“Hágase señor tu unánime voluntad

Así como lo hacen los fascistas en la tierra

-nuestra tierra –

Y los pacos en la comisaria.

Danos hoy nuestro pan que nos quitan día a día

Perdona nuestras verdades

Así como nosotros condenamos

A quien no las entiende

No nos dejes caer en esta invasión

Y más líbranos del explotador”[1].

 Durante las últimas semanas la información respecto a qué es terrorismo y qué no es terrorismo ha dado paso a desafortunadas definiciones tanto de quienes se presentan ante la opinión pública, como expertos, como también de quienes sin reconocerlo, no lo son. Llama la atención que a propósito del debate sostenido entre los pre-candidatos a la Presidencia de la República del Frente Amplio el tema mapuche no fuera considerado entre los diferentes tópicos con que ambos candidatos se presentaron al país a través de la televisión. Sin embargo, y en este mismo escenario (sí, la televisión es un espectáculo) un par de días después la pre-candidata del Frente Amplio fue interrogada respecto a si en su opinión los hechos de violencia acontecidos en la octava y novena región, correspondían a no a actos terroristas. Justo es recordar que ante la misma consulta otro pre-candidato a la Moneda respondió que no, provocando la enfática respuesta de quien por segunda vez pretende dirigir los destinos de este país. Curioso, por decirlo menos, que el tema mapuche sólo aparezca para denostar a quien ideológicamente se encuentra en la vereda de enfrente. Curioso que en estos días aparezcan públicos llamados de otro candidato a traspasar las funciones propias de Carabineros de Chile a las Fuerzas Armadas para de esta forma recuperar la paz perdida al sur de Santiago. Curioso que vuelvan a aparecer declaraciones llamando a “pacificar” la Araucanía, desconociendo con ello que dicho término es tan sólo el eufemismo que silencia en la historiografía nacional la campaña de incorporación de los territorios mapuche a la nación a través de la guerra. Sólo resta para completar el anterior cuadro una nueva entrevista en The Clinic o en el Mercurio al Premio Nacional de Historia, 1992, Sergio Villalobos.

Pero, lo que no es curioso es que esta forma de debatir con el adversario político, usando para ello “al indio”, no es nueva. Es tan antigua como antigua es la marca de la conquista europea en América y en particular en lo que hoy denominamos Chile. Es por ello que en esta oportunidad me extenderé un poco más de lo habitual para poner en conocimiento del lector/a, parte de tan mala práctica de nuestros parlamentarios de izquierdas, derechas, progresistas y conservadores. ¿Por qué razón? es que no estoy dispuesto a confiar “las fuentes del futuro” a periodistas devenidos en escritores y mucho menos a escritores devenidos en historiadores. Comencemos.

Según Pinto, en Chile la ideología de la ocupación y el anti-indigenismo supuso entre otros temas, el sustento de una teoría de la raza inferior que señala que los mapuche eran una horda de salvajes a los que había que someter en beneficio de todos:

Los Hombres no nacieron para vivir inútilmente y como los animales selváticos, sin provecho del jénero humano; y una asociación de bárbaros, tan bárbaros como los pampas o como los araucanos, no es más que una horda de fieras, que es urgente encadenar o destruir en el interés de la humanidad y en bien de la civilización [2] .

Pinto sostiene que, al momento de proponer una identidad, nuestros intelectuales y grupos dirigentes utilizaron al “indio” como un referente de lo que no querían ser. Por ello este tipo discursos como los realizados por Vicuña Mackenna lo que buscaban, no era otra cosa que desprenderse de una de las bases de la identidad chilena con la cual no sentía ninguna afinidad. Para ello creó un retrato del otro que más que responder a la imagen real del indígena del siglo XIX respondía a la justificación del accionar político del sector social al que el intendente de Santiago representaba. Otra autora, Holdenis Casanova Guarda[3] nos señala que a partir de 1550 el territorio que ocupaban los araucanos comenzó a vivir las complejidades y vicisitudes de la conquista. Si bien es cierto que los indígenas resistieron empleando para ello las estrategias más variadas, desde la defensa armada hasta la apropiación de distintos elementos ajenos como el caballo. Enfrentados en la dinámica de dominación y resistencia es que ambos sectores comienzan a construir imágenes del otro que contribuyeron de manera significativa en las actitudes confrontacionales que pese al tiempo transcurrido perduran

