Brasil políticamente es un país sísmico. La revelación de grabaciones realizadas por uno de los dueños de JBS, una de las empresas productoras de carne más importantes del país, en donde el Presidente Michel Temer aprueba la mantención de una mesada a Eduardo Cunha, el ex presidente de la cámara de diputados que está preso por corrupción, para comprar su silencio, es el marco del más reciente terremoto político de ese país.

Hace pocas semanas el propio Temer reconoció que la reciente destitución de Dilma Rousseff fue producto de una venganza de Eduardo Cunha frente a la negativa de la presidenta de apoyarlo ante las múltiples acusaciones de corrupción que se acumulaban contra el parlamentario. Según esta confesión, el gran error de Rousseff habría sido no aceptar el chantaje de Cunha, quien tenía el poder de viabilizar el pedido de destitución de la ex presidenta por encabezar la Cámara de Diputados. Temer no cometería ese error, por eso incentivó al empresario a mantener el esquema de financiamiento ilegal a Cunha. Sin embargo, este “resguardo” no evitará la caída de Temer tan sólo a un año de haber asumido la presidencia en reemplazo de Rousseff.

La cuestión es cómo saldrá Temer de la presidencia. Evitará papeleos y renunciará, pese a que el día jueves afirmó vehementemente que no lo haría o caerá a través de un nuevo proceso de impeachment. Lo único claro es que Temer no cuenta con piso político para mantenerse en el poder. Sus principales activos se han diluido: el mundo empresarial es responsable por las grabaciones; los medios de comunicación, que hasta ayer contribuían a blindarlo, lo desnudaron divulgando la conversación; y finalmente el Congreso ya no lo apoya. Su propio partido venía amenazándolo, temerosos de pagar un costo demasiado alto por apoyar las reformas impopulares que el gobierno busca implementar (cambio en el sistema previsional y flexibilización de las leyes laborales), su principal aliado, el partido social-demócrata brasileño vio como una de las aristas de las grabaciones era precisamente el pedido por parte de Aécio Neves, ex candidato presidencial y líder del partido, de 2 millones de reales al empresario para financiar los costos de su defensa ante las acusaciones que lo vinculan con el caso de la “Lava-jato”. Neves es el principal puente entre el PSDB y el gobierno, con su caída lo más probable es que este partido lo abandone.

Temer no sólo es el presidente más impopular de la historia, sino que tal vez además acumule el record del gobierno más breve. Sin embargo, su salida no necesariamente resolverá la crisis política brasileña. De hecho, lo que corresponde, según la Constitución, es que una elección indirecta por parte de ambas Cámaras elija a un nuevo presidente por lo que resta de mandato. El Congreso es una de las instituciones más deslegitimadas por las acusaciones de corrupción, por lo que un nuevo mandatario elegido en su seno arrastraría esa falta de credibilidad. Por otra parte, ha ganado fuerza el llamado en las calles a “elecciones directas”, lo que sin duda ayudaría a descomprimir el ambiente y le daría más legitimidad a la nueva autoridad, pero esa opción requiere de una enmienda constitucional que ya está siendo discutida en el Congreso. Sin embargo, en ese escenario el candidato mejor posicionado continúa siendo el ex presidente Lula, a pesar de que su figura ha sido bombardeada con acusaciones que buscan implicarlo en los casos de corrupción. Aunque las mismas no han sido contundentes, por carecer de pruebas concretas, no es seguro que el poder judicial permita su candidatura (de hecho, en el caso de Rousseff no fueron necesarias pruebas para sacarla de la presidencia). Si se impide la candidatura de Lula probablemente la crisis política se profundice.

Todo parece indicar que las réplicas de este terremoto continuarán.


Dr. en Sociología y director del Magíster en Sociología de la Universidad Alberto Hurtado.