El 30 de abril de 1988 se puso fin al paro nacional de trabajadores y obreros de Ferrocarriles del Estado que se extendió por 19 días. El objetivo de esta movilización fue la oposición a la privatización de la empresa. Este paro remeció a todo el país, puesto que por primera vez, en dictadura, los trabajadores organizados se manifestaban sin temores por la defensa de su fuente laboral y de sus derechos. Los 27 sindicatos de la empresa, a través de todo el país, adhirieron al movimiento con casi 5 mil funcionarios. Los jubilados ferroviarios, en tanto, hicieron una asamblea para rechazar la actitud de sus afiliados rompehuelgas y se convocaron para desfilar a pie hasta la Estación Central. Las esposas y los hijos de los ferroviarios también participaron en la marcha y los acompañaron en la sede de la Corporación Santiago Watts en el Barrio San Eugenio.

La huelga poseía el claro objetivo de defender una empresa tan vital para el país, que pobladores y otras organizaciones sociales también se plegaron al movimiento. Los trabajadores ferroviarios estaban luchando por mantener la estatalidad de la “espina dorsal de Chile”, como le llamaron con orgullo anteriores mandatarios al régimen de Augusto Pinochet, dado el gran eje que generaba en el territorio nacional.

La clausura de tradicionales ramales fue uno de los primeros efectos del traspaso al sector privado; entre ellos, Las Cabras, Pichilemu, Polcura y Chillán vía Tomé, solamente en la Zona Central. Otros de más al sur fueron suprimidos y en el Norte Chico y Grande, con resultado de pueblos en total estado de languidecimiento. Las estaciones eran importantes centros de actividad social y comercial a las pasadas de los trenes y en paradas era común la venta de productos típicos de las localidades, como las tortas de Curicó o las sustancias y prietas de Chillán.

Los grupos económicos aprovecharon el levantamiento de los durmientes, para adquirir terrenos a bajo costo y así expandir algunos de los dominios donde hoy se encuentran las grandes empresas forestales y agrícolas del sur. Resultaron 101 trabajadores exonerados, 9 de ellos de Valparaíso, Llay Llay y Los Andes. Estos trabajadores serían reincorporados unos años más tarde, gracias a la gestión de los dirigentes ferrocarrileros. Sin embargo, las políticas neoliberales del gobierno militar hicieron desaparecer las empresas del Estado como objetivo principal, y la nueva democracia, encabezada por la Concertación tampoco hizo lo mejor por ferrocarriles. En vísperas del Día del Trabajo, se recuerda este importante episodio del movimiento sindical y de la recuperación de la democracia en Chile.


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