Noche tras noche, las mismas imágenes se repetían: las puertas de Colonia Dignidad abriéndose para Olga Weisfeiler y una fila de colonos esperándola.

A ella solo le interesaba identificar a uno: su hermano Boris, el mismo que había visto por última vez en el funeral de su padre en Budapest y que desapareció cerca del enclave alemán de Paul Schäfer en 1985. Olga no sabía si, entre las torturas y las drogas, él la podría reconocer. Ni siquiera estaba segura de si seguiría reconociéndose a sí mismo.

Noche tras noche, en la pesadilla que la siguió durante años, el encuentro nunca se producía, ya que ella tampoco era capaz de reconocer a su hermano perdido.

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Boris Weisfeiler, nacido en 1941 en la Unión Soviética, era un matemático de una promisoria carrera.

Realizó sus estudios en el Instituto Steklov de Leningrado, pero pronto tuvo que abandonar la URSS acusado de antisoviético por no querer firmar una carta en contra de uno de sus colegas. Su hermana Olga fue quien le hizo sus maletas para un viaje a Estados Unidos que marcaría una nueva etapa en su vida.

En 1981 fue nacionalizado estadounidense, y siguió su carrera uniéndose a la Universidad de Pensilvania. Según un artículo de El Mostrador, en este momento Boris vivía el peak de su carrera, con una publicación en la prestigiosa revista Annals of Mathematics titulada “Strong approximation for Zariski-dense subgroups of semi-simple algebraic groups”.

En ese tiempo, para ver a su familia tenía que viajar a Budapest, ya que en la Unión Soviética era imposible. Olga Weisfeiler aún recuerda su último encuentro, en el funeral de su padre en 1984, al cual él llegó algo atrasado por haber aterrizado ese mismo día en Hungría. Sería la última vez que se verían.

Amante de viajar, en la víspera de navidad del ’84, Boris Weisfeiler viajó a Chile. A su regreso a Estados Unidos, planeaba publicar un manuscrito de 70 páginas con los resultados más relevantes de sus investigaciones.

Sus deseos se vieron interrumpidos ya que, el 4 de enero de 1985, se le perdió el rastro.

Como consta en documentos de la época, cuando Carabineros supo que había un extranjero en las cercanías del río Los Sauces, pensó que se trataba de un “extremista” de izquierda, algo que según testigos de la época pudo haber producido una sobrerreacción.

Lo cierto es que Carabineros informó que el 15 de enero había encontrado una mochila verde a las orillas del río, la cual pertenecería a Weisfeiler -pero que sospechosamente no contenía sus documentos-. La versión que hicieron circular fue que el turista probablemente se había ahogado al intentar cruzar, sin éxito, el río Los Sauces.

En ese tiempo también se emitió un memorandum que hablaba de la proximidad del cruce entre los ríos Los Sauces y Ñuble con Colonia Dignidad. Este fue el mismo documento que hizo que Olga Weisfeiler, quien tenía una vaga idea de lo que era Chile, se enterara de la existencia del enclave alemán de Paul Schäfer.

Pero aún no sabía lo peor. Cuando en el año 2000 los Estados Unidos desclasificaron los documentos en torno al caso de su hermano. Entre ellos, había un testimonio de un ex militar de Colonia Dignidad que hablaba de cómo a un ciudadano ruso lo habían llevado hacia el recinto y habían sospechado que se trataba de un espía judío.

También había un dibujo que mostraba la cercanía del lugar donde vieron a Weisfeiler con la entrada a la Colonia:

Al ver toda esta información, Olga Weisfeiler empezó a buscar información de Colonia Dignidad. “De alguna forma, había algunas cosas en la prensa rusa. Hablaban de una colonia extraña en Sudamérica y de Paul Schäfer. Después vi algunos informes de posibles crímenes y, al leerlos, supe que Boris no había muerto en el río. Carabineros de alguna forma había estado involucrado en su destino”, dice en conversación con El Desconcierto.

[Podría interesarte también el artículo de El Desconcierto: “Los aberrantes discursos secretos que Schäfer dio a los niños en su poder”]

La visita

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El 27 de noviembre de 2004, Olga Weisfeiler tuvo al fin la oportunidad de visitar Colonia Dignidad. Hasta ese momento, una parte de ella aún creía que su hermano estaría vivo, tal como en su pesadilla.

Fue un furgón el que llegó con también otros familiares de víctimas de Parral, como Luis Aguayo Fernández y José Hernán Riveros. También iba a bordo Adriana Heyder, hermana de Osvaldo Heyder, un militar que, como relató el periodista Carlos Basso, hizo frente a la DINA.

Olga iba acompañada por la periodista Pascale Bonnefoy, quien relató la visita en un artículo del diario La Nación titulado “¡Qué poca dignidad!”.

En ese texto habla de cómo una mujer alemana recibió al furgón y, al oír el apellido Weisfeiler, quedó completamente pálida.

“Fue como si hubiese visto a un fantasma”, recuerda Olga en conversación con El Desconcierto. Además recuerda el cinismo de la visita: “Algunos oficiales de la Colonia nos ofrecieron cosas para tomar, galletas, y nos llevaron por un tour en la Colonia, incluido el lago. No solo yo, sino otras personas también, sentimos que todo era un pueblo fantasma, con cuerpos enterrados. Era una vista absolutamente hermosa, pero por ser un lugar de muerte y tortura, la belleza no funcionó para nosotros”.

