“No hay resurrección si (antes) no hay in-surrección”, dice el teólogo español José Ignacio González Faus, la misma emblemática cita que nos recuerda nuestra entrevistada; Lina Tudela, Licenciada en Ciencias Religiosas de la Universidad Católica e integrante de la Pastoral Ecuménica de Chile.

Lina es parte de un esforzado colectivo de voluntarios luteranos, católicos, cristianos y creyentes que luchan cada día por traducir las enseñanzas cristianas en prácticas comunitarias de político reconocimiento a la dignidad humana, un grupo comprometido con la justicia social. La organización nació en 1996 motivados por la discriminación, el estigma y desamparo de las personas afectadas por el VIH/SIDA, muchas de las cuales eran rechazadas por sus propias familias y comunidades espirituales, acusándolos de portar un “castigo de Dios”.

Para conocer el origen de la particular organización, las razones que motivan sus acciones y sus vinculaciones sociales – comunitarias, conversamos con Lina Tudela en víspera de la conmemoración de un nuevo Candlelight Memorial en Chile, fecha que recuerda a las personas fallecidas a causa del SIDA, acción de la sociedad civil que convoca la misma Pastoral Ecuménica en coordinación con la Plataforma Social del VIH/SIDA y los Derechos Humanos en Chile.

– Lina, ¿qué es la Pastoral Ecuménica, cuál es su historia y su trabajo específico?
– Después que aparecieron los primeros casos diagnosticados con VIH/SIDA en los años 80, las muertes inminentes y el miedo que esta realidad generaba, comenzaron a surgir organizaciones y grupos que hicieron visible una nueva realidad, dando la pelea para que el Estado reconociera la obligación que tenía de asegurar el derecho a la salud de estas personas y el reconocimiento de su dignidad. En medio de esta realidad nos encontramos con que había algunas personas que sentían un gran rechazo a todo lo que sonara a “religioso”. Frases como que el Sida era el “cáncer gay”, que era un “castigo divino”, entre otras, contribuían  al rechazo a lo religioso. Pero había también unos pocos que habían pertenecido a alguna comunidad, a alguna iglesia y cuando se supo de su diagnóstico positivo, fueron expulsados de sus comunidades, perdiendo amistades y contactos. La expulsión la vivían como que Dios los castigaba y por lo tanto Dios no los amaba. Esto aumentaba  el dolor, el miedo y la desesperanza en quienes estaban en etapa Sida y, por lo tanto, próximos a morir. El mayor dolor era el saberse castigados por toda la eternidad.

– ¿Esa fue una motivación para ustedes?
– Sí, porque estas experiencias impulsaron a algunas personas, en este caso cristianas, a dar una palabra de aliento, de esperanza y sobre todo de amor, de enseñar, de mostrar y de hacer sentir que Dios es amor y que ama sin limitaciones. Recuerdo que en una iglesia luterana, La Trinidad, en la comuna de Ñuñoa, comenzaron a hacerse encuentros con un pastor luterano argentino, Lisandro Orlov. Ahí surgió la necesidad de actuar en conjunto y articularse con otras, organizarnos. Junto a un teólogo católico holandés Jan Hopman y a Hildegard Maldonado, luterana, una alemana casada con un chileno, empezamos a constituirnos como Pastoral Ecuménica. En aquellos años tratábamos temas como la espiritualidad y el VIH/SIDA, dirigidos especialmente al mundo de iglesias, pastores, religiosas y religiosos. Empezamos a ir a colegios, comunidades y poco a poco fuimos desarrollando distintas actividades, también tuvimos nuestro paso por la penitenciaría, acompañando a personas privadas de libertad con VIH/SIDA. Las distintas realidades abrieron nuestros horizontes y empezamos con esfuerzo a desaprender tantos mitos e ignorancias. La idea era comenzar a conocer más allá de lo que nos habían enseñado en las comunidades. Temas sobre sexualidades, diversidad, género, políticas públicas y derechos sexuales, eran importante desde ese momento.

