Durante esta mañana, la editorial de El Mercurio -así como su portada- aluden a la muerte de quien encabezó la empresa periodística hasta sus últimos días.

Precisamente su editorial, tal como se esperaba, repasa en detalle la vida de Agustín Edwards, aunque omitiendo algunos pasajes relevantes de la historia, como el rol jugado por Edwards en el colapso del gobierno de Salvador Allende y también la desinformación que impulsó su medio durante la dictadura, al informar sobre violaciones a los derechos humanos.

“Como ocurre con las personalidades de gran formato, su figura ha sido y probablemente continuará siendo objeto de controversia. Las encrucijadas políticas en la década de 1960, las convulsiones en la de 1970 y los dolorosos desgarros posteriores -cuyas secuelas persisten hasta hoy- lo arrastraron a una figuración no buscada e incluso contraria a su carácter, que resumió -en una entrevista con Raquel Correa- diciendo: ‘La profesión de uno no está para ser centro. Uno está para observar y contar lo que hacen otros'”, describe la editorial.

Además, sentencia que “pese a su reserva, nunca dudó en asumir como editor lo que creía la principal responsabilidad de un medio de comunicación: “Tratar de ayudar a construir el país que uno quisiera para sus nietos”: Así lo expresó y así lo mantuvo en sus actos, pese a las odiosidades que ello le acarreó y al mito que sus detractores se esforzaron en construir”.

En redes sociales, la editorial fue comentada con burla e incredulidad, especialmente por aquellos usuarios que notaron el salto temporal en la biografía del empresario, con una evidente omisión de los años más oscuros. La limpieza de su imagen no pasó inadvertida para nadie.