Mi mamá lo conoció a fines de los 60. Es decir, se conocieron en Parral. Ambos estaban en la nocturna. Luego de eso se dejaron de ver por un buen tiempo. Luego, ya en Santiago se vieron un par de veces más. Él estudiaba en la escuela de carabineros y mi mamá había llegado a estudiar Maquillaje y Peluquería en la Universidad Popular Fermín Vivaceta, en el centro. Un día mi mamá pasó fuera de la guardia de la escuela de carabinero en Providencia. Se reconocieron de inmediato como Parralinos. Hablaron un par de minutos. Él le contó que la comida era mala y poca, que eso lo tenía mal; que los trataban como animales, pero era parte de la “enseñanza”, pero que él quería aguatar. Mi mamá le preguntó qué día estaba de guardia para traerle algo de comer. El respondió que le gustaba mucho los sándwiches de pollo y que estaba ahí todos los martes. En esa época, mi mamá vivía en un departamento interno en Manuel Montt, donde mi tía Eulalia era la ama de casa. Era una familia de un embajador ya jubilado que le gustaba la comida de campo y mi tía era una experta cocinera. Le llevaba el orden de las cosas, manejaba al resto del personal. Mi mamá vivía ahí. En la única casa que conocía donde podías andar por cualquier lugar sin toparse con nadie en todo el día. Mi mamá era un fantasma en ese lugar. Ella salía a caminar. Tomaba Manuel Montt, Pedro de Valdivia, Irarrázaval, bajaba hasta el centro. Caminaba todo el día. Por lo mismo, no le era difícil llegar hasta la escuela de Carabinero y llevarle el sándwich al Paco Hinojosa. Ahí, él le contó que su apodo ahora era el Perro. El Perro Hinojosa. Se comía su sándwich, chupaba con alma campesina los huesos, y se tomaba una Sprite. Así, por casi un año, los martes en la tarde. Se puede decir que se hicieron amigos.

Mi mamá decidió volver a Parral. Había reprobado todas las asignaturas.

Después de eso, mi mamá participó en una película Checoslovaca que se filmó en Parral. Mi abuelo era del Partido Nacional y no le gustaba para nada esas cosas. Pero no ser revolucionario en esa ápoca era no ser joven y eso mi mamá y todos “los hippies” de Arrau Méndez lo sabían. En la película, ella hizo el papel de una guerrillera. Le enseñaron a usar un fusil, pero ella les tenía miedo a las armas. Luego, conocería a mi papá, quien a los 18 años había organizado casi solo una “toma de terreno” en un sitio baldío. Al lugar lo bautizaron como la 21 de noviembre. Todavía existe, todavía se llama así. Ninguna calle lleva el nombre de mi padre.

El 05 de octubre, cuando detuvieron a mi papá, mi mamá fue a la comisaría de Parral. Los Pacos habían arrasado con mi familia. A mi abuela la detuvieron porque su restaurante se llamaba “Cuba Libre”. Después se dieron cuenta que se refería al ron con Coca Cola. Mi abuela rebautizó al local como “Las Perdices”. Otros tíos fueron torturados; otro, llevado al exilio. Cuando llegaron a mi casa, dicen que por un “soplo de un vecino”, que hasta el día de hoy es vecino y que es Demócrata Cristiano. Antes habían rodeado la casa, tiraron puertas y ventanas. Mi papá estaba cebando un mate. Era tarde, después de las 21 horas. Le habían advertido que irían por él, pero no quiso huir. ¿Para qué? ¿dónde? Dejarnos solo frente al abismo.  Yo apenas tenía 1 años y mi mamá estaba embarazada de mi hermano, quien lleva el nombre de mi padre.  Mi papá les pidió un par de minutos. Entró a mi pieza. Una pieza grande, de adobe. Casa antigua. Se despidió de mí, dicen que me sostuvo en brazos y me dio un beso.

Apenas llegó mi mamá a la comisaria se encontró con su viejo amigo, el Paco Hinojosa, de guardia. Dicen que estaba más gordo. Aun le apodaban el Perro, había tenido un hijo a quien le decían el Choper. Mi mamá llevaba una vianda con comida para mi papá. Le preguntó si lo había visto, que se llamaba Luis Enrique Cofré, le decía el Rucio. Pero el Paco Hinojosa hizo como no lo conocía y él la echó del lugar. Su capitán le preguntó si sabía quién era mi madre, él respondió que nunca la había visto. Mi mamá dejó la vianda por si acaso y una muda de camisas. Años después, un señor que había estado detenido ese mismo día, pero por robo, le contó a mi mamá que había visto a mi papá y que el Paco Hinojosa estaba de guardia.

La última vez que mi mamá lo vio fue un par de años después, cuando me fue a buscar a la escuela. Estábamos en la puerta a punto de irnos y ahí llegó el Paco Hinojosa. Se bajó de la “Juanita” que en esa época eran mitad negra y mitad blanca. Preguntó por el director, el Sr. Celis. El director, que en ese momento se marchaba junto a su hijo, no escuchó que lo buscaban. Ya estaba viejo. El Paco Hinojosa se paró en medio de la calle y le gritó, pistola en mano: “Quédate quieto conchetumadre o te mato”. El Sr. Celis lo miró sin saber qué hacer. No entendía nada. Se lo llevaron detenido y su hijo se quedó llorando en la calle.

El Paco Hinojosa murió hace años, nunca declaró por ningún caso y como muchos de ellos, murió de viejo, en la Plaza de Armas de Parral, alimentando palomas. En diciembre pasado, un domingo, encontraron huesos bajo la comisaría que tanto cuidaba el Paco Hinojosa. Cabe decir que la comisaría cayó con el terremoto del 2010 y ahora, al parecer la iban a reconstruir. Dicen que eran huesos. ¿serán los restos de comida que las madres llevaron a sus hijos en esos días? ¿Serán huesos de pollos? ¿se habrá comido el Paco Hinojosa los restos de la comida que mi mamá le llevó a mi papá?

Según la Fiscalía, solo eran huesos de animales.


Escritor y guionista. Docente en Universidad de Chile y Academia de Humanismo Cristiano