Cuando le propusimos la entrevista a nuestro contacto nos respondió de inmediato: o nos entrevistas a todos o a ninguno. Asumimos el desafío y nos reunimos con la compañía teatro itinerante “Carro Cultural de Intervención Nómade” o simplemente, “Carro Nómade”.

Se trata un conjunto de jóvenes creadores que armados de alegría y convicción se han propuesto sacar el teatro de su encierro elitista tradicional para llevarlo “a domicilio” directamente a cuanto barrio popular se les ha puesto por delante. En base a la autogestión y la organización horizontal estos sub30 han conseguido no sólo ponerle ruedas a las tablas sino que más aún, generar una original propuesta de artes escénicas que se asienta en un carro construído por ellos mismos capaz de adaptarse a las más diversas expresiones artísticas y necesidades de las comunidades donde intervienen.

Han descubierto que el teatro no estaba muerto sino que sólo dormido en la memoria popular. Se financian a la gorra, se funden con el público y militan firmemente en el teatro independiente y en la creación popular. Estas son las ideas que nos compartieron las actrices Camila Godoy (25), Josefina Langdon (26) y Macarena De La Fuente (25); los actores Sebastián Ramírez (28), Francisco Varela (30) y Juan Cabrera, fundador del proyecto quien nos acompaña vía telefónica (27); y, la estudiante de diseño en ambientes, Daniela Guerrero (20). Sólo faltó Rodrigo Calderón (24), quien vive en Talca y viaja cada vez que puede a sumarse a las “salidas” del Carro Nómade, como le llama el grupo a sus míticas intervenciones itinerantes.

– Juan, ¿cómo surge Carro Nómade?

Juan Cabrera: Yo siempre tuve el sueño de tener una sala de teatro itinerante, que pudiera sacar el teatro de las salas de teatro que es un lugar donde normalmente asiste la misma gente ligada al círculo de actores o de la élite que consume cultura. Desde que salí de la escuela de teatro pasaron mas menos dos años hasta que me propuse hacerlo. Con el primer equipo juntamos un poco de lucas y nos pusimos a construir el carro. Algo así como un año después llegó el Yiyo (Rodrigo Calderón) con una obra que montamos en Talca, donde él vive actualmente.

Luego de eso, el equipo original se separó pero hacia el 2016 se suma el Seba Ramírez con el que somos grandes amigos y compartimos ideas afines. Con él y el Yiyo armamos una obra corta basado en un cuento anarquista, “Gallinas”. Por esas fechas también se sumó la Cami Godoy que trajo la iniciativa de cuenta cuentos “La Loba”.

Entre los cuatro fuimos afiatándonos a medida que teníamos salidas y también fuimos encontrando amigos en el camino, como es el caso del Pancho (Francisco Varela) que trabaja en Revista Bambalina y que siempre se mostró muy interesado en apañar nuestro trabajo. Una cosa llevó a la otra y terminamos haciendo salidas juntos, como en el verano que fuimos al Festival Escena Libre.

En la etapa más reciente sumamos a la Maca como productora, pega que hasta ahora había sido muy deficiente en nuestro trabajo. Nos hacía mucha falta una persona que con un ojo “externo” pusiera orden y tomara la batuta en toda la organización que implica el despliegue del carro.

– La itinerancia implica para las artes escénicas un desafío de producción especialmente intenso que normalmente es ajeno para el actor promedio que se limita a ensayar y actuar. ¿Cómo viven en Carro Nómade esta dimensión de su trabajo?

Camila Godoy: En un comienzo, cuando eramos sólo Yiyo, Juan, Seba, y yo nos costó mucho agarrar ritmo y organizarnos, pero igual lográbamos funcionar repartiéndonos las tareas. Si bien esto nos permitía hacer exactamente lo que queríamos, nos mantenía funcionando al límite porque hacernos cargo de toda la pega además del montaje mismo es muy agotador. Mover el carro implica no sólo moverlo físicamente, sino que preocuparse de instalarlo, de la difusión, de conseguir alguna retribución en la medida de lo posible, así que terminamos concluyendo que la función de producción o coordinación general era muy necesaria para nuestra pega.

