El título suena insólito a uno que conoce la obra de Paulo Freire y su importancia. ¿En Brasil? Sí, en el país donde nació y desarrolló sus métodos reconocidos por educadores de todo el mundo y de distintas corrientes ideológicas, Paulo Freire pasó a ser combatido y censurado. Una contradicción similar a lo que sería, por ejemplo, si en Suiza se obviara la obra y los métodos de Piaget, o si Chile hiciera algo similar con el legado de Gabriela Mistral.

Detrás del intento de marginar la obra de Paulo Freire de las escuelas brasileñas está un proyecto más amplio, que no solo se trata de proscribir a un autor y su ideario sino que de condicionar el trabajo de los profesores a ciertos límites ideológicos, bajo amenazas de sanción e incluso de prisión.

El proyecto ganó espacio tras el golpe de Estado de 2016 y la llegada al poder de Michel Temer, presidente apoyado por diferentes sectores de derecha, especialmente los más conservadores.

Para empezar a entender ese contexto hay que conocer la historia del controvertido movimiento que alega combatir el “control ideológico de los profesores sobre los alumnos” para defender un control ideológico sobre los profesores y sus contenidos en clases, a través de un proyecto de ley difundido por todo Brasil y con la ayuda de otros movimientos que ganaron espacios políticos en el país en los últimos dos años.

Escuela sin partido

Los responsables de esta movida son el movimiento llamado Escola Sem Partido (mejor nombrarlo por su traducción al castellano “Escuela Sin Partido”, o por su sigla ESP), creado por el abogado Miguel Nagib en el 2004 y que desde entonces lucha por instalar en la legislación brasileña lo que sus defensores llaman “un mecanismo contra el abuso de la libertad de enseñanza”.

Para Nagib, el profesor en la clase es una persona con el poder no sólo de enseñanza como también de adoctrinamiento político e ideológico. El abogado afirma que sobre todo la red pública está plagada de profesores que usan sus clases como plataforma para difundir el marxismo, el ateísmo y la ideología de género, y que los métodos de enseñanza creados por Paulo Freire son la vía por la que se llegó a esa situación. Por esa razón, la ley según él debe poner límites a los maestros para que no se utilice ese supuesto poder “en contra del derecho de los padres de dar a sus hijos una educación moral e política acorde a sus creencias y convicciones”.

Cabe destacar que, pese al rechazo a la libertad de enseñanza del profesor, Nagib y su movimiento se definen como liberales, pero que priorizan la libertad de conciencia y de creencia de los estudiantes y sus padres por sobre la de los profesores.

En una entrevista para la versión brasileña del diario El País, Nagib contó el hecho que lo inspiró en su lucha: fue el día en que su hija volvió de la escuela diciendo que su profesor de historia había hecho una analogía entre el Che Guevara y San Francisco de Asís, por el hecho de que ambos abandonaron sus vidas personales en nombre de sus creencias. La comparación molestó profundamente al abogado católico: “las personas que quieren moldear la cabeza de los niños asocian esas dos figuras para que ellos piensen que el Che fue un santo”.

Desde entonces el movimiento Escuela Sin Partido ha tratado de unir el descontento de algunos miles de apoderados en todo Brasil contra los contenidos dados por los profesores en clases. Las primeras preocupaciones del ESP fueron los posibles contenidos políticos, pero con el tiempo la demanda pasó a agregar otras críticas, como lo que el movimiento considera “apología a la ideología de género, al feminismo y a la homosexualidad”. Eso generó un esfuerzo importante del movimiento en contra de los contenidos de educación sexual con perspectiva de género, que ellos consideran que sirven como “propaganda de opción sexual” o que inducen a las mujeres a odiar a los hombres.

Acoso a los profesores

La movida principal de la campaña de Escuela Sin Partido es en contra de los profesores. En el sitio web del movimiento existe un espacio reservado no solo para denunciar profesores que estarían usando sus clases para supuestos fines de adoctrinamiento ideológico, sino que incluso trae recomendaciones a padres y estudiantes sobre cómo presentar esas denuncias formalmente ante la Justicia.

Pero luego el movimiento avanzó a crear su propio proyecto de ley, el que ya ha sido presentado en diversos municipios y estados brasileños, e incluso ha llegado a la Cámara Federal donde sigue tramitando y cuenta con apoyo de la base parlamentar del gobierno de Temer, además de la simpatía del ministro de Educación Mendonça Filho, quien ya ha recibido a Miguel Nagib y a otros militantes del movimiento en su oficina en Brasilia.