Respecto al periodo[4] que comenzaremos a describir y del cual se alimentan las opiniones de Benjamin Vicuña Mackenna, José Bengoa sostiene:

Es del más alto interés para el objetivo de nuestro trabajo (la historia del pueblo mapuche), precisar cuál era la opinión nacional respecto a la ocupación de la Araucanía. No cabe duda que los hechos que vamos a relatar constituyen uno de los sucesos más oprobiosos de la historia chilena: la destrucción física del pueblo aborigen de estas tierras. Es por ello que rastrear el debate provocado, permite captar el grado de unanimidad, discrepancia y oposición que tuvieron estas medidas.[5]

Siguiendo el rastro propuesto por Bengoa, este nos dice que durante la época de los sesenta del siglo XIX, en que se discutía arduamente el plan de Cornelio Saavedra, surgirían varias voces disidentes, una de ellas el bando militar y el otro un sector de la cámara de diputados, liderados por don José Victorino Lastarria; a lo anterior es necesario agregar a los frailes misioneros a través de La Revista Católica y los periódicos de la época. Es necesario en este punto señalar, tal como lo hace Bengoa, que las voces disidentes no respondían a los intereses de los araucanos sino más bien a la contingencia nacional, caracterizada por una tregua política entre liberales y conservadores que pendía de frágiles equilibrios. Equilibrios que se fortalecerían en la etapa final del plan de ocupación de Saavedra, el cual al comenzar a dar resultado, alinearía a todas las fuerzas políticas en contra del indígena.

Los mapuches no tuvieron un solo aliado en su resistencia final[6]

En 1862, señala Bengoa, el coronel Pedro Godoy presentaría al Gobierno un plan alternativo al de Saavedra, los motivos de este plan se fundamentarían en el temor de fracasar en el intento. Pero ambos coincidían en que era intolerable que el país se encontrara interrumpido por un territorio en donde priman las hordas de salvajes [7] El Plan de Godoy consistía en, respetar los derechos de los indígenas llamando a un cambio en las relaciones fronterizas, dejando intacta la frontera del Valle Central, fundando ciudades a través de la costa, lo que vendría a facilitar las comunicaciones y la colonización posterior. Las ciudades fundadas se ubicarían en Lebu, Paicaví, Tirúa, Imperial y Toltén. Verificando para ello que no se causen otros males que los estrictamente necesarios, como ya sabemos el plan de Godoy no sería considerado.

Mientras, en la cámara de diputados los parlamentarios José Victorino Lastarria y Ángel Custodio Gallo, se oponían al aumento del presupuesto solicitado por Cornelio Saavedra. En la sesión del 8 de agosto de 1868 Lastarria[8] atacaría duramente a Saavedra en defensa del plan de Godoy.

Las vidas e intereses de los nacionales civilizados, siempre tendrá por base de sus operaciones los arreglos pacíficos con los indígenas, a quienes no trata el Gobierno de reducir i estimar, despojándolos de sus propiedades sino de civilizar gradualmente…[9]

Lastarria se opondría a lo excesivo de los gastos:

…que demandarían la formal fortificación de una nueva línea. Pero hoy en presencia de la sublevación de los indígenas, que antes de dos meses han venido a probar que la línea del Malleco no era estratéjica, como lo habia asegurado el coronel Godoi.[10]

En otro momento agregaría acerca de los supuestos beneficios del plan de Saavedra:

De esta manera, la cuestión de Arauco, en vez de acercarse a su solución, se complica i se hace mas difícil con las temerarias y dispendiosas empresas del Gobierno, que podría haber hecho ganar al pais mucho mas con invertir en colonias militares, que fomentaran las relaciones i el comercio con los indígenas, los caudales que tan locamente ha malgastado en hacerles la guerra.[11]

