– “Siempre me visualicé teniendo hijos pariéndolos, y creo que una persona cuando llega al mundo decide venir de la forma más natural posible“.

“A mí la palabra natural me preocupa un poco porque, en realidad, los partos son vaginales o abdominales. Soy obstetra, soy hombre, y quiero que el parto salga bien… y ojalá que se cumplan las expectativas de las mujeres”.

Son las dos miradas que contrapone el documental de la argentina Florencia Mujica “Parir”, que se estrenó la semana pasada en Buenos Aires. El choque entre la voluntad de las madres a la hora de dar a luz y las prácticas llevadas a cabo desde el sistema de salud son la materia prima de esta cinta que pone el foco en una de las formas de violencia contra las mujeres más silenciadas: la obstétrica.

El documental, que sigue la historia de tres mujeres embarazadas y las acompaña desde las consultas hasta que dan a luz, es una coproducción argentino-venezolana y contó con la participación de la organización feminista Las Casildas.

En Chile se estrenará en junio, con funciones previstas para el viernes 16 a las 18h en el Auditorio Biblioteca de Santiago, el sábado 17 a las 11h en el Centro Cultural el Bosque y otras tres citas más que aún están por confirma y que se darán a conocer a través de la organización Parir(NOS).

Florencia Mujica habló con El Desconcierto sobre las motivaciones de hacer un documental sobre este tema, de las particularidades de los casos escogidos, de la crudeza de las escenas en las salas de parto y de los miedos que vive una mujer a la hora de parir.

¿Por qué un documental sobre violencia obstétrica?

En Argentina no había documentales hechos en relación al parto y al nacimiento en general. Sobre violencia obstétrica, aun menos. Soy documentalista, estoy vinculada con el tema desde hace muchos años,  y me pareció central producir un documental que abordara la temática.

Fuiste mamá un poco antes de empezar con este proyecto. ¿Cómo ha influido tu maternidad en eso?

Me encontré con una realidad que desconocía. Cuando quedé embarazada empecé a buscar opciones sobre dónde quería tener a mi hija y me encontré con que los partos, en las instituciones, eran muy intervenidos. Yo no quería eso y empecé a buscar otras opciones. A partir de ahí nació la idea del documental y fue un proceso largo desde ese momento hasta ahora, que mi hija ya tiene cinco años. Fue muy fuerte darme cuenta de la violencia que existe en torno al parto y de que nadie hablaba de eso, que no se reflexionara. El documental tiene la posibilidad de interpelar a los espectadores y espectadoras sobre eso desde un lugar muy directo y generar movilización en ellos.

Para contextualizarnos un poco, ¿cómo es la legislación argentina sobre derechos sexuales y reproductivos, y sobre la violencia obstétrica?

Existe la Ley Integral de Protección a las Mujeres en la que se tipifican todas las formas de violencia hacia la mujer, una de ellas es la violencia obstétrica. Esa ley se emparenta con otra, la de Partos Respetados, que establece cuáles son los derechos de las mamás, de los recién nacidos y de sus familias a la hora del parto y el nacimiento.

Sin embargo, a pesar de que existen normativas al respecto, las cifras indican que en Argentina uno de cada tres bebés nace por cesárea.

En nuestro país tenemos leyes de vanguardia que, por ejemplo, tipifican la violencia obstétrica, pero no se cumplen en las instituciones. Es una situación muy grave porque podemos decir que la gran mayoría de las instituciones están fuera de la ley por no cumplir con los derechos que ésta establece y seguir atendiendo y acompañando el parto de la misma manera que antes.

Florencia Mujica

“Cada vez menos margen de decisión”

Sobre tu trabajo, ¿qué podremos ver en el documental?

Es la historia de tres mujeres embarazadas, de perfiles distintos, de clases sociales distintas, pero que coinciden en esta búsqueda de tener un parto en paz, acompañado y amoroso. El documental se plantea el desafío de acompañar a las mujeres y ver qué les pasa en este proceso. Ponemos el foco en ver si el sistema acompaña el deseo de estas mujeres. En términos de imagen, hay bastantes registros hechos en instituciones y salas de parto, donde se ven escenas bien crudas de cómo atienden. Eso es la parte más fuerte.

