Rafael Gumucio está de regreso en la ficción. Dos años después de ‘Milagro en Haití’, el primo de Marco Enríquez-Ominami estrena ‘El galán imperfecto’, una novela en clave de comedia e inspirada en su propia biografía que cuenta la historia de un hombre de 40 años -tímido, católico, con escasa experiencia sexual y torpe en sus relaciones con las mujeres- que se somete a una circuncisión en una clínica del barrio alto de Santiago.

En el libro, Gumucio recrea episodios de su vida que lo marcaron en su relación con el sexo opuesto, como haber sido objeto de burlas y humillaciones durante su etapa escolar o haber crecido sin un padre presente. Con esto, el autor busca retratar las pellejerías de un hombre que sufre por el sexo.

“Esta novela es muy poco misógina. Es un hombre, es un pene, pero supongo que mis amigas del feminismo de la tercera ola van a quedar muy decepcionadas, porque esta novela demuestra que el falocentrismo es bien triste: el pene no es ese órgano de poder y de mando que a todos nos gustaría imaginar, sino más bien es un factor de impotencia, un lastre”, afirma en entrevista con La Tercera.

El también docente de la UDP cuenta que Antonio -el protagonista del libro- vive a la sombra de una madre dominante que ha formado su carácter reprimido. “Los chilenos somos mamones, todos los católicos lo son. Y en el caso de mi personaje, lo torturé lo más posible. Esta es una novela cómica; en Chile hay pocas novelas así. Hay escritores para cagarse de la risa, pero no lo saben, jaja”.

El bullying es otro de los tópicos que toca el libro, cuando recrea episodios que Antonio sufrió durante su niñez. Desde ahí, Gumucio defiende la existencia del matonaje escolar y que hoy en día le parece ridículo el llanto en torno al bullying, porque él lo sufrió y no fue tan terrible. “Yo lo sufrí, y no puedo negar que duele. Pero uno puede elegir si ser víctima o dejar de serlo”, plantea.

“Yo creo que los niños están en condiciones para sufrir bullying. Un colegio sin bullying es un fracaso escolar. O sea, hay que sobrevivir, y si no sobreviviste ¡no sobreviviste! ¡Qué tanta huevá!, te fue mal nomás. Para eso es el colegio. Yo le digo siempre a mis hijas: todo lo que le enseñan en el colegio lo podrían aprender ellas solas, todo, menos el bullying. Yo no hablo del bullying físico, pero del mental, sí. Lo lamento mucho pero si un apoderado me dice “pucha, es que mi hijo no sobrevivió al bullying”, bueno, tu hijo no está hecho para la sociedad; perdió nomás”, dice.

Por último, el escritor se defiende de las críticas que la han tildado de privilegiado, heteronormativo, cuico, intelectual y viajado, afirmando que “yo también podría decir exiliado, chico, tartamudo, con problemas dentales. Podría estar llorando hasta el día del juicio final, y me parece una estupidez. Para eso escribo”. Además, aprovecha también de repasar a la nueva generación de narradoras y narradores chilenos representada en nombres como Romina Reyes, Arelis Uribe, Paulina Flores o Richard Sandoval.

“Me dan mucha risa los escritores jóvenes: lloran en las entrevistas y escriben libros para alabarse y para alabar su clase social, ‘yo sufrí pero igual conseguí todo’. Se tienen un amor a sí mismos casi infinito. O sea, si un tipo de clase alta hiciera un libro como hace la clase media ahora, ‘me encanta mi colegio y mis compañeros y lo pasamos increíble’, lo matan. Pero si viviste en Cerrillos podís contar ‘el Lucho y el no sé qué’, y es la raja. Me molesta esa autoindulgencia. Y lo mismo pasa con el bullying: hay una escritora que dice que todos los días la tratan de violar y tocar. Bueno, yo la conozco y no es pa’ tanto. Lo que quiero decir es que yo podría haber salido a la vida pública como una víctima absoluta, pero decidí afirmarme”, finaliza.