Pero no hay que engañarse, Lastarria como otros prominentes liberales sólo ven en los araucanos un conjunto de comerciantes de ganado. Aliados de fracciones regionales que difícilmente comprenden las ideas igualitarias de Bilbao.[12]

Es la destruccion el medio que debe preferirse? Toda personalidad, sea de pueblo, sea de individuo, tiene su lugar asignado hajo el sol. El dogma de la igualdad ha inmortalizado á toda criatura. La destruccion ejercida por un pueblo es el suicidio moral de su existencia. Chile ha nacido en el derecho, es porque es; a un lado pues esas teorias que pronuncian los que llevan á la humanidad muerta en sus entrañas. Destruccion grita el animal; fraternidad esclama el hombre bautizado en la luz y el fuego. Chile no debe pues destruir á los Araucanos.[13]

Quien más adelante expondría las razones de esta falta de igualdad

En Chile hay dos dogmas, el político y el religioso. Esta es una dualidad que lucha; el ciudadano combate en sí mismo; el sacerdote no es el ciudadano. La República carece de la unidad antológica: esta falta de unidad cest le defaut de la cuirasse (esta es la grieta en la armadura) para emprender la identificacion de Arauco[14]

Otro buen ejemplo de lo anteriormente dicho nos lo brinda el señor diputado don Manuel Antonio Matta quien a propósito de dar fin a la cuestión de Arauco, en un encendido discurso nos regalará la siguiente intervención:

La cuestion es árdua i grandiosa; pero esto mismo es una razon para intentar resolverla. No hemos de pensar siempre mas que en pequeñísimas rencillas de partido. Las cuestiones pequeñas no inspiran sino intereses pequeños; los sentimientos ceden solo a los nobles pensamientos; las grandes ideas ocupan útilmente a los espíritus, apartándolos de las miserables cuestiones en que se siembran las mezquinas pasiones para cosechar despues los odios i las venganzas[15]

Una descripción de estos parlamentarios nos la entrega Casanueva [16] quien nos dice que este grupo estaba constituido por la famosa generación del 42, conformada por José Victorino Lastarria, Santiago Arcos, Eusebio Lillo, Manuel Antonio Matta, Ángel Custodio Gallo, entre otros. Esta generación trato de introducir la modernidad en la clase dirigente a través de la docencia, la publicación de libros y opúsculos, con el fin de hacer evolucionar al hombre y democratizar la sociedad chilena para alcanzar el bienestar de las sociedades humanas independientes de sus condiciones sociales, ideológicas o étnicas. Un buen ejemplo de estas intenciones, nos lo entrega el señor diputado don Ángel Custodio Gallo quien en 1870 expresaba lo siguiente acerca de la cuestión de Arauco

La inmoralidad que se acusa es precisamente de los que se llaman civilizados, y ocurren en los puntos donde tenemos autoridades. Si nosotros autorizamos esos males y dejamos que se cometan esos abusos y delitos, la culpa será de las autoridades que mandan en la frontera, y esta necesidad de establecer allí una autoridad respetable, inteligente y honrada, es una necesidad ya por muchos Señores Diputados, porque realmente todos los vicios que se denuncian no nacen de otra fuente. ¿Es posible, acaso, forjar Títulos ni esos testamentos falsos… sin que intervengan los funcionarios de la República?[17]

Más adelante agregaría, y para los efectos de nuestro artículo, contradictoriamente lo siguiente:

Después señor presidente, del exodio tal vez demasiado largo que he hecho para fundar mis ideas, quiero desde luego, manifestar el respeto que tiene para mí todo derecho, no importa que sea el de un indio, i con el objeto de despertar iguales simpatías en el corazón i en la conciencia de sus honorables colegas, para que traten el asunto de los indígenas como se tratan los negocios de los dementes, i de los menores de edad, i de aquellos que no tienen la inteligencia necesaria para administrar sus intereses[18]

