La Marcha mundial por la Ciencia encuentra a los científicos chilenos en un escenario difícil. La reciente renuncia de tres miembros del consejo que administra el principal fondo para investigación (Fondecyt), acusando pérdida de canales de comunicación con la dirección de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt), muestra que la situación es más compleja que lo que dejan ver los problemas de gestión. En Conicyt hay dificultades para consensuar soluciones a los grandes problemas de planificación que afectan a la ciencia en nuestro país: inserción de nuevos investigadores, precariedad laboral, infraestructura y falta de un plan nacional de desarrollo científico y tecnológico.

A nuestro sistema de producción de conocimiento se le ha diagnosticado reiteradamente una crisis estructural. Desde el mundo político, la bancada parlamentaria “Comisión Desafíos del Futuro”, liderada por el senador Guido Girardi (PPD) y compuesta por Carolina Goic (DC), Alfonso de Urresti (PS), Francisco Chahuán (RN) y Juan Antonio Coloma (UDI), ha puesto el foco en la escasez de recursos y en la falta de un Ministerio que supuestamente organizaría mejor el financiamiento y sería capaz de articular el trabajo de los investigadores en un plan de desarrollo de la sociedad.

Desde la sociedad, por su parte, representada principalmente por los propios investigadores e investigadoras y agentes interesados en los aspectos económicos de la innovación científica y tecnológica, se comparte que la falta de presupuesto es una restricción para lograr que el trabajo de investigación se posicione como un factor de desarrollo social. Sin embargo, la creación de un Ministerio aún genera mucha discusión. Algunas controversias que emergen en torno a esta demanda tienen que ver con la desconfianza de que un nuevo Ministerio herede el modelo de financiamiento actual y con temores de aumento de burocracia y restricciones sobre la curiosidad científica.

Desde las fuerzas transformadoras hemos insistido en que un ministerio no resuelve por decreto los problemas de nuestro sistema de producción de conocimiento. Incluso, hemos sostenido que avanzar en la dirección propuesta por la derecha y el progresismo neoliberal, sin cuestionar el modelo de financiamiento, sólo agudizará las falencias. Precarización laboral, desconexión entre lo que investigamos y la sociedad, condiciones de quiebra en nuestros lugares de trabajo, no son simplemente expresiones de pobreza y mala gestión, sino que son el reflejo de un modelo neoliberal de financiamiento. Una prueba de esto es que los recursos disponibles han ido en aumento sostenido durante los últimos 35 años, pero no parecen apuntar a la solución de estos problemas.

El caso del mismo Fondecyt es un claro ejemplo de las lógicas neoliberales impuestas en el sistema de producción de conocimiento y puede ser relacionado causalmente con los problemas que entorpecen nuestro trabajo. Este programa fue creado el año ‘81, como parte de las reformas de la dictadura cívico-militar y su proyecto de mercantilización de la Educación Superior. Su modelo de financiamiento relaciona directamente y mediante la competencia individual a los investigadores con Conicyt, desvinculando del proceso de investigación a las instituciones que los albergan. Bajo este modelo pierden las universidades públicas en las que se produce la mayor parte de la investigación del país, cuya participación institucional en el proceso queda seriamente reducida.

Fondecyt, como instrumento central de repartición del financiamiento para la investigación en Chile, está detrás de la precariedad del trabajo científico. La mayor parte del financiamiento para personal de apoyo a la investigación se obtiene vía Fondecyt, es decir, bajo un modelo que ignora a las instituciones donde el trabajo de investigación está ocurriendo. Esto significa que el dinero para financiar la conformación de equipos de trabajo queda en manos de los propios investigadores, quienes obviamente no tienen la potestad de firmar un contrato formal. Todo esto genera un mercado laboral al margen de la ley, bajo condiciones de flexibilidad realmente inaceptables.

Junto a la estabilidad laboral y capacitación constante de los equipos de investigación, la ciencia y la tecnología necesitan de infraestructura adecuada para su desarrollo. Las universidades públicas requieren un modelo de financiamiento que les permita disponer de recursos para proyectar de manera ordenada la modernización de sus instalaciones y  programas de investigación. En este sentido, Fondecyt representa un modelo obsoleto de flujo de recursos sobre los que las instituciones no tienen ningún control. La única forma de mejorar la infraestructura para la investigación es permitiendo que las instituciones administren recursos para este propósito.

Estas lógicas sin centralidad institucional también están detrás de la desconexión entre la investigación y la sociedad. Si bien es cierto existen intentos de forzar este vínculo desde arriba, creando concursos en torno a áreas prioritarias, su impacto es menor. Afortunadamente estas propuestas autoritarias han tenido poco eco entre los investigadores y las comunidades interesadas. Es que no es posible concebir directrices para un plan de desarrollo de la ciencia sin un proceso de deliberación colectiva, así como tampoco es posible concebir este proceso de deliberación sin usar y promover el fortalecimiento de la estructura democrática que da vida orgánica a las universidades públicas.

Hoy el Frente Amplio enfrenta el desafío de articular a los sectores de la sociedad más decididos a avanzar en el desmontaje del neoliberalismo. En el caso de la ciencia, la propuesta de superar el modelo de financiamiento individualista y desligado de las universidades públicas debería ser capaz de convocar a dos sectores importantes que son fuerzas vivas para la transformación de Chile: el de quienes apuntan a convertir el trabajo científico en un factor de desarrollo social y el de quienes bregan por la expansión de la educación pública como derecho social.

La recuperación del financiamiento para la investigación como elemento clave en el fortalecimiento de las universidades públicas debe estar en el horizonte de todos quienes convergemos en el Frente Amplio. El despliegue de una política antineoliberal y de recuperación de derechos sociales levantará las banderas por más ciencia junto a las del movimiento social por la educación pública.


Investigador científico