 ¿Y en lo propiamente actoral? ¿Cuáles son los desafíos más importantes?

Camila Godoy: Yo creo que estar presente, consciente, del contexto que rodea el montaje y la instalación del carro. En Carro Nómade no puedes simplemente subirte al escenario y olvidarte de dónde estás.

Además está la estructura misma del carro. No se trata de un escenario donde yo estoy por sobre el espectador y pongo la cuarta pared para hacer como que no me están viendo. Eso no es posible. En el carro tenemos al público a un metro de distancia y eso hace que esté todo muy vivo. Por ejemplo, cuando yo hago el cuento de “La Loba”, tengo al público encima lo que me permite ver sus reacciones, los niños a veces hacen acotaciones, me hablan. Y uno está obligado a jugar con eso, no puedes hacer como que no está sucediendo, porque el público, la calle, la población están vivos.

– ¿Cómo es en general la recepción de las artes escénicas itinerantes en Chile?

Juan Cabrera: Tenemos una evaluación positiva, pues lugar al que vamos somos muy bien recibidos. Nosotros hemos tenido la oportunidad de vivir distintos tipos de experiencias, trabajo comunitario en poblaciones de la ciudad, lugares alejados de los círculos de teatro y también, festivales. En estos últimos hemos recibido el apoyo y reconocimiento de nuestros pares, otras iniciativas callejeras, como por ejemplo de la compañía Pato Gallina, con quienes hemos podido compartir experiencias.

¿Perciben algún tipo de rechazo por parte de lo que podríamos llamar “teatro tradicional”?

Francisco Varela: Es que uno también es parte de ese “teatro tradicional”, más que mal también tenemos escuela y de hecho, en lo personal, también hago teatro en sala. Pero es cierto que hay una porción de artistas que está totalmente en otra, escondidos y dedicados básicamente a enriquecer el ego como pasa en todas las expresiones del arte. Terminan encerrados en un museo con un públio de elite. Nosotros tenemos objetivos distintos. Lo que estamos haciendo es entregar un mensaje político, social, comunitario que es lo importante.

 ¿Hay algo de subestimación del público popular por parte del teatro tradicional?

Francisco Varela: Es culpa del arte en general igual. Hay muchos espacios autogestionados, casas culturales maravillosas donde cuesta luca la entrada o aporte voluntario y tampoco hay una afluencia masiva de público popular. Hay que ir más allá, como lo hacemos en el carro: ir al territorio y entregarlo, porque en la educación actual no están las herramientas para que la gente vaya por si misma a buscar el arte. Y sin embargo, cuando haces el esfuerzo de llevarlo al territorio, te das cuenta que el teatro todavía está vivo en la memoria colectiva, escuchamos mucho reacciones como “Oh mi papá veía teatro como este!”

Daniela Guerrero: Yo he sentido que hay muchas personas que creen que el teatro es únicamente para la gente que tiene plata. Si uno ve la tele lo único que se encuentra son teatros caros como Mori. Nosotros estamos para romper con eso, para llegar a la calle y mostrar que el teatro es para todos.

Josefina Langdon: Además esa es la única forma de que en las poblaciones se genere la necesidad de volver a ver teatro. En los espacios más elitizados no se genera eso, yo siento incluso que hay mucho teatro “para actores”, en un lenguaje muy hermético.

– Ustedes mencionan mucho llevar el teatro a “la población”, y dicho así parece un lugar un tanto mítico. Nos gustaría saber, ¿Cómo comprenden ustedes el territorio donde se insertan? ¿Qué elementos tienen que encontrar para decir “mira, ahí vamos a poner el carro”?

Macarena De La Fuente: Lo central es acceder a lugares donde exista una comunidad, que se puede formar en cualquier lugar. A veces es una plaza, donde los niños juegan o los vecinos se juntan. Por ejemplo, donde vive el Pancho hicimos una fiesta de navidad donde todos los vecinos colaboraron y el carro sirvió de plataforma.

