Hay un tipo de político en el que la ignorancia pasa ser el mérito por el que vota cierta gente que busca un sentido común que los interprete, un lenguaje cercano, alejado de la palabra compleja o del concepto alambicado.

Es el perfil que ha cultivado con esmero el senador Manuel José Ossandón para quien poco importa manejar los temas por lo que se le paga una fortuna mensual y se conforma con repetir hasta el hastío las mismas monsergas desprovistas de sentido.

La cultura del patrón al que poco importa la razón. Lo que vale es la fusta y la cosa bruta.

El senador Manuel José Ossandón no sabe siquiera qué cosas ha votado en el ejercicio de  su bien pagado cargo de senador. Y se luce haciendo el ridículo en horario prime, haciendo gala de una ignorancia sublime.

La reiteración machacona de cuestiones pueriles que presenta como soluciones para complejas situaciones y la demostración de una falta completa de preparación, habla de un sujeto que desprecia la inteligencia.

Un país dirigido por alguien así corre el riesgo de ser expulsado del barrio.

El senador ha quedado expuesto como un digno ejemplar de los políticos que cultivan la cosa boba, del sentido común y la frase hecha que convence por su sinsentido y majestuosa falacia a esa capa de ciudadanos que consideran que los ricos son necesarios, los mapuche son flojos, sea quien sea el presidente tiene que salir a trabajar, la política no le ha dado nada, la bandera ganó un concurso mundial y el himno nacional es el más lindo, luego de la Marsellesa.

El diccionario que norma el idioma español admite el verbo intransitivo Cantinflear para referirse al hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia. En este caso, recordando el discurso presidencial, no estamos enfrente solo de un vestigio neoliberal, sino de un representante sublime de este orden.

La amenaza del precandidato Ossandón de meter bala contra el mapuche no es muy novedosa. De hecho, así partió el Estado su cruzada genocida y racista. Y así ha seguido siendo durante más de ciento sesenta años.

Y la estúpida propuesta de perfeccionar una ley antiterrorista que jamás ha solucionado nada, de hecho jamás un mapuche ha sido condenado por ese adefesio jurídico, debiera dar paso a una querella criminal por incitación al genocidio.

Algo muy mal ha debido sucederle a este país para que eventualmente personas como Manuel José Ossandón tengan la opción de llegar a dirigirlo.

Aunque quizás la decadencia de la cultura neoliberal está llegando a un horizonte de tal magnitud que no existan más representantes precisos y necesarios que sujetos como estos.

Casos como el Ossandón quizás sean la comprobación del dominio absoluto del capitalismo, la prueba de su existencia, su substancia.

O la demostración del fracaso de una transición sin narrativa que no alcanzó para levantar una mística que hiciera imposible algo así.

La mejor expresión de este fracaso lo grafican las opciones electorales que ofrece la derecha: bascular entre un especulador con escasa vergüenza y un sujeto en el cual no se diferencia el analfabetismo de la falta de lectura, ni las ideas genuinas del fanatismo más peligroso.