La ley francesa permite casarse a título póstumo siempre y cuando esté autorizado por el presidente de la República. Para que ello ocurra se necesitan dos condiciones: que existan “motivos graves” y “una voluntad matrimonial no equívoca” de la parte desaparecida.

Este es el caso de Xavier Jugelé, quien falleció el pasado 20 de abril en los Campos Elíseos por el tiroteo perpetrado por un yihadista dos días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas.

Este miércoles, Xavier Jugelé y su compañero, Etienne Cardiles, se unieron en matrimonio en una ceremonia íntima celebrada en París. El ex presidente François Hollande y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, asistieron al evento.

Cardiles pronunció un sentido discurso: “Sufro sin odio”, dijo ante las máximas autoridades del país y ante las cámaras que retransmitieron sus palabras a toda Francia. Y le hizo una promesa a quien fue su pareja: “Estarás en mi corazón para siempre”.

El matrimonio póstumo existe en Francia desde 1803, cuando se aprobó para que las mujeres embarazadas de soldados fallecidos en el frente pudieran regularizar la situación de sus hijos y, también, recibir una pensión. Eso porque hasta 1972 los hijos “naturales” no tenían los mismos derechos que los nacidos en un matrimonio.