Pensar en el desarrollo de nuestra región implica asumir la responsabilidad de construir un modelo productivo que, en el mediano y largo plazo, no dependa de la explotación de recursos primarios como única forma de activar la economía.

Hay algo, sin embargo, que no puede esperar y es la salud de nuestras familias.

La calidad de vida de nuestras ciudades se deteriora día a día. No por nada las comunas del Gran Concepción han sido declaradas zonas saturadas, debido a la contaminación que generan las industrias (principalmente forestales y pesqueras), las termoeléctricas y la combustión de leña utilizada para la calefacción domiciliaria.

Coronel es actualmente la comuna que tiene la mayor cantidad de industrias del país que pagan un impuesto verde, debido a la gran cantidad de material contaminante que de ellas emana. La paradoja de esta normativa es que no define cuántos de estos recursos se destinarán a la misma comuna. Es indispensable que parte importante de estos impuestos se reinviertan en Coronel y que vayan a palear en algo la polución. Algo de esos recursos podría utilizarse para incentivar, por ejemplo, el uso de otras formas de calefacción domiciliaria.

Asimismo es fundamental que, frente a las industrias contaminantes, la autoridad tenga mayor fuerza para hacer cumplir las normativas medioambientales. Para las y los habitantes de Coronel, tener una buena calidad de vida no es tarea fácil en medio de tres termoeléctricas, tres parques industriales, seis pesqueras y el mayor puerto multipropósito de la región.

Lamentablemente no es la única externalidad negativa que debemos sufrir las y los coronelinas/os, así como el resto de las y los habitantes del Gran Concepción y la región. El crecimiento indiscriminado del monocultivo forestal ha significado que cada año, durante las temporadas de calor, vivamos con la angustia de que nuestra comunidad pueda verse amenazada por incendios fuera de control.

Las medidas utilizadas por las empresas forestales, entre ellas el uso de cortafuegos y brigadistas subcontratados resultan ser insuficientes, demostrando con ello una cierta desidia respecto al peligro que representan estos grandes incendios para la vida de las personas. Un dato que puede explicar esta aparente desidia es que, sin importar el tamaño de las hectáreas afectadas por incendios, las ganancias de millones de dólares de esta industria no decaen.

El cuidado del bosque nativo dejó de ser un asunto de ecologistas para transformarse en una demanda de sobrevivencia. La escasez hídrica que sufre la región puede ser explicada en buena medida por el aumento de las plantaciones de pino y eucalipto, provocando el retroceso del bosque nativo. El crecimiento de la industria forestal es absolutamente insostenible en el largo plazo.

Todo el impacto que forestales, pesqueras y termoeléctricas producen en nuestra calidad de vida, no se condice con la cantidad y la calidad del empleo que aportan. Por el contrario, nuestra región sigue manteniendo los niveles de desempleo por encima del promedio nacional. Más aún, el Biobío se encuentra entre las regiones con los niveles más altos de pobreza a nivel nacional.

Ya está claro para todos/as que los problemas medioambientales son al mismo tiempo problemas sociales y somos nosotros/as, habitantes de estos territorios, trabajadores y trabajadoras, estudiantes, niñas/os, comunidades mapuche de esta región, quienes debemos definir un nuevo modelo productivo a nivel regional que provea de desarrollo económico, pero cautelando que el plan de desarrollo económico que definamos no sitúe la producción por sobre la calidad de vida y calidad del trabajo para quienes vivimos en estas comunas. La tarea es urgente y en estas decisiones los/as habitantes de la región debemos ser protagonistas.


Dirigente sindical y Militante Nueva Democracia