Escribir estas palabras tiene que ver con la necesidad de expresar mi preocupación al trabajar en el ámbito de la salud mental y ver los efectos que tiene el entender el sufrimiento humano desde el uso de un diagnóstico, de entender el sufrimiento como una “enfermedad”. Concuerdo con la mirada de que muchas veces – y así lo he visto- el comentarle a alguien que su problema podría entrar en una categoría diagnóstica calma la ansiedad, pues ayuda a tratar de entender qué es lo que me está pasando. Sin embargo, y en paralelo, recuerdo mucho frases del tipo “oye, pero a mí no me gusta que me digan que tengo un trastorno de la personalidad”. O “no me gusta el peso que tiene el que me nombren como bipolar”. O “no tengo esquizofrenia, lo que tengo es frustración y tristezas”. Y así podría continuar con ejemplos de un gran número de personas que han pedido ser tratadas/os no como “personas enfermas”, si no como personas que tienen una dificultad.

Recuerdo una reunión clínica en un lugar de trabajo donde había diversas/os profesionales. En un determinado momento, comenté sobre la necesidad de re-pensar el tema de los diagnósticos y lo complejo de que tengan el peso de “enfermedad”. Fue ahí que di el ejemplo de que si todas/os quienes estábamos presentes en esa sala fuésemos entrevistados/as por algún/a psiquiatra externa/o, lo más seguro es que nos encontrarían algún cuadro psicopatológico donde encasillarnos/as. La exaltación de un compañero de trabajo, medio en broma medio en serio, fue inmediata: “¡oye, habla por ti no más!”.

¿Qué hacer entonces? En Chile falta mucho desarrollo en el crear nuevas formas para nombrar nuestro sufrimiento humano. Que las llamadas “alucinaciones auditivas” puedan llamarse “de repente escucho voces”, que la llamada “bipolaridad” pueda llamarse también “soy una persona sensible”. Y así podríamos ir inventando nuevas expresiones como alternativas a los diagnósticos “enfermantes”.

Hasta el día de hoy escucho “indicaciones”, no solo de médicos, sino también de psicólogas/os, terapeutas ocupacionales y enfermeros/as que dicen: “su enfermedad es para siempre, tiene que hacerse la idea”. Que distinto sería que a uno/a le dijeran “esta es tu forma de ser, hay situaciones que te complican mucho, pero podemos buscar la forma de enfrentar la vida y seguir”.

Que distinto es cuando te hablan de tu forma de ser o tus propias dificultades en vez de que te digan tu enfermedad. Siempre he encontrado que decir enfermedad mental es una etiqueta que limita las posibilidades de salir adelante, a diferencia de entender mis dificultades como mi manera de ser, pudiendo aprender mucho de ella.

Es cierto que hay muchas personas que les acomoda que les den un diagnóstico, ponerle un nombre al sufrimiento que experimentan y así saber cómo enfrentar el malestar. Respeto sin duda la decisión de esas personas, pues sería una contradicción personal enorme el criticarle a otro/a el que quiera identificarse con una enfermedad mental. Finalmente es un ejercicio de libertad el elegir.

Pese a esto, creo muy necesario el poder seguir instalando la discusión respecto al rol que toman las instituciones de salud mental pública y privadas, donde la manera que tienen de ayudar a alguien el 98% de las veces es clasificándolos/as con una categoría psicopatológica. Es decir, con una enfermedad mental. ¿Cabe la posibilidad de crear nuevas formas para nombrar el sufrimiento o dificultad emocional o psicológica? Pues claro que las hay, y desde diversas experiencias, pero el peso de las instituciones de salud mental y su mirada psicopatológica del sufrimiento humano dificultan que dichas experiencias se muestren lo suficiente.

Sin embargo, desde mi trabajo como psicólogo y participante social, seguiré luchando por instalar la inquietud y las acciones donde sean necesarias, pues sé que el trabajar día a día en una institución, puede hacer que finalmente pierdas la capacidad de reflexionar o hacer algo por cambiar aquellas cosas con las que no estás de acuerdo.


Psicólogo Clínico-Comunitario, Docente Escuela de Psicología U. Cardenal Silva Henríquez