Han pasado algunas semanas desde que la justicia determinó que Mauricio Ortega es el culpable de femicidio frustrado y lesiones graves gravísimas contra Nabila Rifo. Por estos días, la joven de 29 años se adapta a su nuevo hogar, donde vive junto a sus cuatro hijos, luego de que su madre, Noelia Ruiz, regresara a su propia casa, a unas cuadras de distancia.

Un tribunal de familia definirá si Nabila está en condiciones de recuperar la tuición sobre sus hijos, luego del ataque que sufrió en 2016, cuando comenzó a compartirla con su madre. Además, está atenta a los pasos de la defensa de Ortega, que pretende anular el juicio que lo condenó a 26 años de prisión.

En entrevista con Paula, Rifo comentó los detalles de su nueva vida y también de su infancia y juventud, que estuvo marcada por la pobreza. Por ejemplo, contó que cursó el colegio hasta Octavo Básico, ya que “cuando murió mi papá me retiré del colegio para cuidar a mis hermanos. Mi mamá tenía a mi hermana Carolina, a mi hermana Kathy y al Elvis chico. Ella tenía que trabajar, ¿y quién se iba a quedar con mis hermanos? Me quedaba con ellos: hacía el aseo, picaba leña, cocinaba, los cuidaba, los mandaba al colegio, todo”.

“Yo trasnochaba en el trabajo, de repente llegaba a las 4 de la mañana y me tenía que levantar a las 7 a despertar a los chicos, mandarlos al colegio, y a mi hijo más pequeño al jardín. Mauricio no me daba ni un peso. Siempre fue malo conmigo. Aunque tuviera. Él trabajaba y ganaba harta plata, pero no me daba nada”, detalló la joven.

Nabila también detalló la primera agresión que sufrió de parte de Ortega. Fue cuando ambos aún pololeaban: “Estaba embarazada de mi hijo K.O.R. De repente me iba a quedar con él a su casa, y ahí empezábamos a pelear, a él no le importaba que estuviera embarazada, ni nada”, señaló.

“Me daba rabia y le pedía a Dios poder olvidarlo, porque lo quería mucho. Pero no pasaba nada. Siempre me convencía y me decía ‘yo quiero verte, ven'”, agrega.

Actualmente, Nabila espera la adaptación de su casa a sus necesidades, tal como comprometió la presidenta Bachelet. Además, anuncia que le harán un negocio para que pueda continuar con su venta de muebles: “Eso me pone contenta, porque ya estoy saliendo adelante, no estoy siendo inútil como cuando llegué de Santiago (después de la hospitalización por las agresiones del año pasado). Entonces me sentía muy mal. Lloraba  todos los días, me daban crisis. Me preguntaba por qué yo, por qué me pasó esto a mí. No podía ver a mis hijos, no podía cocinar, no podía hacer nada; antes yo era una mujer autónoma, que hacía todo sola”.

Hoy, las cosas han cambiado para ella. Cuenta que se ha fortalecido después de todo lo vivido, pero aún guarda temores: “Antes era muy sumisa, todos me pasaban a llevar. Ya no. Ahora mando en mi casa; aunque estoy ciega, mando quién entra, quién llega. No confío en nadie que venga de repente.  Tengo un trauma. Si quedo sola con algún hombre, si no están mis hijos, me viene un ataque de pánico. Puede ser hasta mi hermano. No puedo estar sola con nadie. Como no veo, pienso que todos me quieren hace daño”.

Del mismo modo, sentencia que hoy no siente nada por Ortega. “De primera sentía lástima, ahora ni siquiera siento odio, es como alguien que no existió nunca”, sentencia. Y agrega que imagina su futuro saliendo adelante, con sus hijos y trabajo. “Ojalá que tenga alegría en mi corazón, que se sanen todas mis heridas”, agrega.