El proyecto de ley de Escuela Sin Partido es lo que puede cambiar todo, porque pese a que el movimiento asegure que sus demandas son respaldadas constitucionalmente casi todas las denuncias impulsadas por el movimiento terminaron sin condena a profesores o directivos de colegios. Sin embargo, lo que propone el proyecto es justamente establecer un límite legal al ejercicio docente, sugiriendo penas a los que rompan esos límites, las que podrían ser desde una multa o incluso pena de cárcel a los casos que sean reincidentes. El proyecto también defiende que sean considerados ilegales los métodos de enseñanza creados por Paulo Freire, alegando que esos fomentan el adoctrinamiento de los estudiantes y la difusión de ideas marxistas, del ateísmo y de la ideología de género.

En algunas ciudades brasileñas el proyecto del ESP se ha tornado ley municipal, y también en el estado de Alagoas (en el noreste de Brasil, entre Recife y Salvador de Bahía), lo que llevó el texto a ser cuestionado en el Supremo Tribunal Federal, la máxima instancia del Poder Judicial de ese país.

En el reciente mes de marzo, el ministro Luís Roberto Barroso publicó una decisión decretando inconstitucional el proyecto de Escuela Sin Partido, lo que significó un revés importante para el movimiento. En su evaluación, Barroso cuestionó el concepto de adoctrinamiento en el cual se basa la propuesta, calificándola como poco profunda e incapaz de establecer un parámetro serio de conducta dañina al ejercicio docente y el aprendizaje de los estudiantes. El fallo de Barroso dice que “es tan genérica (la propuesta de ESP) que se podría prestar a la finalidad inversa a la que se propone: imponer su ideología y la persecución de los que de ella discrepan. Por lo tanto, trata de limitar derechos y valores protegidos constitucionalmente”.

Pero la decisión de Barroso no frenó el ímpetu del movimiento, ni disminuyó su apoyo político en el país. Por ejemplo, en la ciudad de São Paulo el nuevo alcalde João Dória ha tratado de promover las ideas de ESP en las escuelas públicas de la ciudad más poblada de Brasil.

Dória es un empresario que ha tratado de emular a Trump en la política brasileña, aunque se parezca más a Sebastián Piñera. Para esa tarea de impulsar el proyecto de Escuela Sin Partido el alcalde ha contado con el apoyo de un think tank llamado Movimento Brasil Livre (conocido por la sigla MBL) un grupo de jóvenes que busca renovar los ideales neoliberales, como los Axel Kaiser brasileños, pero con enfoque en la receta de lo que ellos llaman la escuela austríaca, defendiendo las ideas de economistas como Friedrich Hayek y Ludwig von Mises entre otros.

Recientemente, personeros del MBL iniciaron un recorrido por las escuelas públicas de São Paulo exigiendo acceso a los contenidos dados por los profesores en clases. La acción generó una crisis en la municipalidad, ya que el secretario de Educación Alexandre Schneider defendió a los profesores que cuestionaron la acción del MBL. Ante eso, Dória solamente trató de evitar que Schneider renunciara a su cargo cuando amenazó hacerlo, pero no recriminó la acción del MBL, como había solicitado el secretario.

Además de Dória y del MBL, y pese a decir “sin partido” en su nombre, Escuela Sin Partido cuenta con otros apoyos políticos, como el de los partidos DEM – que se llama Demócratas, aunque es heredero de la ARENA, el que fue partido base de la dictadura brasileña (1964-1985), y al cual pertenece el ministro de Educación Mendonça Filho – y PSC – Partido Social Cristiano, liderado por obispos evangélicos y por el folclórico y peligroso diputado Jair Bolsonaro, conocido por su defensa del régimen militar y sus homenajes a torturadores, incluso durante la derrocada de Dilma Rousseff, cuando alabó específicamente al militar que la torturó cuando ella era una prisionera política.

Reacción docente

Por su parte, las organizaciones de profesores en todo Brasil empezaron a ver con preocupación el avance de la agenda del movimiento, sobre todo su buena relación con las autoridades que asumieron el mando del país en 2016 – Mendonça Filho, el ministro de Educación de Michel Temer, dedicó una de sus primeras tardes en el cargo para recibir a los representantes del movimiento ESP, en una reunión en su oficina en Brasilia.