Camila Godoy: Estoy de acuerdo, eso es “la pobla” en el imaginario del carro. Un territorio donde la gente está al menos un poco organizada y consciente de las necesidades de sus niños, de sus ancianos. Y no solamente conscientes de las necesidades, sino también de la riqueza de las relaciones humanas.

– ¿Cómo ven la relación entre las artes escénicas y los movimientos sociales de los últimos años? ¿Creen que hay alguna conexión, que se han influido mutuamente?

Camila Godoy: Yo creo que es algo que está resurgiendo con harta fuerza. Es cosa de ver las marchas y notar la enorme cantidad de expresiones artísticas que contienen. Los carteles, las danzas, los carnavales, los monos gigantes te hablan de una expresión artistíca muy fuerte. Y no creo que eso haya muerto sino que se ha invisibilizado por mucho tiempo.

A mi misma me pasó que, hasta que me incorporé a una comparsa el año pasado, creía que en Santiago no existían carnavales. Y la verdad es que existen muchos carnavales populares, que vienen funcionando hace muchísimos años sin pedirle permiso a nadie. Pienso por ejemplo en el de La Legua, el de Cerro Navia, el de La Pincoya. No hay que dejarse comer por el cerco comunicacional, hay que salir y ver que la expresión popular está viva aunque te quieran hacer creer lo contrario.

– ¿Ésta es la ocupación principal de alguno de ustedes?

Todos: No, todos tenemos que trabajar en otras partes.

JC: ¿Cómo perciben la realidad laboral de los actores en Chile?

Francisco Varela: Es cosa de ver como se están muriendo los actores viejos, que son actores exquisitos que tenemos: pobres. Al menos en mi caso, ni siquiera boleteo.

Sebastián Ramírez: Cada vez hay más cupos para estudiantes de teatro y menos cupos de trabajo. Las escuelas están ofreciendo algo que no existe, no hay campo laboral para la actuación a menos que optes por hacerte un camino propio como el nuestro y estes dispuesto en paralelo a hacer pegas de mierda para mantenerte. En Chile prácticamente no existe la libertad de elegir este oficio.

 Sebastián, ¿Cómo afecta el tema del financiamiento en las creaciones del Carro Nómade?

Sebastián Ramírez: Tocas un punto muy interesante. Por un lado, nuestro proyecto es muy realizador. Al menos personalmente yo creo que no hay nada más placentero que ir a un lugar, presentar tu trabajo, pasar la gorra y no pagarle un sólo peso al Estado. Y por otro, así como es placentero es también más dificil obviamente, porque hacer tu trabajo “a la gorra” implica que no toda la retribución será económica sino que tienes que estar dispuesto a recibir a cambio la solidaridad, la experiencia comunitaria de las poblaciones.

Y eso nos ha servido mucho. Quizá a veces nos dicen “cabros, no hay moneas”, pero de alguna forma igual sale la bencina para el auto, nos alimentan hasta que no podemos más y sobre todo, se generan redes de trabajo en la que cobra sentido la dimensión social de teatro.

El asunto económico es un arma de doble filo. En una experiencia con el Consejo de la Cultura tuvimos muchos roces en términos de contenido, de autoría, de autonomía. Es un tema muy complejo, en el que para defenderte no puedes tranzar los contenidos de tus proyectos.

 Considerando la dimensión de producción y del contenido social del proyecto, ¿Qué consideran que son ustedes? ¿Actores, creadores, trabajadores del arte?

Camila Godoy: Yo al menos no me considero actriz. Tampoco me declaro una artista porque me parece demasiado. Pero si puedo decir que muevo mi que hacer cotidiano desde el arte, sobre todo en mi otro trabajo que es con niños.

Macarena De la Fuente: Yo creo que el término actriz o actor es el título de la carrera, pero en realidad el actor tiene que ser productor, director, dramaturgo. Si sólo actúa, está incompleto.

Daniela, tu eres la única de Carro Nómande que no viene del mundo de la actuación y además, eres la de menor edad ¿Cómo es trabajar en este proyecto? ¿Qué te llevó a sumarte?

