El dueño de El Mercurio, el empresario Agustín Edwards Eastman, falleció hoy a los 89 años, luego de una vida cruzada por el poder, la conspiración y la violencia política.

“Él fue el paradigma de los crímenes contra la paz”, dijo a El Desconcierto el diputado comunista Hugo Gutiérrez.

La mayor polémica en la historia de Agustín Edwards, apodado Doonie, fue el apoyo que recibió su medio de las arcas de la CIA, con aprobación de la presidencia de Richard Nixon, para desestabilizar el gobierno socialista de Salvador Allende (1973-1990).

Estas gestiones de la inteligencia estadounidense tuvieron un papel significativo en la preparación del escenario para el golpe del 11 de septiembre de 1973“, admitió incluso un informe del Comité Church y Pike del Senado de los Estados Unidos, preparado en 1976.

Su amigo personal, el magnate David Rockefeller, confirmó en sus memorias la postura del fallecido empresario.

“En marzo de 1970, mucho antes de la elección, Agustín Edwards, propietario de El Mercurio, el principal diario de Chile, me dijo que Allende era un embaucador soviético que destruiría la frágil economía chilena y extendería la influencia comunista a la región. Si Allende ganaba, me advirtió, Chile se convertiría en otra Cuba, un satélite de la Unión Soviética. Insistió en que los Estados Unidos debía impedir la elección de Allende”.

“Una poderosa plataforma”

A lo largo de su vida, Edwards estuvo vinculado a empresas e instituciones como la CCU, Pepsico, la aerolínea Ladeco, el Banco Edwards, las universidades Federico Santa María y Finis Terrae yla Compañía de Seguros La Chilena Consolidada, entre otros.

También creó, a propósito del secuestro a manos del FPMR de su hijo Cristián Edwards en 1991, la Fundación Paz Ciudadana, que los autores del libro “La guerra y la paz ciudadana”, Marcela Ramos y Juan Andrés Guzmán, han dicho que “no es un centro de pensamiento sobre la delincuencia, sino una poderosa plataforma comunicacional sobre el tema, que ha sabido insertarse en lo que los norteamericanos llaman “la cadena alimenticia de los miedos”.

Sin embargo, como es bien sabido, las principales controversias de la vida de Edwards Eastman tuvieron que ver con su principal propiedad, El Mercurio S.A.P.

“Exterminados como ratones”

En 1970 Edwards se autoexilió a Estados Unidos, donde operó en contra del gobierno de Salvador Allende y también defendió intereses empresariales. Un ejemplo fue la campaña “¡La Papelera No!” que impulsó su diario y la Radio Agricultura , en contra de la estatización de la empresa de la familia Matte, sus amigos cercanos.

Además, según relata el periodista Víctor Herrero en la biografía Agustín Edwards Eastman (editorial Debate), durante esos años a Agustín quinto le tocó vivir una querella de su propia hermana Sonia -partidaria del gobierno de Allende- y de su sobrino Santiago Lyon por la propiedad del diario El Mercurio, la cual no se resolvería sino hasta un acuerdo en 1974.

En los años de la dictadura, los periódicos en poder de Edwards respaldaron el régimen en el cual 3.200 chilenos fueron ejecutados o desaparecidos, incluidos lactantes, según el Informe Rettig, elaborado al retorno de la democracia en 1991.

El caricaturista Lukas ironizó en sus gráficas con los detenidos desaparecidos y el vespertino La Segunda tituló “Exterminados como ratones”, ante el asesinato de 119 chilenos a manos de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), operación en que también participaron los servicios represivos de Argentina y Brasil.

Otros episodios fueron cuando en 1976 Las Últimas Noticias hizo pasar el asesinato de Marta Ugarte como un “crimen pasional” o cuando en 1987 El Mercurió inculpó a Iván Enrique Barra y a Jorge Ernesto Jaña como los culpables de los disturbios durante la visita del Papa Juan Pablo II. Ambos fueron torturados por la CNI siendo que no estuvieron en el evento. El hecho le valió a Edwards ser declarado reo y no poder salir de Chile durante 11 meses.

Todo lo anterior hizo que en 2015 el Tribunal de Ética y Disciplina del Consejo Metropolitano del Colegio de Periodistas decidiera expulsar a Edwards Eastman del gremio, decisión a la que el magnate no apeló.

En una entrevista el año 2000, Edwards defendió su actuar en esos años. “Creo, sinceramente, que siempre nos esforzamos por informar lo que ocurría. Pero existían limitaciones muy serias que ningún medio pudo superar”, dijo.