Existe preocupación por el avance del movimiento Escuela Sin Partido, pero no solo eso, hay también una pequeña división porque algunos profesores, aunque sean una minoría, defienden el proyecto. En los Estados de São Paulo y Rio de Janeiro, hay cierto temor a hablar del tema, o a identificarse al dar la opinión al respecto, debido al poder político de aquellos que defienden el proyecto, pero abundan los relatos de problemas internos en los colegios entre profesores y apoderados, o directivos que pueden posicionarse a favor de un lado o de otro. Además, también hay casos de debates entre los profesores respecto a lo defendido por el ESP, algunos más ásperos que otros.

También hay relatos de que la defensa de ideas o métodos defendidos por Paulo Freire pasó a ser disparador de disenso e incluso conflictos en el ambiente escolar, debido a la campaña de ESP en contra de la obra del académico brasileño.

También se han creado diferentes organizaciones de maestros para combatir el movimiento. Una de ellas se llama Professores Contra o Escola Sem Partido (“profesores en contra del movimiento escuela sin partido”, su sítio web es  https://professorescontraoescolasempartido.wordpress.com/), que no solo trata de reaccionar a las acciones de ESP sino que logró llevar una solicitud al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, junto con el IDDH, el Instituto de Desarrollo de los Derechos Humanos de Brasil.

Hace pocos días, el organismo de la ONU publicó un informe diciendo que el proyecto de ley de Escuela Sin Partido representa un intento de “restricción indebida a la libertad de expresión de los alumnos y profesores brasileños” y una “censura significativa, una violación de los compromisos asumidos por Brasil en términos de libertad en la educación, y que además podría abrir el espacio a otras medidas arbitrarias, las que permitirían a las autoridades interferir e moldear a la educación.

Los relatores afirmaron que el proyecto no cumple con los patrones internacionales de derechos humanos y dio al gobierno brasileño un plazo de 60 días para responder si existe algún tipo de evidencia empírica que sugiera la necesidad de aplicar la ley por alguna situación específica.

Censura a Paulo Freire

La figura central de la cruzada de ESP por cambiar la educación en Brasil es Paulo Freire, curiosamente el académico brasileño más reconocido en el mundo, alabado justamente por sus teorías pedagógicas, siendo el precursor de lo que se conoce como la pedagogía crítica, que busca estimular el pensamiento crítico de los estudiantes justamente para evitar que sean moldeados por los mismos profesores o por otras influencias.

Diferente de lo que alega el ESP, la admiración al trabajo del pedagogo no es solo por parte de la izquierda – Freire es el autor brasileño más leído en las universidades estadounidenses, por ejemplo.

Sin embargo, Escuela Sin Partido considera que sus métodos llevan los jóvenes a cuestionar también los valores morales y religiosos que los padres tratan de enseñar a sus hijos, alegando que ese es un derecho de los padres e incluso de los hijos y que serían vulnerados de esa forma.

En el sitio web de ESP Freire es retratado como un monstruo. Los textos lo llaman Paulo “Nosferatu” Freire o lo califican como “el idiota útil de la causa comunista”, hay dibujos y memes apuntando a Freire como la inspiración de los profesores que diseminan el marxismo en las escuelas públicas.

En un debate al que fue invitado en la Cámara Federal de Brasil, el abogado Miguel Nagib, líder del ESP, insistió en la afirmación de que su proyecto significa el “impeachment de Paulo Freire”, una comparación con el proceso que resultó en el golpe de Estado contra Dilma Rousseff en 2016, revelando además su apoyo político y el de su movimiento a la caída de la presidenta y al gobierno que asumió el país tras ello.

Preguntado por la prensa sobre esa contradicción del ESP actuar políticamente mientras exige neutralidad política del profesor, Nagib dijo que “yo puedo ejercer plenamente mi libertad de consciencia política porque no estoy afectando a nadie con ello, lo que no es el caso del profesor que cuando lo hace pone en riesgo la libertad de consciencia de los estudiantes y los derechos de sus padres de decidir sobre los valores de la educación de sus hijos”.

Por eso la página de ESP y sus acciones junto a las escuelas estimulan apoderados y estudiantes a denunciar todo lo que tenga que ver con Paulo Freire, desde el uso de sus métodos hasta la citación de ellos, la recomendación de su obra por parte de profesores o la simple presencia o adquisición de libros suyos en bibliotecas públicas o escolares.