Olga siguió el tour decepcionándose cada vez más al ver las casas vacías, el hospital vacío, gente escondiéndose. “Cada pieza parecía que al cerrarse la puerta se escucharan gritos. Causaba escalofríos. En toda la visita no pudimos ver a nadie que hablara”, dice.

Ahí fue que acabó la única luz de su pesadilla: “Mi profunda esperanza de que estuviera vivo ahí se había ido. Lo que necesitaba ahora era buscar un cuerpo, restos. ¿Alguna vez los encontraré? No lo sé. No sé cómo quebrar esta muralla. Pero necesito saber la verdad”.

[Revisa también el artículo de El Desconcierto: “Viaje a las heridas de Colonia Dignidad”, sobre la visita que otros familiares hicieron el año pasado al recinto]

Una vida de búsqueda

Todas las mañanas Olga Weisfeiler lee la prensa chilena incluso antes que los chilenos. Asegura que tiene muy pocos amigos, solo los que han podido aguantar que su vida gire en torno a este caso. “La gente me dice ‘tienes que parar, vivir tu vida’. Pero básicamente no puedo hacer nada además de esto. Algunas labores, investigaciones que tenía que hacer, no puedo hacerlas. Traté de aprender español y no puedo porque estoy bloqueada para cualquier cosa que no sea esto”, dice a El Desconcierto, en un inglés con acento ruso.

Este es su viaje número 17 a Chile -el único lugar al que viaja- y se enmarca en un proceso de alegatos por la decisión del juez Jorge Zepeda de absolver en 2015 -con sentencia dictada en 2016- a los ocho imputados que él mismo había procesado en 2012 por este caso. Esto porque rechazó la idea de que el caso de Boris Weisfeiler fuera de Derechos Humanos y lo catalogó como un crimen común, ante lo cual correspondía aplicar la preescripción.

[Revisa también la columna que Olga Weisfeiler publicó en El Desconcierto: Mi búsqueda de verdad y justicia para mi hermano Boris Weisfeiler]

-¿Cuál fue su reacción al ver esta decisión?
-Nunca esperé nada bueno del juez Zepeda, pero fue algo devastador. Ni los abogados, ni la comunidad de Derechos Humanos de Chile, ni yo estábamos esperando algo así. Él contradijo su propio fallo en 2012 cuando acusó a ocho personas por complicidad. Y de un minuto a otro pasó a ser un crimen común y se aplicó la prescripción. Sin ningún culpable. Algo absolutamente ridículo después de 16 años de investigación.

-¿Qué le ha parecido el proceso de investigación?
-Actualmente no sé nada más, ni siquiera un poquito más, que hace unos años atrás. ¿Mi hermano fue asesinado de inmediato? ¿Estaba vivo, como dijeron, o no? ¿Fue asesinado en Colonia Dignidad o llevado a otra parte? ¿Dónde? Van 16 años de investigación judicial, con oficiales de la PDI, y no han llegado a nada. Hubo ocho personas relacionadas, además de algunos locales. Ellos vieron a mi hermano, ¿qué pasó ahí? Alguien tiene que haber sabido algo, pero la investigación ha llegado a nada.

-¿Cómo evalúa el actuar de las autoridades?
-Mal. Yo tengo páginas de nombres que he conocido en Chile. He escrito cartas a Bush, a Obama, a Lagos, a Bachelet como ministra, a ella en su primer gobierno, al Consejo de Defensa del Estado, sus presidentes, abogados, a la PDI, sus directores, periodistas, familiares de desaparecidos, organizaciones de Derechos Humanos, y así podría seguir. De nuevo, nada. No tengo nueva información.

-¿Vio la película de Colonia?
-Sí, la ví.

-¿Qué le pareció?
-Mmm se queda corta. Es una película de entretenimiento. Hay algunos hechos reales, otros pulidos. Pero alguna gente, que no conocían el lugar pero saben cuál es mi opinión, me dijo que lo que vieron en la película les pareció tenebroso.

-¿Qué opina de que Colonia Dignidad, Villa Baviera, siga funcionando?
-No sé si me importa el tema “Colonia Dignidad o no Colonia Dignidad”. Lo que yo necesito encontrar a mi hermano y saber qué le pasó. Porque de nuevo, de acuerdo con documentos él estaba vivo antes de ser raptado. Lo que sí me afecta es que ese lugar no haya sido investigado.

-¿Espera recibir alguna respuesta con estos alegatos que se presentarán a la decisión del juez Zepeda?
-Ya no espero recibir respuestas. Se ha vuelto más difícil para mí venir acá física y emocionalmente. Son 17 veces que he venido a Chile y he gastado tiempo, dinero, energía. Cuando vuelvo tengo que recuperarme por un tiempo para volver a estar funcional. Esta audiencia que tendremos próximamente la han ido posponiendo y aún no la hacen.

Olga luego recuerda cuando esa última visita a Budapest de su hermano. “Boris pasó gran parte de ese tiempo con mi hijo, con quien se llevaba muy bien y le encantaba enseñarle matemáticas. Yo les dije que cuando volviera a viajar, quizás el próximo año, se podrían ver de nuevo. Nunca tuve esa oportunidad… Y uno no puede retroceder el tiempo”.