La visita a Chile de Burkina Faso, selección de fútbol que logró un sorpresivo tercer lugar en la última Copa Africana de Naciones -símil de la Copa América en el continente negro-, despertó el interés sobre uno de los países africanos más jóvenes de la historia y particularmente de la única persona oriunda de esas tierras que vive en nuestro país.

Se trata de Rasmata Ouedraogo, una monja apostólica de 35 años de los cuales dos y medio ha residido en el Barrio Brasil de Santiago. En conversación con el diario La Hora reconoce que existe ignorancia sobre su país de origen.

“Mucha gente me decía que nunca lo habían escuchado. Yo les tuve que explicar que es un país que tiene frontera con Costa de Marfil o Ghana, y ahí recién supieron algo. La gente de mi barrio, de hecho, llegó a tocar mi puerta a avisarme que Burkina Faso venía a jugar con Chile. Otros me llamaron por teléfono”, relató.

La mujer explicó que “antes mi país se llamaba Alto Volta, y en 1984 cambió a un nombre más significativo para nosotros: Burkina Faso es “patria de los hombres íntegros”. Es verdad. Somos un país pobre, pero solo materialmente. Espiritualmente somos un país rico. Tenemos dos estaciones, allá no hay invierno: estación seca y estación lluviosa. La gente vive de la agricultura y del ganado: cultivamos arroz, sésamo, maní y algodón”.

A pesar de su admiración por el temple de Arturo Vidal, Rasmata lamentó que no llegara con su selección Bertrand Traoré, la máxima figura de Burkina Faso y delantero de uno de los finalistas de la Europa League, el Ajax de Holanda. “Estos jóvenes juegan en la liga local, pero yo no los conocía”, admitió.

También puntualizó que “estuve mirando una página de Facebook de una radio de Burkina Faso, y revisé los comentarios: allá no pueden entender por qué mandaron un equipo local a enfrentar al campeón de América“.

En la entrevista, Rasmata también reflexionó sobre la situación de los inmigrantes en Chile y confesó que “había escuchado cosas sobre el racismo, así que llegué con un poco de distancia. Pero llegando acá vi que no era así: me he sentido como en casa, la acogida que he tenido en mi barrio ha sido espectacular, me han recibido con los brazos abiertos”.

“Cuando miro a los haitianos que van por la calle, a veces pienso si serán de Burkina Faso. Ellos me hablan en creole y yo no entiendo, jajá. Pero, ¿sabe? Yo me identifico mucho con la fundación Ubuntu, que promueve la integración de los africanos en Chile. Yo no hablo de países, sino de África. Somos de la misma madre“, subrayó.

La mujer Moosi, mayoritaria en Burkina Faso entre un universo de 60 etnias, no tiene reparos con el trato que ha recibido y definió a Chile como “un país muy alegre, porque al andar en la calle se escucha música, ruidos que son presencia humana“.

Me siento en sintonía con los migrantes y también con los chilenos. Ustedes tienen una cultura muy solidaria: cuando hay una inundación en el norte, la gente del sur ayuda, y viceversa. Yo sufrí mucho con los temblores, el corazón me temblaba por las noches. Ahora los integré a mi vida”, concluyó.