– ¿En qué redes se articulan y qué importancia tiene para ustedes la acción comunitaria?
– El trabajo comunitario y en redes es fundamental. Actualmente formamos parte de la Plataforma Social de VIH/SIDA y los Derechos Humanos y eso nos ha permitido relacionarnos con organizaciones de diferentes lugares del país, aprender y conocer otras realidades, cómo es la situación del VIH en regiones, cómo se enfrentan las problemáticas, por ejemplo de atención, de acceso a los condones, del trato del personal de salud a los usuarios. Hemos podido compartir experiencias ampliando así el horizonte para servir mejor a quienes recurren a nosotros. Por ejemplo: cuando una persona VIH+ está con dificultades nos preocupamos de buscar entre las organizaciones y/o profesionales la mejor ayuda que pueda tener y la ponemos en contacto. Pero eso no basta, hay que reconocer a las personas y organizaciones que han desarrollado un trabajo importantísimo en la incidencia en las políticas públicas. Por ejemplo, la Ley del Sida, y, la última modificación que se hizo en enero pasado que permite a los jóvenes menos de 18 años realizarse el Test sin el consentimiento de sus padres, eso es fruto de la iniciativa de organizaciones que trabajaron en este ámbito.

– ¿Por qué una pastoral para el VIH y las personas viviendo con VIH/SIDA?
 Yo creo que con el paso del tiempo y las nuevas realidades nuestra labor ha ido cambiando. Antes era acompañar al bien morir, a morir con dignidad. Luego, gracias a la triterapia, empezamos a acompañar para vivir mejor, que quien vive con el VIH/SIDA adhiera a la triterapia, que valore su vida y la vida de las otras personas con quienes se relaciona. Hay personas que acompañamos por un tiempo y luego toman sus rumbos y hay otras a las que continuamos acompañando. Y, por supuesto, seguimos con la prevención primaria y temas afines a la educación sexual.

– ¿Tiene alguna relación la espiritualidad con la salud sexual?
– Sí, por supuesto. La palabra “espiritualidad” se ha puesto muy de moda en los últimos años. Hay  personas que al ser consultadas por si pertenecen a alguna  religión responden que no, que no creen y hasta rechazan las religiones pero manifiestan tener una espiritualidad. Normalmente se suele definir a lo espiritual como lo opuesto a lo material y sin contacto entre ambas realidades y entonces surge una falsa e irreal oposición entre espiritualidad/sexualidad. Somos seres sexuados, sentimos placer y damos placer y también expresamos amor, sueños, esperanzas, propósitos, unión, compenetración. La espiritualidad es lo que anima y da sentido a toda nuestra existencia y significado a nuestro camino y en este ámbito creo que hay que difundir más el  pronunciamiento de la OMS, que dice que la salud sexual “es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad; no es meramente la ausencia de  enfermedad, disfunción o malestar. La salud sexual requiere un acercamiento positivo y respetuoso hacia la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de obtener placer y experiencias sexuales seguras, libres de coerción, discriminación y violencia. Para que la salud sexual se logre y se mantenga los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y satisfechos”. Estas palabras son claras porque queda de manifiesto que la salud sexual no sólo es el coito.

– ¿Por qué la Pastoral Ecuménica convoca a recordar la memoria de las personas fallecidas a causa del SIDA? ¿Se recuerda su muerte, las luchas sociales o el legado personal – colectivo?
– La primera vigilia que se hizo en el mundo fue en el año 1983, se realizó en memoria y solidaridad con quienes habían muerto de una “extraña enfermedad”. Han pasado 34 años y mundialmente se continúa con estas vigilias para recordar a quienes han muerto, denunciando el estigma, los tabúes y la discriminación que padecieron.  También es una forma de generar conciencia de la permanencia de esta epidemia que ha provocado millones  de muertes alrededor del mundo. Una vez más, las diferencias entre los países ricos y los países pobres generan desiguales posibilidades de acceder, por ejemplo, a la triterapia y con ello aumentar o disminuir las expectativas y la calidad de vida. Hay una gran injusticia porque pareciera que hay vidas humanas que valen menos y no importa si mueren. Por esas vidas también encendemos velas y hacemos un llamado a superar las injusticias sociales que atentan contra miles y miles de seres humanos.

– ¿Chile está en deuda con las personas afectadas por el VIH/SIDA?
– Sí, en nuestro país aún no hay condones femeninos, sin embargo, en otros países se entregan gratuitamente como parte de la política pública en salud. En Chile las campañas para prevenir el VIH duran pocas semanas y en horarios poco visibles y además con el eterno problema de si algunas iglesias se opondrán. Todavía no se realiza la campaña del año pasado y estamos a la espera de una nueva campaña de prevención pero no sabemos cuándo aparece. Este año 2017 se oficializó que los menores de edad podrán realizarse el test de Elisa sin el consentimiento de sus padres, buscando fomentar la realización del examen para detectar tempranamente el VIH y así disminuir su transmisión. En definitiva, las vigilias nos permiten no sólo recordar, rememorar y agradecer a tantos y tantas que lucharon para mejorar la calidad de vida de millones de personas, sino también para  hablar de las distintas realidades asociadas al VIH/SIDA y dar una esperanza de una vida mejor acá, no en el más allá.

