La candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez está llamando a la ciudadanía a militar en Revolución Democrática. Pero no para militar, sino que para que ella pueda ser candidata presidencial. Luego, si, como sostiene el propio Revolución Democrática, nuestro principal problema, como país, es el de la “crisis de representación democrática”, el llamado de la candidata contribuye, directamente, a agravar este problema.

Groucho Marx, jugando con el absurdo, decía -en esta frase manoseada hasta el hartazgo por culpa de los profesores de teoría de sistemas-, que él “nunca sería parte de una organización que lo tuviera, a él mismo, como miembro”. Bueno, Sánchez está haciendo algo aún más absurdo. Está pidiendo a la gente que sea parte de una organización, de la cual ella nunca sería miembro.

Instrumentalizar la militancia no por sus ideales, sino que por una candidatura, contiene dos vicios para la representación democrática. El primero, es el que identifica la propia comisión Engel y por el cual los partidos están haciendo este esfuerzo titánico de reinscripción. Militantes que militan no a partir de los ideales de un partido, sino que por caudillismos o por otros beneficios. Lo que daría a los partidos, y a esos caudillos sobre todo, más poder y financiamiento del que realmente representan.

El segundo vicio es el de la “renuncia a la responsabilidad de representar”. Porque representar en política, y sobre todo militar en un partido, significa mucho más que “Actuar en nombre de los otros”. La militancia política es mucho más que el “poder simple” que le dejo al amigo para que pueda hacerme un trámite. Actuar por otros en democracia es, primero, un llamado a confiar en una serie compleja y profunda de ideales. Pero, sobre todo, como sostiene gente como Pitkin o Sartori, es un pacto de responsabilidad. Un representante es alguien que debe responder al pueblo por lo que haga o deje de hacer. Cuando la candidata presidencial del Frente Amplio llama a la gente a militar en un partido en el que ella no milita, inmediatamente renuncia a hacerse responsable de la forma en que ese partido representará a esos nuevos militantes. Lo que hace la candidata Sánchez, es hacer firmar a la gente un cheque en blanco para una empresa que ella misma no quiere empujar, y a la cual, supongo, desconfía pertenecer (porque de otro modo militaría).

La invitación de ella no es para que ella pueda ser candidata. Su invitación directa es a dar más poder y financiamiento a una mesa directiva de un partido, compuesta por un número limitado de personas, que va a tomar decisiones en nombre de la gente que Sánchez está invitando, sin hacerse responsable, a militar. Si nuestro sistema electoral contempla mecanismos para que candidatos independientes puedan competir, el llamado a militar instrumentalmente no tiene otro sentido que el de sumarse a la política, no por la representación democrática, sino que en nombre de su crisis.


Cientista Político, Vicepresidente del Partido Progresista.