Los sicarios dispararon directo al rostro de José Muñoz Alcoholado y luego acabaron con la vida del venezolano que lo acompañaba en un restaurant de Caracas. Huyeron sin dejar rastros.

«Yo llevaba varios días sin poder contactarlo», dijo a El Desconcierto el ingeniero Juan Alfaro, quien la noche de este viernes abrió en su casa de La Cañada una botella de ron y bebió una copa en memoria de su amigo de adolescencia, junto a otros “hermanos” que también compartieron militancia con Muñoz.

«Joaquín» o «Alejo» era hijo del capitán de Carabineros José Muñoz, otrora jefe de escoltas del presidente Salvador Allende (1973-1990). Y su vida, con aciertos y errores, fue siempre hija de sus creencias políticas.

Aquellas ideas y compromisos lo arrastraron, de hecho, a participar en actividades políticas y guerrilleras en Alemania, Colombia, Chile, Argentina, Brasil, Venezuela, Nicaragua y, por cierto, Cuba. También el Wallmapu. También lo llevaron a las portadas de diarios, en medio de persecuciones policiales y jurídicas.

Comunista y luego fundador del MIR Ejército Guerrillero del Pueblo, Muñoz mantuvo por años una relación de especial amistad con Samuel Riquelme, el primer amigo chileno del líder cubano Fidel Castro.

Riquelme, un obrero ya nonagenario que conoció a Fidel en 1952, solía recibir a «Pepe» en su casa de Cerro Navia, cuando éste pasaba por Chile.

Riquelme, por cierto, fue uno de los históricos creadores de la política militar secreta del Partido Comunista en la década de 1950, con la formación de «Los Grupos de los Cinco».

Estas eran unidades que pretendían actuar como grupos partisanos clandestinos en los tiempos de la Guerra Fría, el enfrentamiento geopolítico entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante el siglo XX.

Ese fue, en definitiva, el mundo que rodeó siempre al «compañero Joaquín», hasta que lo mataron esta semana en Caracas, cuando iba a reunirse con ganaderos de la zona de Tachira, quienes no llegaron a la cita.

El capitán José Muñoz, su esposa y Salvador Allende.

El capitán José Muñoz, su esposa y Salvador Allende.

Los tiempos en la RDA

Al igual que la presidenta Michelle Bachelet, luego del golpe militar, José Muñoz partió al exilio en la República Democrática Alemana, donde trabó amistad con los jóvenes en el exilio en ese país.

En la RDA, donde también estaba la familia de Riquelme, Muñoz tomó la decisión de viajar a Cuba, para formarse militarmente, como parte de un proceso que estuvo en los albores de la formación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Fueron los primeros pasos en un camino de cuatro décadas, marcadas en la vida de José Muñoz por operaciones, fugas y formación de equipos clandestinos.

«Justamente, lo conocí en 1986 en un avión entre La Habana y Buenos Aires. Íbamos en asientos separados y yo venía (en mi condición de dirigente estudiantil) de asistir al VIII CLAE en La Habana y de otros encuentros, entre ellos con el Comandante Fidel Castro», evocó Juan Alfaro a El Desconcierto.

En Chile, el padre de «Joaquín», el excapitán de Carabineros José Muñoz había creado junto a Jorge Schindler, hoy residente en Alemania, una cadena de farmacias para dar trabajo a perseguidos políticos y surtir de material sanitario a los grupos de resistencia al régimen. En el proyecto participaron también Alsino García y Armando Gatica.

«Nos volvimos a encontrar en una casa de seguridad en Temuco a fines de 1986, cuando yo huía hacia Argentina y él ya estaba girando hacia el MIR. Siempre mantuvo una sólida red con combatientes y oficiales del Frente en Chile y otros países de América Latina y Europa», evocó Alfaro.

Los tiempos de la alegría

El derrumbe del Muro de Berlín y el retorno de la democracia no morigeraron las convicciones de Muñoz. Además de crear el MIR EGP, comenzó a viajar a Temuco, para apoyar los movimientos autonomistas mapuche

En Santiago, paralelamente, cursaba estudios de Sociología en la Universidad Arcis, donde conoció a amigos y profesionales que hoy trabajan en el gobierno o empresas de comunicaciones corporativas, como Tironi y Asociados.

Con el estallido del alzamiento de los zapatistas en la indígena región mexicana de Chiapas, el 1 de enero de 1994, Muñoz pensó de hecho que podría liderar el mismo camino en Chile, desde La Araucanía.

José Muñoz en 1995

José Muñoz, de polera negra, en 1995. Lo acompaña un sacerdote de Chiloé.

En ese marco, decidió asaltar la fábrica de la azucarera Iansa en Los Angeles, para reunir fondos para su proyecto político militar. Detenido y puesto en libertad, «Alejo» enrumbó a esconderse a Quellón, en la isla de Chiloé.

«Luego de fugarse llegó a mi casa una noche de lluvia intensa, Nos quedamos juntos 10 meses en Quellón, mientras haciamos los preparativos y esperábamos que bajara la nieve para salir de Chle por algún paso cordillerano. Con mi pareja de entonces, Ivonne, lo ayudamos a viajar a Argentina», precisó Alfaro.

Allende la cordillera, Muñoz se emparejó con Ivonne, lo que motivó un quiebre de diez años en la amistad con Alfaro. “Los mayores problemas de su vida fueron siempre con mujeres”, según Alfaro.

En Santiago, tras perderle el rastro, los equipos de inteligencia buscaron a José Muñoz en Perú y Colombia. Sospechaban que podía estar trabajando con los Tupac Amaru o el ELN, respectiamente.

Una fuga armada

Lo cierto es que «Alejo» tomó contacto con la gente del ELN y continuó con sus actividades en Colombia, Nicaragua y Venezuela.

Detenido en esos años, sus compañeros del ELN lo sacaron desde una cárcel colombiana en una operación armada.

Luego, aunque residía con su mujer y sus tres hijos en Montevideo, Muñoz siguió viajando a Venezuela, donde participaba en operaciones para impedir el ingreso de narcos colombianos a través de la frontera.

«Y eso fue a balazos», advirtió Alfaro.