– ¿Por qué se decide realizar la actividad en un lugar cerrado, en una dependencia de la Iglesia Católica como es la Iglesia San Francisco y no en un espacio abierto – público?
– Hace muchos años se hacía en iglesias de distintas denominaciones y a veces era difícil conseguir las autorizaciones, tramitaban mucho, respondían a última hora, no era un tema fácil. A veces los lugares eran bastantes alejados del centro de Santiago. Esto era importante porque para esta fecha diversas agrupaciones organizaban marchas por el centro hasta la Plaza de Armas, caminando por Ahumada. Recuerdo que se hacían instalaciones artísticas, ferias, entre otras acciones públicas,  visibilizando así la realidad del VIH/SIDA en el país. Nosotros no queríamos dejar de participar de dichas actividades porque sentíamos que era fundamental sumarnos y hacer más fuerza frente a las autoridades y ciudadanía. Entonces, nos acercamos a los hermanos franciscanos para pedirles el templo de la Iglesia San Francisco. Ellos nos acogieron amable y cálidamente. Desde entonces se volvió casi una tradición realizar la vigilia o candlelight en la iglesia San Francisco. Hace unos años decidimos innovar y hacer la liturgia en las afuera del templo, en el espacio público. Esto no fue comprendido por algunos participantes quienes pensaron que los franciscanos nos habían negado el permiso, otros nos reclamaron porque querían la ceremonia dentro el templo, como espacio o lugar sagrado. Anteriormente realizamos las liturgias en alguno de los altares laterales y también recibimos los reclamos de algunos asistentes, entonces optamos por continuar haciendo la liturgia dentro del templo y en el altar central. Es importante señalar que entre quienes asisten hay de distintas creencias y también no creyentes.

– ¿Qué dificultades, críticas y/o tensiones han tenido al interior de la Iglesia Católica por la realización de esta actividad y el compromiso público con las personas afectadas por el VIH/SIDA? No ha sido fácil nuestra labor porque hemos debido enfrentar no sólo la sospecha del mundo de las iglesias por abordar el VIH y las sexualidades, sino también por los reproches a la iglesia por los prejuicios, condenas y falsa moralidad como si todo eso fuera nuestra responsabilidad y nosotros los representantes de la Iglesia Católica. Desde los inicios y, por la variedad de opciones creyentes, se optó por formar una pastoral ecuménica. Si hubiera sido “católica, apostólica, romana”, habríamos tenido que seguir los lineamientos de la Iglesia Católica y aceptar “un asesor”. Nosotros valoramos la independencia que nos ha permitido actuar con libertad. Reconocemos que ha habido distintos sacerdotes católicos que han apoyado el trabajo y han participado en las liturgias, especialmente en los años más duros y difíciles. De todas maneras no ha sido fácil tratar el tema del VIH/SIDA en las comunidades eclesiales en general.

– ¿Por qué ha sido complejo?
– Porque el VIH/SIDA tiene que ver con la sexualidad y  las sexualidades continúan siendo un tema tabú, un tema lleno de prejuicios, desconocimiento y al que se le asigna una carga moral enorme. El tema de la homosexualidad sigue siendo el más difícil de aceptar. La formación o deformación en el ámbito del amor y la sexualidad plena como manifestación, expresión y disfrute y goce del amor.

– ¿En qué consistirá la actividad del 19 de mayo? ¿Qué se recuerda en este 2017?
– Nos reuniremos para participar en una rogativa mapuche.  El VIH no discrimina, a todos nos afecta y los pueblos originarios y tribales no son una excepción. La mayoría de nosotros tenemos sangre mapuche y como una forma de reconocimiento y respeto acudimos a su religiosidad, su medicina, la rogativa nos introduce en el espacio sagrado de nuestras tradiciones más profundas, la salud que envuelve al ser humano en su integridad, con la comunidad  y con sus ancestros. Ojalá otras tradiciones puedan también expresarse y participar da una gran ceremonia en que nos reconozcamos miembros de la familia humana. Luego ingresaremos al templo donde recordaremos, cantaremos y encenderemos velas. Al finalizar, caminaremos hacia la pileta donde depositaremos las velas y  las dejaremos como testimonio de la vida de quienes murieron y como luz de esperanza que nos alumbre en la oscuridad y nos guíe para tomar conciencia de nuestra responsabilidad con nosotros mismos y con los demás. Nosotros y nosotras decimos: “Si amas a tu prójimo como a ti mismo, usa condón”.