¿Cómo fueron elegidas las tres protagonistas del documental, Vanesa, Mariana y Nayla?

Tratamos de que fueran lo más diversas posible para que entre las tres configuraran un universo lo más complejo y representativo posible, porque nos parecía interesante poder representar la mayor cantidad de mujeres.

Vanesa es primeriza, se enfrentaba al desafío de parir en una institución con toda  la ingenuidad que tienen las primerizas, que confían muchísimo en los médicos. Mariana, por su parte, ya tiene dos hijos, venía con una historia de partos anteriores bastante violentos y tenía más claridad de lo que no quería en este tercer parto. Finalmente Nayla venía de una historia de dos cesáreas anteriores. Entre las tres configuraron diversas problemáticas de lo que puede pasarle a una mujer en el parto.

¿Te costó que las mujeres hablaran de estas experiencias?

No. Hicimos un casting abierto y las tres se acercaron. Fue impresionante la cantidad de mujeres que llegaron para hablar y contar su historia. Hay mucha necesidad de contar lo que nos pasa. Eso es bueno. Antes era más difícil y nos quedábamos con la idea del ‘me pasó a mí’, mucho más individual. Ahora empezamos a entender que es una problemática social.

Más allá del parto, ¿tuviste relatos de otros tipos de violencia obstétrica?

Sí, pero no fueron incluidos en el documental porque ese fue el tratamiento elegido. Pero de relatos hubieron miles.

En una entrevista, una de las integrantes de Las Casildas explica que se sorprendió de cómo a medida que avanza el embarazo la mujer va perdiendo el poder sobre su cuerpo.

Es que es tremendo porque cuanto más te acercas al momento del parto, cada vez tienes menos margen de decisión. Si al primer mes tienes algo que decir, al final te dicen absolutamente todo lo que tienes que hacer: siéntate, párate, cállate, no hables… es tremendo el proceso y cómo las mujeres nos vamos entregando, porque el miedo alrededor del parto también va creciendo a medida que se va acercando el momento. A las mujeres nos atormentan con que algo va a salir mal y eso hace que los miedos tomen más protagonismo. Ahí los profesionales de la salud toman el mando y el poder de decisión es nulo.

En el tráiler aparece un doctor que dice claramente que la palabra “natural” le da miedo. ¿Se encontraron muchos testimonios de profesionales de la salud como él?

Él fue seleccionado porque representa muy bien la voz del sistema hegemónico. Además, es de esos médicos que te dicen las cosas que piensan realmente. Hay muchos médicos que te dicen ‘tranquila, todo va a estar bien, todo va a estar muy natural’ y, cuando llega el momento del parto, intervienen por todos lados. En cambio, él es muy frontal y directo. Nos pareció muy representativo para poder explicar cómo el sistema va articulando su discurso alrededor de la intervención y cómo justifica esto de que ‘lo natural es ideológico’. Lo sitúa en un lugar de elección, planteando por qué natural si se puede hacer una cesárea para resolverlo más rápido.

¿Qué alternativas existen para las mujeres a la hora de elegir cómo llevar adelante su parto?

En el documental incluimos la experiencia de la Maternidad Estela de Carlotto que existe en Argentina, en el municipio de Moreno. Es pionera en nuestro país. Es pública y tiene entre tres y cuatro años y nació con la impronta de los partos respetados. Es la única maternidad que aplica esta ley y tanto sus profesionales como la infraestructura se crearon en torno a estos principios. Ponen en práctica el modelo hacia el cual deberíamos caminar: que la mujeres no sean intervenidas si no es necesario, que decidan la posición en la que quieren parir, no hacer episiotomías de rutina, no romper la bolsa, no hacer maniobras de Kristeller, etc. En el parto que filmamos en ese lugar no hay luces fuertes, la mujer deambula tranquilamente.

¿La violencia obstétrica se puede trabajar desde la prevención?

Sí, es un tema que hay que empezar a trabajar desde la educación inicial, porque cuando estamos embarazadas ya es tarde y no hay tiempo para digerir tanta información. Es una cuestión central que hay que trabajar desde las escuelas, sacarla del lugar tabú en el que está y profundizarla con los niños y niñas a través de talleres, por ejemplo. Debería ser parte de la educación sexual de todos los seres humanos.