidad promover la defensa del derecho a no consumir o discontinuar el uso drogas psiquiátricas y vivir una vida libre de ellas si las personas así lo desean, cuestionando el modelo de salud mental actual centrado en la prescripción masiva de estos medicamentos. Del mismo modo, el Encuentro tuvo por objetivo reconocer a las personas que se han atendido en los servicios de salud mental como expertas por experiencia, dando importancia a sus vivencias personales, la construcción de significados y la búsqueda de su bienestar, más allá de los fármacos psiquiátricos. De esta manera, se generó una instancia de diálogo entre experiencias individuales y comunitarias que, desde una perspectiva de derechos, han dado sentido a prácticas alternativas en el campo de la salud mental.

Esta iniciativa dio un nuevo impulso al movimiento para visibilizar el uso de prácticas abusivas en el campo de la salud mental como es el electroshock, actualmente conocido como Terapia Electroconvulsiva (TEC). Este procedimiento psiquiátrico consiste en la aplicación de electrodos en la cabeza con el objetivo de traspasar suficiente electricidad al cerebro para producir una convulsión generalizada, representando un procedimiento severamente invasivo con efectos dañinos en el cerebro. Para visibilizar el uso de esta práctica, durante junio, el colectivo Autogestión Libre-mente convocó a una Jornada de protesta contra el electroshock, dando continuidad a la primera manifestación contra este procedimiento psiquiátrico realizada en nuestro país el 16 de Mayo del 2015, manifestación convocada a nivel internacional por agrupaciones de sobrevivientes de la psiquiatría en homenaje al activista Leonard Roy Frank quien falleció ese año y dedicó  gran parte de su vida a luchar contra los abusos psiquiátricos.

Con posterioridad, el 10 de agosto se realizó el conversatorio “Tratamiento de electroshock en psiquiatría: ¿Prohibición o regulación?” en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, en el marco de la Cátedra Libre Franco Basaglia, espacio en el que confluyeron perspectivas éticas y científicas con un posicionamiento crítico hacia el uso del electroshock, más aún los testimonios de los sobrevivientes que han visto trágicamente arruinadas sus vidas a causa de la electrocución de sus cerebros. Estas actividades, en el espacio público y universitario, buscaban dar a conocer a la ciudadanía que el electroshock es una práctica dañina y perjudicial que atenta contra el bienestar integral de las personas.

Pero el electroshock es tan sólo una arista de los abusos cotidianos de la psiquiatría en nuestra sociedad.  El fallecimiento de Lissette Villa al interior de un centro del SENAME (Servicio Nacional de Menores) en abril del 2016 permitió visibilizar ante la opinión pública el uso masivo de drogas psiquiátricas en los espacios de residencia y cuidado de menores de edad a cargo del Estado. A su vez, el uso de psicofármacos en la infancia, tiene su reflejo en prácticas que sin mayores cuestionamientos se han vuelto más cercanas y cotidianas: el consumo de metilfenidato en niños y niñas en los espacios educativos. En este contexto, nace la campaña por una niñez libre de drogas psiquiátricas con el objetivo de problematizar el uso de psicofármacos en los espacios institucionales en que se desarrolla la infancia, y a su vez, construir alternativas a la medicalización de la niñez, comprendido la importancia del lugar de los niños, niñas y adolescentes en la sociedad actual como actores sociales y sujetos de derecho.

En el marco de esta campaña, desde la Cátedra Libre Franco Basaglia se organizaron dos conversatorios, el 28 de septiembre en el Liceo Experimental Manuel de Salas se celebró el primero titulado “¿Desatentos e inquietos? La niñez en la escuela, alternativas a la medicalización” con la finalidad de problematizar el uso de la etiqueta del Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH) y el consumo de fármacos psiquiátricos en el contexto escolar. En el conversatorio, se comprendió que estas prácticas han sido la respuesta individual a los problemas comunes del sistema educativo y la vida familiar, alternativa que no ha permitido cuestionar la necesidad de generar prácticas educativas y de crianza diferentes en relación a una niñez distinta.

A su vez, el segundo conversatorio denominado “Vidas olvidadas. Psicofármacos en contextos de niñez institucionalizada” se realizó el 29 de septiembre en la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales y tuvo por finalidad problematizar los limitados mecanismos de regulación del uso de psicofármacos en la infancia, lo que facilita el uso de prácticas de medicación psiquiátrica con fines de control conductual en niños y niñas en situación de vulnerabilidad social y en condiciones de institucionalización. En este sentido, el conversatorio permitió generar una discusión colectiva sobre las condiciones sociales que promueven y legitiman el uso de drogas psiquiátricas en la niñez popular y las infancias diferentes.

