Es la tarde del jueves y vengo llegando a mi casa luego del trabajo. Ha sido un día entero de estar mascullando y rumiando la amargura, la impotencia y la incertidumbre. Apenas me he acordado de que anoche perdimos 0-2 con Corinthians. Poco me ha importado la verdad. Mis preocupaciones de todo el día han pasado por saber cómo y dónde están mis amigos que estuvieron en el Arena Corinthians. Y es que la noche del miércoles, tras el partido, me decían que uno de ellos podía estar entre los heridos de consideración por los incidentes con la policía de Sao Paulo. En las primeras horas de la mañana me lo confirman. Está herido, tiene 15 puntos en la cabeza y por lo pronto no hay cómo lograr que vuelva a Chile.

Más que un camarada, es como mi hermano. Llevo años compartiendo la lucha por volver a ser un club y la cancha con él. Y me desespera saber que, así como mi amigo, hay otros tantos detenidos, heridos e incomunicados.

Tengo una rabia tremenda. Rabia por lo ocurrido y por la cantidad de burradas que se han escrito y dicho al respecto. Ya la noche anterior me dolía ver cómo gente de la U, que asumo sabe cómo es ir a un estadio, es decir: con el permanente acoso y asedio de las fuerzas policiales, festinaban con la masacre que vivieron nuestros camaradas. Risas y memes por montón. Frases que ya no olvidaré. “Si andas rompiendo un estadio o causando destrozos, te lo mereces”, “se lo buscaron” y “les pasa por simios”, alcancé a leer por ahí. Eso me duele, porque se supone que es gente que entiende algo de estas situaciones y además son camaradas, pero lo de la prensa ha sido antológico. Algo que no puedo dejar pasar.

La prensa siempre ha elegido de manera consciente y sistemática estigmatizar a los hinchas. Siempre ha buscado retratarlo como un ser irreflexivo, irracional, desprovisto de inteligencia emocional y, por sobre todo, violento. Siempre que ocurren hechos como los del miércoles, los medios se hacen un festín. Y en el caso de los periodistas más connotados, es clásico verlos rasgar vestiduras, condenar la violencia y clamar por la paz en el fútbol. Eso ha sido siempre.

Jamás, en mis 25 años de hincha, he visto a algún medio destacando las cosas positivas que hacen las barras y las hinchadas. Las casas que los hinchas de la U construyeron en el sector del Rodelillo tras los incendios de 2014 en Valparaíso, jamás aparecieron en TV o algún portal de noticias. Las toneladas de alimentos y ropa que recolectamos y repartimos en Atacama en 2015 tras los aluviones que afectaron a localidades como Chañaral, Los Loros, Diego de Almagro, etc, jamás aparecieron. La repartición de alimento y bebidas calientes a la gente en situación de calle que hacen algunos grupos durante el invierno, jamás ha aparecido. O sin ir más lejos: los camiones de ayuda que se reunieron para la gente afectada por los incendios en el sur, no salió en la prensa.

Sin embargo, cuando ocurren incidentes, las salas de redacción de los medios hierven para mostrar a los “desadaptados”, a los “delincuentes”, con trilladísimos e insidiosos titulares. Son los primeros en reforzar esa imagen del hincha como un “mono”. Así lo han elegido hacer desde siempre. Siempre han querido mostrar solo lo malo, nunca lo bueno, por las razones que sea.

Esas omisiones molestan, pero enfurece cuando aquello que la prensa muestra no solo se queda en la falta de rigurosidad periodística, sino que derechamente cae en lo tendencioso y en la mala clase. Para el recuerdo quedará el titular de El Dínamo en que, además de mostrar una información parcelada y tendenciosa, derechamente se burla de la U y su gente, disfrazándolo de crítica. Una perla.

¿Será realmente tan difícil recoger algunos testimonios para indagar cómo ocurrieron los hechos? ¿Qué tanto cuesta conversar con alguno de los que estuvo ahí para saber mejor?

Desde Chile se ha festinado y se ha juzgado a la hinchada de Universidad de Chile sin tener un carajo de idea de cómo fueron las cosas. Siempre pasa, pero ahora me molesta particularmente porque hay gente muy estimada por mi, a la que conozco desde años y sé que es incapaz de violentar a alguien más, que fue apaleada en la cabeza, pateada y pisoteada. Hubo mujeres y niños a los que se les pegó indiscriminadamente. Hubo violación de derechos fundamentales, pero nada de eso interesó. Solo importó dejar mal una vez mal al hincha. Ni siquiera se dieron el trabajo de investigar.

