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Debates y Combates 21.04.2017

El caso Rincón y la candidatura de Carolina Goic

Paulina Morales Aguilera

Doctora en Filosofía

La Democracia Cristiana, y en particular la diputada y candidata presidencial Carolina Goic, le deben una explicación al país. Este dictamen es una vergüenza para Chile. Es una burla para las miles de víctimas de violencia de género. Es también una señal de incompetencia y de complicidad para con hechos inaceptables.

/ Agencia Uno

Simplemente una amonestación. Eso es lo que le ha costado al diputado Ricardo Rincón González la brutal paliza propinada a su ex pareja, Carolina Hidalgo, en 2002, y acreditada mediante una sentencia judicial que lo consideró culpable de violencia intrafamiliar en aquella época. Sin embargo, su partido, la Democracia Cristiana, ha decidido sólo amonestarlo por escrito. Se trata de una sanción claramente insuficiente, tanto en términos éticos como políticos. Porque, después de todo, ¿qué es esto de amonestarlo? Frente a la gravedad de los hechos, esta especie de llamada de atención no es más que una salida indigna e irrelevante -algo tipo comunicación al apoderado- que refleja la cobardía de la dirigencia del partido para dar una señal inequívoca en estos temas, tanto hacia su propia militancia como hacia la ciudadanía en general.

O sea, recapitulando: 1) Rincón es condenado por un tribunal de la República como autor de violencia intrafamiliar; 2) Es además derivado a terapia psicológica como parte de la sentencia; 3) Niega los hechos, no muestra arrepentimiento, no pide disculpas, no acata el fallo ni asiste a terapia; 4) Su partido, tras meses de deliberación, decide sólo amonestarlo. Y si se continúa esta recapitulación en unos pocos meses, quizá debamos agregar: 5) Su partido lo apoya y presenta a la reelección como diputado. ¿Será demasiado suspicaz y descabellado visualizar como punto 6) Se reintegra sonriente a la Comisión de Familia del Parlamento? No hay efecto ejemplificador alguno. No logro imaginar a otros militantes DC en situaciones similares preocupados ante la posibilidad de ser amonestados. Al contrario, sienta un precedente deplorable sin más: si se trata de un militante con suficientes redes de poder, como en este caso, se puede saltar la ley, desconocer los fallos judiciales e ignorar los llamados y cuestionamientos de su propio partido o de quién sea. Puede hacer lo que le dé la gana.

Conozco este caso porque fui uno de los testigos que declaró ante el Tribunal Supremo de la Democracia Cristiana, por la parte querellante, en razón de mi participación como creadora de una campaña ciudadana en la plataforma internacional Change.org, pidiendo la expulsión del diputado Rincón de su partido y la pérdida de su escaño parlamentario (los detalles se encuentran en este link). Por esto, siendo justa, excluyo de responsabilidades a los dieciséis jóvenes y dignos militantes DC que presentaron el requerimiento ante el Tribunal Supremo de su propio partido, avergonzados por la conducta de su camarada. Lamentablemente, ellos son el mejor reflejo de que la ética en política pesa hoy poco menos que nada.

Ahora, desde un prisma meramente estratégico, lo sucedido deja a Carolina Goic y su candidatura presidencial en una posición más que incómoda y con múltiples flancos abiertos. Desde una mirada ética, queda en total entredicho en términos de la gestión de este caso y de las posibilidades de aunar práctica y discurso. Después de todo, ¿en qué se ha traducido concretamente el rechazo que ha manifestado hacia la conducta de su camarada? ¿Y qué hará ahora, una vez conocido el fallo? ¿Nos dirá simplemente que hay que respetar los conductos e instancias partidarias? Y frente a futuros casos de similar tenor, ¿también se lavará las manos?

Políticamente, su liderazgo queda seriamente dañado y cuestionado. Ganaron militantes más poderosos, aún tratándose de un caso tan repudiable como este. Claramente, no podemos ser ingenuos al respecto, el peso político de los Rincón es infinitamente mayor que el de Goic y su círculo, que en estos días intentó inútilmente hacer control de daños.

Pero más grave aún, ahora conocido el dictamen del Tribunal Supremo de la DC, es que incluso llega a poner en duda los hechos de violencia, cuestionando la veracidad y la validez tanto del relato de la propia víctima como de la sentencia judicial que acreditó lo ocurrido. O sea, ¿la Democracia Cristiana también desconoce el fallo? ¿Cómo puede este partido dar la razón a Rincón y ubicarse así, en connivencia con éste, por sobre la ley? Esto es gravísimo. Se trata de un partido de innegable relevancia en la historia de Chile desde buena parte del pasado siglo. Se trata de un partido que aspira nuevamente a gobernar el país.

La Democracia Cristiana, y en particular la diputada y candidata presidencial Carolina Goic, le deben una explicación al país. Este dictamen es una vergüenza para Chile. Es una burla para las miles de víctimas de violencia de género. Es también una señal de incompetencia y de complicidad para con hechos inaceptables. No se puede olvidar que la agresión sucedió en 2002. Durante catorce años este partido ocultó los hechos y permitió a Rincón ser parlamentario. Este mismo partido estimó que Ricardo Rincón era un buen representante para los ciudadanos de su distrito. Es más, conociendo los hechos, lo consideró idóneo para integrar ¡la Comisión de Familia de la Cámara de Diputados!…

En conclusión, con este fallo la Democracia Cristiana nos informa al menos cuatro cosas. Primero, que después de todo la violencia de género no es tan terrible, no seamos exagerados. Segundo, que la gravedad de los hechos y su consiguiente valoración depende del peso del acusado o condenado; seamos realistas, no todos pesamos lo mismo. Tercero, naturalmente, no todos somos iguales ante la ley; no querer reconocer esto es seguir viviendo en el mundo de las utopías juveniles. Cuarto y final, que tras la ejemplar gestión de este caso, la DC se encuentra en perfectas condiciones ético-morales y políticas para gobernar a Chile. Juzgue cada uno.

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