Cuando buscamos entender cómo se ha gestado el desarrollo de nuestro país, hablar de energía -y en particular- de electricidad se torna fundamental. Pues el uso de la electricidad para los procesos productivos, en especial los mineros, es indispensable.

El carbón es un recurso natural no renovable, catalogado como “energía sucia” debido a los altos niveles de contaminación que genera. Es utilizado comúnmente como un combustible barato para la generación de electricidad en centrales termoeléctricas, las cuales emiten contaminantes  que generan daños en la salud de las personas y ecosistemas en donde se ubican.

En Chile hay más de 150 unidades termoeléctricas operando, algunas de las que superan los 100 años de antigüedad. Un 60% de la capacidad instalada, responsable de la generación eléctrica funciona en base a energías térmica (Gas, carbón y petróleo) y un 17% del total de la matriz nacional funciona en base a carbón.

A pesar de su alta presencia, el carbón se utiliza sin regulaciones, pues no está catalogado como combustible sólido, lo que impide establecer limitaciones y normativas a su transporte, explotación, uso y acopio. Lo cual deja a las comunidades al alero de la “buena voluntad” de las empresas y de los gobiernos que han dado señales tímidas o insuficientes de querer cambiar esta situación.

Las termoeléctricas a carbón, impactan la salud de las personas y deterioran el medio ambiente, y la concentración de plantas térmicas en varios puntos del país  ha generado verdaderas “Zonas de Sacrificio”: sectores geográficos de alta concentración industrial, en los que se ha priorizado el establecimiento de polos industriales, sacrificando la calidad de  la vida y salud  de las personas y ecosistemas. Son lugares en los que la contaminación ha degradado de forma permanente la salud de todas las formas de vida que habitan el lugar, deteriorando ecosistemas marinos y terrestres, además de la flora y fauna del lugar. Generalmente estas industrias se instalan en lugares de bajos ingresos, detrás de la promesa de desarrollo y de mejores condiciones de trabajo para sus habitantes.

Es sumamente recordado el episodio ocurrido en 2011 cuando se intoxicaron 31 niños en la escuela La Greda en Puchuncaví, localidad en la que se han instalado dos termoeléctricas y una refinería. Desde la Fundición Codelco Ventanas habría emanado esta nube tóxica, instalada a una breve distancia del lugar. Seis años después de ocurrido el suceso Denuncian que niños intoxicados en La Greda en 2011 mantienen arsénico y plomo en sangre ya que el seguimiento de salud y las medidas sanitarias comprometidas no se habrían cumplido.

El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) ha clasificado el arsénico como cancerígeno para los seres humanos, elemento producido tanto por la Fundición Ventanas como por las termoeléctricas. Tras una exposición de aproximadamente cinco años, puede provocar cáncer de piel, a la vejiga y al pulmón. Entre los demás efectos perjudiciales para la salud, se pueden asociar: problemas de diabetes, enfermedades pulmonares y cardiovasculares.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el arsénico también se asocia a desenlaces adversos del embarazo y mortalidad infantil, repercute en la salud de los niños y hay algunas pruebas de que puede tener una influencia negativa en el desarrollo cognitivo.

Resulta importante preguntarnos para qué producimos electricidad en Chile y  cuáles son los costos humanos y ambientales de dicha producción, las externalidades negativas en el caso de las termoeléctricas a carbón son muy elevadas y de carácter irreversible.

Debemos sopesar los beneficios y las consecuencias que trae consigo este modelo de desarrollo basado en la extracción de materias primas, el cual nos demanda cada vez más energía para abastecer al sector industrial y así sostener el crecimiento del país.

Es por esto que el papel que debe jugar el Estado y los privados en el sector energético es crucial. Las energías renovables no convencionales son un camino que Chile está empezando a explorar, pero que requiere de un impulso aun mayor por parte del Estado.