Más adelante, el 10 de octubre, día mundial de la salud mental, fue la fecha elegida para denunciar la plena vigencia de los hospitales psiquiátricos en nuestro país. Espacios institucionales que atentan contra los derechos humanos, en los que permanecen personas en condiciones de encierro por carecer de apoyos para vivir en la comunidad. Los datos oficiales señalan que el Estado gasta más del doble en hospitales psiquiátricos que alternativas de vivienda en la comunidad y en los últimos años, todas las instituciones psiquiátricas monovalentes de la red pública de salud han mantenido, en términos relativos, su cobertura y financiamiento. Contra esta realidad que naturaliza la existencia de espacios de institucionalización, bajo la consigna Abajo los muros del manicomio” nace la importancia de comprender que la clausura de los hospitales psiquiátricos y la ampliación de los derechos de ciudadanía a las personas internas que han sido injustamente postergadas, constituye una lucha política por hacer más sustancial y real la democracia. Una apuesta plenamente realizable, que implica llevar adelante un proceso colectivo con amplia participación de la ciudadanía, promoviendo un debate público sobre la necesidad de construir una sociedad sin manicomios.

Luego, el 12 de noviembre se realizó el “1° Festival de Arte, Salud mental y Derechos Humanos” en dependencias de la Universidad de Santiago, organizado por el colectivo Autogestión Libre-mente. Esta actividad estuvo organizada desde, por y para las personas que han vivido la experiencia de la locura, en sus diversas formas y manifestaciones. La iniciativa fue un espacio de convergencia de personas comprometidas en el desarrollo de expresiones artísticas y miradas alternativas en salud mental, basadas en el reconocimiento de las diferencias interpersonales, en un marco de igualdad, diversidad y resguardo de los derechos humanos. El Festival contó con la participación de personas de diferentes ciudades del país, desde Iquique a Puerto Montt, quienes fueron invitadas con los recursos reunidos en los Encuentros organizados anteriormente (el de mayo y el Encuentro Nacional de Trabajadoras de la Salud mental realizado el 2015). El objetivo del Festival estuvo centrado en visibilizar el arte como una herramienta de acceso a las sensibilidades particulares, conocimientos situados y experiencias de vida en relación a la locura, rescatando la importancia de crear vínculos comunitarios para promover el derecho al delirio creativo para transformar la sociedad.

Finalmente, para cerrar el año 2016, el 17 de diciembre se realizó la Segunda Marcha del Orgullo Loco. Desde las 10 de la mañana en Plaza Italia, se convocó a esta iniciativa con la finalidad de otorgar un sentido positivo a la palabra “locura” a través de la reivindicación de una identidad colectiva y manifestar en el espacio público la defensa de los derechos de ciudadanía en el campo de la salud mental. Esta marcha, que se desarrolla desde el 2015 en nuestro país, conmemora el legado histórico de colectivos de “ex pacientes” o “sobrevivientes de la psiquiatría” que surgen a principios de la década de los 70 y que a mediados de los años 90 iniciaron en Canadá la celebración del “Mad Pride” [Orgullo loco]. Desde esa fecha, el día del “Orgullo loco” se ha extendido a diversos países, en base a la defensa del derecho a ser diferente, recuperando la palabra “locura” para liberarla de sus connotaciones negativas. Así, el movimiento del “Orgullo loco” implica valorar como algo distintivo y positivo el hecho de ser, estar y volverse loco o loca, subvirtiendo el sentido de una etiqueta que originalmente dañaba, a través de la reivindicación de una identidad y cultura “loca”.

¿Qué locuras le depara este año al movimiento? Se ha iniciado el desarrollo de un curso de formación denominado “Salud mental y ciudadanía: Herramientas prácticas para el ejercicio de derechos”, con una Escuela de Verano en Santiago y una segunda versión de Otoño, el sábado 8 de abril en Viña del Mar. A su vez, el colectivo Autogestión Libre-mente en el marco del Día Internacional de la Mujer, ha comenzado a visibilizar que “No es lo mismo ser loca que loco”, enriqueciendo la mirada crítica hacia los abusos de la psiquiatría desde una perspectiva feminista. Por otra parte, para mayo, se espera realizar el “II Encuentro Nacional de Trabajadora(es) de la Salud mental: Crear desde la comunidad” con la visita de Alan Robinson, director y escritor argentino, activista por el derecho a la locura, autor de los libros “Actuar como loco” y “La ley de la locura”. Con los recursos reunidos en este II Encuentro, el segundo semestre se ha pensado organizar una Segunda versión del “Festival de Arte, Salud mental y Derechos Humanos” para finalmente, cerrar el año con una tercera Marcha del “Orgullo Loco”.

Este 2017, la locura continúa.


Frente de Salud, Movimiento Autonomista