Hace casi un año, un pacto parlamentario sin la DC y un candidato de la Nueva Mayoría que no fuese Lagos, Insulza o algún representante de la “vieja guardia”, era un buen escenario. Debíamos propiciarlo y, de lograrse, podía considerarse un giro importante en la política del PS. Meses después ambos resultados se dieron, pero – seamos sinceros- no fuimos nosotros quienes triunfamos. Hay triunfos, sí, algunos importantes. Como Izquierda Socialista, sobre todo a través candidatura de Fernando Atria, logramos poner ideas de izquierda en una coalición demasiado acostumbrada a las frases vacías – a los “más y mejor”, “estudiar si” y “avanzar en”-; dimos a conocer al país que un grupo importante del Partido Socialista busca reconstruirlo; logramos un entendimiento con el Frente Amplio; y, por supuesto, funcionamos como – pequeño, pero eficaz – dique de contención al regreso de la vieja guardia. Todas las anteriores son tareas que se proyectarán en el futuro, pero que por ahora fueron arrolladas por la nueva generación que tomó el mando en el partido de Allende.

La última elección del PS confirmó una tendencia. La vieja guardia del Partido del Orden fue desplazada por el pragmatismo despolitizado que se crió y creció en los 90, al alero de las víctimas del abril parricida. La derrota de Lagos e Insulza, apuñalados por sus ex Seremis, asesores y “segundos piso”, no generó aplausos ni vítores. En parte, por la culpa de matar al padre y, en mayor medida, porque detrás de ella no había convicción. Muestra de esto es la total ausencia de un relato que pueda justificar la decisión como una nueva política del socialismo chileno: lo que había era cálculo y temor. Temor a traspasar la decisión a la ciudadanía y cálculo basado en las encuestas del mes y en las perspectivas laborales del próximo año.

Las inversiones que se hicieron públicas este miércoles, la manera escogida para aumentar el patrimonio del PS y, sobre todo, la declaración de la Mesa del partido son una muestra más de la cultura política de esa generación. En sus excusas se limitan a declarar que el sistema se ajusta a la legalidad y que se han aumentado los niveles de transparencia, como si el problema fuera legal y de cuentas y no político. Para ellos no hay política, menos va a haber ética: solo hay rentabilidad. Nuevamente, cálculo y pragmatismo.

En lo presidencial, esta forma de razonamiento parece desmoronarse. En vez de ampliar la base electoral de la NM, disputarle al Frente Amplio desde la izquierda, contener el centro y, con ello, generar las confluencias que le dieran a la candidatura un real carácter de unitaria; hoy tenemos un candidato apoyado con escasa convicción, sin claridad en su programa y sin competidores que justifiquen una primaria. Remarquemos este punto. La consulta ciudadana del PS le habría permitido al partido tener un candidato propio, disputar realmente una propuesta programática y mantenerse en la discusión pública durante mayo, junio y julio. Por el contrario, el candidato de la NM hoy está dedicado a recolectar firmas de independientes, mientras la derecha y el Frente Amplio le hablarán al país. Por lo demás, desafío no menor, considerando que los partidos que apoyan a Alejandro Guillier acaban de rastrear a todo independiente cercano, buscando nuevas afiliaciones para lograr las metas de refichaje.

Traición o no – cría cuervos, dirán – la decisión de la Democracia Cristiana parecer ser la única sustentada en una lectura menos cortoplacista del escenario, haciendo una apuesta. Será una victoria parcial o un fracaso rotundo, pero va a remarcar una identidad y un lugar en el espectro político, sea cual sea. El Partido Socialista no se atrevió a aquello. La elite actual, esa pragmática y despolitizada, reafirma lo que temíamos: correrá desbocada en la meta cortoplacista, mantener. Desatendiendo el escenario actual, utilizarán las armas de la política de la transición – no conocen otra – para sostener la gallina de los huevos de oro. Difícilmente resulte.

Beatriz Sánchez con primaria legal, financiamiento público y franja televisiva (¡qué importante la franja!) será el centro noticioso, la novedad y dueña de una épica que no vemos desde – qué ironía – la candidatura de Lagos o el triunfo del NO. No parece casual el símil entre RD como partido instrumental y el PPD. Tampoco lo parece que decenas de los fichados en su campaña pro primaria, no se involucraban en política desde la campaña del NO. Dada la audacia del Frente Amplio y los errores propios del nuevo Partido del Orden, no nos sorprendamos si ambos bloques llegan a agosto empatados en las encuestas. Claro, en aquel momento saldrán a cuestionarlas los mismos que las utilizaron para cercenar a los propios y proclamar, sin más, al abanderado. Ya será demasiado tarde.

Nosotros, no lo vamos a negar, estamos en una encrucijada difícil. Por supuesto que tenemos más en común con un Frente Antineoliberal – no así con un “ciudadanismo” – que con la elite operadora, pero también tenemos una decisión previa que nos constituye: disputar la herencia del socialismo chileno. Aquello impide que hoy, en el marco de la Nueva Mayoría y en primera vuelta, apoyemos un candidato por fuera del pacto que nos convoca, por muy espuria que haya sido la forma en que se tomó la decisión. Por cierto, aquello no puede significar un cheque en blanco al candidato ya definido. Por este periodo, nuestra disputa debe estar centrada en el contenido de dicha candidatura y, a sabiendas de la liviandad con la que nuestros aliados entienden el compromiso programático, en la consolidación de una fuerza que lo exija y le dé sustento. En eso, un Partido Comunista fortalecido y una izquierda audaz y rebelde dentro del Partido Socialista pueden ser gravitantes. Pasado noviembre, la tarea seguirá siendo la misma de siempre: resignificar el partido de Allende y propender a un nuevo gran Frente Antineoliberal.