Y es que fueron los efectivos del Batallón de Choque de la Policía Militar de Brasil los que comenzaron a azuzar y acosar a los hinchas de la U, incluso desde mucho antes del partido. Ya antes del ingreso se había visto un excesivo celo y agresividad hacia los azules. Al ingresar, la hinchada ya estaba enardecida. Luego se produjo la detención arbitraria e incomprensible (supuestamente por encender bengalas) de un hincha en el sector de expendios de alimentos del estadio, lo que produjo que un grupo de hinchas intentara intervenir, lo que a su vez provocó el primer enfrentamiento. Cuando la hinchada quiso volver a la galería, fueron los hinchas de Corinthians los que comenzaron a provocar y lanzar proyectiles hacia el sector de la U. El caldo de cultivo perfecto para que los nuestros respondieran devolviendo proyectiles, tras lo cual vino la brutal y desproporcionada acción policial con las consecuencias que ya todos sabemos. Pero la prensa local ha dicho hasta el cansancio que la hinchada de la U generó destrozos, cuando solo respondió a una agresión.

Aquí es cuando el lector piensa que quien escribe quiere justificar lo injustificable y defender lo indefendible. Pues sepa que no. No me interesa defender la violencia, pero sí busco explicarla. Solo digo que casi en la totalidad de los partidos no ocurre incidentes, pero cuando ocurre un hecho de violencia en el que se ven involucrados hinchas, éste suele ser en respuesta a otro hecho de violencia anterior, muchas veces propiciado por las fuerzas de orden público. En Chile lo he visto con mis propios ojos. ¿El desastre en el estadio de Talca en julio de 2015? Todos hablaron de las butacas volando por los aires, pero nunca se dijo nada de cómo la policía nos apaleó en la previa y de los accesos inhumanos que tuvimos ese día. Situaciones como esta, en ámbitos ajenos al fútbol, como son las marchas, también he visto decenas de veces.

Violencia como repuesta a la violencia. Pero ¿con qué se queda el grueso de los medios nacionales? Con la acción del puñado ya estigmatizado y cuyo estigma le interesa hacer más profundo, porque es más sencillo, porque vende más y genera más clicks. Porque ayuda a perpetuar el círculo de violencia del que la prensa ha usufructuado una y mil veces.

Y es ese cinismo el que verdaderamente me enferma. Cuántas veces vi a tipos como Guarello, Sepúlveda o Solabarrieta rasgando vestiduras, horrorizados por algún hecho de violencia, solo para, minutos más tarde, presentar con una sonrisa casi burlesca la nota sobre los dimes y diretes entre tal ídolo albo y cual estandarte azul. Cuantas veces no vi esa nota fecal donde presentaban sin asco los “Johnny Herrara en picada contra…”, o “Gonzalo Fierro dispara contra…”. Les fascina generar violencia a través de la selección minuciosa de esos aspectos del fútbol que puedan enfrentar a la gente entre sí. Eso también enardece a la gente. Le dice que está bien ser parte de la antagonización y ver al otro como enemigo. Y luego, cuando hay enfrentamientos entre hinchas en las calles, los tratan de simios.

En otras palabras: desde el comienzo, la prensa ha venido siendo parte del problema, pero se ha intentado mostrar como parte de la solución. ¡Y qué asco me da eso! Por eso me repugnan titulares como los que plagaron los portales de prensa hoy.

Por otra parte, la violencia en el fútbol no se combate condenando hechos y estigmatizando a los hinchas. Tampoco se acaba con más represión o aumentado medidas de seguridad y sanciones. O puede que en las estadísticas se refleje como un menor índice de hechos de violencia, pero el germen seguirá ahí. Y seguirá ahí por una razón muy sencilla: nuestra sociedad es violenta. Es un mito a estas alturas ya molesto el que el fútbol genera violencia. Para nada. El fútbol solo tiene la extraordinaria propiedad de mostrarnos a nuestra sociedad tal cual es: sumamente violenta. Es cuestión de ver cómo la violencia se inmiscuye en todos los ámbitos: el sistema de salud, el de educación, el de pensiones, el trasporte público, la planificación urbana, el trato a la mujer y un interminable etcétera.

Esta sociedad es violenta porque la desigualdad y falta de equidad generan disconformidad y marginalidad. Aquellos que han sido hechos a un lado por la maquinaria del sistema, difícilmente sentirán algún tipo de apego por las normas de una estructura social a la que no sienten pertenecer. Ahí es donde surgen los así llamados “simios”, personas que no son más que producto de la violencia intrínseca de nuestra sociedad y que no tienen problemas para reventar un paradero, porque ese paradero no es parte de su mundo. Y el mundo del fútbol, con un arraigo en las clases sociales más desfavorecidas, las clases del lado más bajo de la balanza de la desigualdad, está llena de esas personas. Y luego, con una facilidad pasmosa, viene un medio cualquiera a tratar de “desadaptado” a hinchas que se vieron envueltos en un hecho violento propiciado por fuerzas de represión. Así de fácil.

Lo ocurrido con la hinchada de la U nos solo ha sido terrible para cientos de hinchas que vivieron la provocación y la brutalidad policial, sino que además ha demostrado lo peor de la prensa chilena: la falta de rigurosidad, la animosidad y el cinismo.

No será la última vez que veamos algo así. Y es muy probable que los medios actúen igual cuando vuelva a ocurrir. Solo es de esperar que la opinión pública no sea tan incauta.


Presidente Asociación Hinchas Azules