Daniela Guerrero: Es súper entretenido porque además de trabajar y aprender con ellos se crea una conexión social como dice el Seba con la gente que nos va a ver, a apoyar sin buscar nada a cambio, que pienso es mucho más rico que presentar tu obra por que sí o sólo por plata.

Yo me acerqué al teatro gracias a Revista Bambalina, ahí conocí lo que es ser actriz, productor, la iluminación, etc. y finalmente, fue lo que me llevó a estudiar diseño de ambiente que pretendo enfocarlo en teatro. En Carro Nómade he aprendido que al final actriz, productor, o lo que sea son etiquetas no más porque al final somos todos trabajadores de un mismo proyecto que tenemos en común. Eso es lo que permite que no haya ningún problema en trabajar con puros actores o que sean más grandes que yo.

– Francisco, ya que se menciona, por favor cuéntanos de qué trata Revista Bambalina.

Francisco Varela: Yo también soy actor y en algún momento me di cuenta que un problema grave del teatro autogestionado es la difusión. Revista Bambalina es un proyecto que pensamos con Daniela para invitar gente al teatro, para difundirlo. Es un medio escrito, autogestionado y de distribución gratuita. En mayo cumple 3 años y seguimos sin parar, buscando nuevos métodos de cómo difundir.

Para nosotros es bien importante difundir nuestro trabajo a nuestros pares, sea teatro, música, danza, lo que sea. Por eso es tan valioso acoplarnos a Carro Nómade y poder participar de festivales como Escena Libre, Santiago a la Gorra, etc., pues nos permite intercambiar experiencias con otros creadores independientes.

 ¿Qué viene el 2017 para Carro Nómade?

Sebastián Ramírez: Cometimos el error de apresurarnos con el estreno de “Efecto Invernadero”, salió un poco verde y el resultado no nos dejó conformes. Queremos meterle mano a eso, extender la obra y reestrenarla en agosto con el carro ampliado para que entre más público. Paralelo a eso, siempre nos están invitando comunidades. Tenemos pendiente ir al colegio Paulo Freire, a la Vega, a Escena Obrera que hace teatro en sindicatos.

– ¿Qué es lo que más les ha marcado de Carro Nómade hasta el momento?

Camila Godoy: A mi me ha dejado la capacidad de reinvención. Ese desafío de estar en constante contacto con las personas, el saber estar, implica sobreponerse a cualquier cosa que se interponga. Además, a mi me ha marcado mucho el concepto mismo del “nomadismo” que implica llegar a una comunidad, hacer la pega y partir a la próxima. Juan ha sido muy importante en transmitirnos esa idea.

Sebastián Ramírez: A mi me ha marcado mucho el aprender a trabajar y relacionarse de forma horizontal. También el aprendizaje de resistencia, el entender que el oficio, las salidas, quizá no nos van a dar siempre el pan pero nos van a dar algo que es mucho más grande.

Francisco Varela: Yo destaco mucho el trabajo en comunidad que se da en las salidas del Carro Nómade, que es una familia al final. Aquí se entiende muy bien que ser actor es un oficio no más y no te impide hacer de todo para que el proyecto común funcione.

Macarena De La Fuente: A mi me ha marcado el efecto que causa Carro Nómade en las comunidades, sobre todo en los niños y en la gente mayor. Verles las caras cuando estamos trabajando nos demuestra que se puede y nos anima a seguir.

Josefina Langdon: Yo trabajo ocho horas diarias en un trabajo donde me siento super reprimida como mujer y como trabajadora. Desde esa perspectiva, el Carro Nómade me permite experimentar muchas cosas desde la libertad que en muchos lugares se censura. En el Carro Nómade no nos juzgamos, no nos censuramos y eso permite un equilibrio único en base a una experiencia compartida, entre nosotros y entre nosotros y el público que es parte central de nuestra pega. Eso es lo más gratificante.

Daniela Guerrero: El Carro Nómade me permite sentir un compañerismo que hasta ahora no había sentido y al mismo tiempo me entrega herramientas que no aprendería en mi otro trabajo ni en mis estudios.

Original en Aurora Roja.