Tendrían que pasar casi 30 años desde la legalización del aborto en Francia para la publicación del singular libro La condición fetal. Una sociología del engendramiento y del aborto (2004) de Luc Boltanki. Este lapsus de tiempo —­en que ocurre el debate, la despenalización, la legalización y la incorporación del aborto al sistema de seguridad social francés— fue, quizás, el necesario para la exposición crítica y razonada de los relatos que intervienen tanto en el rechazo como la justificación del aborto en Francia. Este lapsus de tiempo es el que permite, también, la exposición de la “condición fetal” como una gramática, como una historia y como un objeto sociológico “cualquiera” y no como una drama moral. Y, es por ello, a su vez, que la perspectiva que toma este estudio crítico es el de la “condición fetal” y, no necesariamente, el de las mujeres. En esta dirección va, por ejemplo, el trabajo detenido en la construcción de “categorías fetales”.

Con neutralidad valorativa, Boltanski da cuenta, primero, de la complejidad a la ahora de consensuar un término, o varios, para llamar a las diferentes fases del embarazo: ¿gameto?, ¿pre-embrión?, ¿embrión?, ¿feto? Ante esta primera complicación opta, simplemente, por la palabra “feto”. Asumida esta decisión, se da cuenta de la no simpleza de la voz “feto” en tanto que ésta más bien vendría a demostrar, la mayoría de las veces, una “manipulación de tipo construccionista” que oscilaría entre la mantención o la destrucción. Ese sería el arco en el cual se define la “condición fetal”, su definición se describe, así, en la figura de una “oposición original”.

Esta distancia máxima (oposición original) estaría categorizada en el par: “feto auténtico” y  “feto tumoral”. El feto auténtico se describe en la anticipación. Pronto en la gestación, el “feto auténtico” es llamado bebé, se asocia a un proyecto parental y al porvenir de la humanidad. Distinto a éste, el “feto tumoral” se describe como un crecimiento que debe ser extirpado mediante una cirugía en un periodo de tiempo adecuado para evitar que la extracción provoque complicaciones. Esta distancia máxima, sin embargo, será atenuada con categorías intermedias que no harán otra cosa que sustituir la oposición original por “acomodos” buscando hacer imposible la propia distinción inicial. Estos acomodos se describen en las siguientes categorías: el feto esencialista, el feto bárbaro y el feto totalitario.

El primero, el feto esencialista, dice de un “acomodo” con un orden mítico/religioso cuya referencia está referida a un “creador”, a la vida sin más, estableciendo su justificación en el plano de lo natural, intemporal e inmutable. El feto esencialista niega la distinción entre lo auténtico y lo tumoral, toda vez, que su descripción se asocia a  un “ser natural, un ser objetivo” (aquí el respaldo tecnológico, la ecografía, para su verificación es crucial). El segundo, el feto bárbaro se ajusta a un acomodo con el “parentesco” entendido como un pacto masculino. De algún modo, en palabras de Boltanski, el feto bárbaro “estaría animado por una voluntad perteneciente a la especie y no obedecería a ningún individuo susceptible de llevar las riendas de su propio destino”. Y tercero, el “feto totalitario” cuya afirmación se ancla en el interés de una nación. El desarrollo del feto, su gestación y su nacimiento depende más de una voluntad colectiva que al hecho de una decisión personal. Desde esta perspectiva, el vientre se describe como un objeto que no pertenece, de ningún modo, a la mujer.

Sin una discusión y un debate serio sobre los argumentos de rechazo y justificación del aborto en Chile, lejos de la despenalización del aborto y, aun más distantes, de la legalización de éste, el Partido Demócrata Cristiano junto a Chile Vamos asume el mismo gesto del libro de Luc Boltanski: hablar de la “condición fetal” (vida intrauterina) con objetividad, esto es, sin hacer referencia a las mujeres. La indicación introducida al Proyecto de Ley de Garantías de los Derechos de los Menores —y votada favorablemente por estos partidos de derecha— dice de la “protección de la vida que está por nacer”. Sin la necesidad de un análisis muy detenido es posible advertir que esta indicación no tiene como destino la protección de la infancia, sino que es, propiamente, un argumento anti-aborto. Si esto es así,  nos podríamos preguntar ¿cuál es el “feto” que protege la derecha chilena? De acuerdo a las categorías propuestas por Boltanski, bien podríamos decir que el feto que busca proteger esta indicación  no es otro que uno “esencialista, bárbaro y totalitario”.