Los primeros fueron a caballo y por orden del Rey. Los censos llegaron de hecho a Chile en la época colonial, cuando la Corona española quería saber cuántos súbditos y cuánta riqueza tenía a su haber. La operación, como suele ocurrir con todas las burocracias, perduró cuando el país conquistó su independencia.

De hecho, Chile fue uno de las pocas naciones latinoamericanos que realizó desde su nacimiento censos de población. Las autoridades creyeron que de ello dependía organizar adecuadamente al Estado, lo mismo que plantean hoy

Pero en un país, donde pocos sabían leer y escribir, aquellos primeros censos enfrentaron diversas dificultades, incluida la resistencia de parte de la población a ser censada.

El primer censo del Chile independiente se ejecutó al final en 1813, aunque un año antes hubo un empadronamiento efectuado por el obispado de Concepción en su diócesis.

Pese a que el registro de 1813 no contabilizó a la población de Concepción y Santiago, se consideró válido en cuanto a los datos arrojados para las demás provincias.

Como curiosidad, el censo de 1825 reveló que en Chile sólo habían 152 escuelas primarias y que sus alumnos no eran más de dos mil personas.

En ese contexto, sólo en 1835 se llevó a cabo el primer censo auténticamente nacional. Se contabilizaron 1.103.036 habitantes. En 1843, según el censo de ese año, la población chilena sumó extrañamente 1.083.701 habitantes. Supuestamente, éramos menos.

El presidente Manuel Bulnes fue quien creó la Oficina Central de Estadística y la Ley de Censos en esos años. Es decir, la Iglesia católica fue separada paulatinamente del control de esta información considerada clave para el Estado. Tradicionalmente era ésta confesión religiosa la que llevaba el registro de población, a través de las partidas de bautismo, matrimonio y defunción.

A partir de 1865 los censos comenzaron a realizarse cada diez años y fue en el último cuarto del siglo XIX aparecieron por primera vez las mujeres profesionales en los censos. Eloisa Díaz obtuvo el título de Médico-Cirujano; en 1886.  Le siguieron Ernestina Pérez en 1887 y Eva Quezada en 1894, entre otras. Matilde Troupp obtuvo el título de abogado en el año 1890.

Además en 1881 fueron registrados por primera vez unos 200.

Durante el siglo XX, los censos comenzaron a ser realizados en un mismo día. También incluyeron peguntas más diversas, como la religión, el nivel educacional o las condiciones de las  viviendas.

Sin embargo, la crisis económica atrasó el censo de 1905 para 1907, el cual abarcó por primera vez a Tacna, por entonces una ciudad chilena. Ese año se contabilizó que 129.666 mujeres trabajaban modistas y costureras.

Algunos datos curiosos de la primera mitad del siglo XX fueron que en el año 1920 hubo 24.932 matrimonios y sólo 75 nulidades llegaban a 75. En esos años, la esperanza de vida al nacer era solamente de 30 años.

La creación  del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en 1970 otorgó a este organismo la responsabilidad de efectuar los censos. En 1982 fueron utilizados por primera vez computadores y lectores ópticos para la sistematización de los cuadernillos usados por los censistas.

Todo siguió más o menos estable hasta 2012, cuando fue realizado el “mejor censo de la historia”, según el presidente Sebastián Piñera.