Carolina Goic se hizo estallar para demoler lo que fue la Nueva Mayoría, al modo en que los fieles del islam entienden la muerte santa y se detonan entre los que consideran sus enemigos.

Pero quizás los fanáticos que la han inducido al martirologio deberán recular y dejar a la presidenta del partido haciendo el ridículo de su vida.

Es muy probable que Goic deba renunciar a su candidatura incapaz de soportar no solo el peso de la vergüenza, sino la posibilidad de dejar sin puestos en el Estado, Congreso incluido, a sus capangas y adláteres.

Con todo, la conducta de la DC pone un toque de sinceridad en una cultura que se preció de presentarse como unitaria y con una lealtad suma tanto a la coalición, como al gobierno de Bachelet, cuando jamás ha sido así.

La verdad es que lo único que ha unido a ese conglomerado abigarrado es el interés por el botín del Estado y la defensa acérrima de la cultura neoliberal que ha hecho del país un paisaje desagradable de ver y de vivir.

Un país hecho para los grandes empresarios y para, era que no, los arribistas, hoy por hoy un espécimen cultivado por esta cultura con el esmero de las causas trascendentes.

De ideas nuevas para un proyecto de país mejor, más humano y menos castigador, ni por asomo.

Pronto se verá como gana espacio la moderación democratacristiana ante un peligro no contemplado y lo relevante entonces será hacer lo necesario para evitar el colapso del sistema. Para que todo siga más o menos igual que hasta ahora.

Será la hora de considerar la inmolación de Goic como una muerte política necesaria para salvaguardar lo que vale la pena, ante el peligro que eventualmente podría significar, de hacer las cosas bien hechas, la irrupción del Frente Amplio

Con todo y sus desaciertos inaugurales, el Frente Amplio vino a modificar la geometría del sistema político, amenazando la estiba de un barco acostumbrado a una escora que ya lleva demasiado tiempo.  

Lástima que esta iniciativa haya comenzado por el otro lado y que cuando llegue el tiempo de corregir, se comprenderá que se ha perdido, lamentablemente, un tiempo valioso.

Con todo, la velocidad y profundidad con laque se suceden los hechos en el magma escurridizo en que se ha transformado la política, deja espacio aún para propuestas audaces que pueden acorralar aún más a los dueños del poder.

Por ejemplo, la irrupción de la gente común terciando en el terreno electoral puede llegar a ser una novedad que mueva las cosas más aún.

Valparaíso ha hecho una propuesta de la que casi nadie habla y no será porque resulte un ejercicio inconducente.

La idea de numerosos dirigentes de proponer a Mabel Zúñiga, presidenta de la ANEF porteña como candidata a diputada tiene un trasfondo estratégico: le agrega a la causa electoral el peligroso tono insurgente del movimiento social y la fuerza de los trabajadores y pobladores, postergados, castigados silenciados, desperdigados, manoseados, y sus urgencias y broncas.

El Frente Amplio debería abrirse al ejercicio que tanto rédito le dio precisamente en Valparaíso: que la gente organizada o no, pero la gente que pone el lomo, los de abajo, tangan un espacio que sea algo más generoso que el ofrecido por la mera invitación a votar o a firmar por fulano o citano.

 Más aún. No se debería desechar la idea de elevar a condición de candidato presidencial a Luis Mesina, quién ha liderado la lucha del Movimiento No más AFP desde hace más de diez años.

No se trata de un aprovechamiento indebido de su probada trayectoria como dirigente de los trabajadores, ni de una mala utilización de una plataforma legitimada en las mayores expresiones de descontento en contra de un pilar ideológico del modelo como son las AFP.

Se trata de utilizar esa energía para enfrentarse al sistema y evitar que se disipe en un continuo estéril de desfiles y consignas.

Hay un espacio que genera la irrupción del Frente Amplio, con todo y sus profundas contradicciones internas.

 Y ese espacio se podría ampliar por medio de una articulación imaginativa y movilizadora con el mundo social que quiere decir su palabra y que legítimamente piensa que el Frente, por o a pesar de su composición heterogénea, para decirlo en suave, no es todo lo que se puede ofrecer como opción antagónica al sistema.

Sin pueblo, sin chusma, sin masas, ningún  proyecto popular llega lejos.

En un escenario como ese, la movilización de la gente habrá servido para algo, la Nueva Mayoría llega a su fin y la inmolación de Goic habrá sido del todo infructuosa.