“Así que eres de Panamá”, pregunta el chico. Preparo el discurso. El mismo copy paste desde hace años, siempre listo. Sólo tiene que preguntar. Tres palabras. Siempre son tres palabras: “¿Por qué Chile?”. Pero se desvía espectacularmente. Pega un derechazo admirable que me deja aturdido: “…así que Panamá es la puta de los Estados Unidos, ¿no?”.

No, no es un borracho de esos que se te enganchan en el centro a las 3 de la mañana, perdido en delirios de la Unidad Popular. Es un director audiovisual. Tenía a R2-D2 pegado en el notebook. Era de los míos. Eso era lo que me dolía. La respuesta no era novedad.

“No, si tu himno es el de los gringos”. “Tu eres colombiano… ¿No lo eres?… Filo, misma hueá”. “Mono culiao”.

A ver, ¿dónde queda Panamá? ¿Cuál es nuestro idioma? ¿Qué países conforman Centroamérica? Son preguntas democratizadoras. Al final, izquierda o derecha, alarma cuántas personas no saben responderlas. Me siento obligado a decir algo cuando me afirman que mi país es una puta pero no saben ubicarlo en el mapa, me preguntan cuál es su idioma, o dicen que Colombia y Venezuela son Centroamérica. No compadre, no son Centroamérica, intente de nuevo. Desde que vivo acá cada vez que escucho acerca de Latinoamérica, creen que es de Colombia para abajo. Hasta en la izquierda latinoamericanista. ¿Cómo puedo sentirme aludido cuando excluyes una mitad del continente? ¿Cómo puedo creerte si te permites esa ignorancia? ¿Cómo no acordarme del estereotipo gringo que te gusta criticar? Así como ellos meten a cualquier hispano en la bolsa de mexicano tú metes en la bolsa de país bananero a cualquiera de Ecuador para arriba.

Ah, pero Latinoamérica unida.

¿Y dónde quedó Latinoamerica unida para gritar por la ley migratoria que quedó en nada en el Congreso? Porque da lo mismo que, así como estamos, la PDI todavía puede bloquearle la entrada al inmigrante porque no le gusta su mirada. O da lo mismo que en sólo tres meses, un inmigrante tiene que mamarse el pinponeo de “necesitas una visa para sacar un contrato, pero necesitas un contrato para sacar una visa” so pena de quedar ilegal. Porque parece más importante seguir mirándose al ombligo (como critican a los gringos de hacerlo) y aficionarse por enumerar los primeros puestos a los que pertenece Chile: Los mejores de América pero los peores en igualdad pero los más machistas pero los más felices de Sudamérica pero los más depresivos del mundo y dale y dale.

No hablo desde ningún pedestal. Ni siquiera un peldaño. En mi país hace unos meses se congregó una marcha repudiando la inmigración, ignorando de lleno la rica ascendencia cultural que tenemos por detrás. Y eso tomando en cuenta que casi ni tenemos marchas. Por otro lado, Chile tiene una ciudadanía consciente: Miles y miles que, por otro lado, salen a reclamar por educación e igualdad. Ahora Chile somos más. Somos ecuatorianos, haitianos, colombianos, venezolanos, panameños y el etcétera se pierde. Podemos aportar, sólo tienen que preguntar.


Director audiovisual, fotógrafo y escritor