 Sobre el mismo periodo Jorge Pinto[19] relata que el debate acerca de lo apropiado o no de avanzar hacia territorios araucanos se extendería con viva fuerza entre los años 1864 y 1868 cuando se encontraba en proceso la invasión de la Araucanía. Dicho debate, en el marco de la Cámara de Diputados, se originaría en la discusión acerca de la expropiación de tierras indígenas que favorecieran la ocupación del territorio araucano. Vicuña Mackenna, diputado entonces por la Ligua, se presentaría como un partidario de ocupar lo más rápido posible la región. Proponiendo en 1864 que el proceso de ocupación debería seguir el patrón Ruso, es decir conformar un ejército de indígenas leales al gobierno que sirviesen de muralla a la barbarie y de esta manera llevarán la tranquilidad a las poblaciones fronterizas. Detengámonos un momento en este punto. Marco Antonio León, nos entrega un interesante punto de vista a considerar en la configuración del espacio fronterizo que causó el referido debate parlamentario:

Para resolver estas situaciones de desorden y evitar su repetición, entre otros motivos, se buscó incorporar a la Araucanía a1 resto del país. No obstante, dicha tarea no fue fácil, en gran parte por la incipiente y defectuosa organización de los primeros servicios de policía, pues incluso una labor especifica como la vigilancia en las áreas rurales era realizada por miembros del ejército, la guardia nacional y patrullas formadas por los subdelegados y 1os propietarios a la vez. Este panorama vino a complicarse más aún a fines de la década de 1870, a causa de la movilizaci6n de tropas acantonadas en la región hacia las provincias de Tarapacá y Antofagasta con motivo de la Guerra del Pacifico.[20]

Firme partidario del plan de Cornelio Saavedra no trepidaría en plantear todo tipo de argumento a su favor con tal de que en el corto plazo se diera por resuelto la cuestión de Arauco. A diferencia de Vicuña Mackenna el vicepresidente de la Cámara de Diputados Don Domingo Santa María, pensaba que el asunto era un poco más complejo que tan sólo comprar los terrenos a los araucanos, sino de evitar los abusos que tanto molestaban a los indígenas y que causaban intranquilidad en la frontera, sobre todo por la presencia de numerosos chilenos que se metían en sus tierras a robar. Sobre Santa María y su paso por la cámara de diputados podemos decir lo siguiente:

Elejido Diputado al congreso en 1858, tomó su asiento en la Lejislatura en una época de agitación politica i de grandes expectativas, i por consiguiente a propósito para dar golpe un orador; pero sea por prudencia o flojedad, no se dedicó Santa María detenidamente a los trabajos parlamentarios ni entró siempre con toda su alma en los debates. Sus discursos rosaban por lo bajo, picaban la cuestiones sin irritar a los adversarios, revoloteaban por la sala buscando oidos que halagar, pero no espiritus que conmover i morian en el recinto de la Cámara.[21]

Pinto continua su relato, el año 1868, la Cámara de Diputado fue escenario de un nuevo debate, esta vez a propósito del respaldo que el gobierno solicitó al Congreso, para continuar su política de ocupación. Nuevamente Vicuña Mackenna insistiría en sus puntos de vista, siendo esta vez rebatidos por los diputados Manuel Antonio Matta, Ángel Custodio Gallo, José Victorino Lastarria y J. Arteaga Alemparte. Vicuña Mackenna era la cabeza visible de la corriente que promovía la inmigración europea y el sometimiento de los araucanos. Para Vicuña Mackenna el indígena no tenía posibilidad alguna de superar su estado de barbarie. Se puede decir entonces que Vicuña Mackenna

…fue el más fiel exponente del antiindigenismo del siglo XIX en Chile[22]

En un discurso pronunciado en agosto de 1868 diría de los araucanos que la historia había demostrado que el indio no era sino un bruto indomable, enemigo de la civilización. El resto de sus expresiones las conoceremos cuando analicemos su discurso del 10 de agosto de 1868.

De esta manera Vicuña Mackenna piensa que la cuestión de Arauco es un asunto de honra y dignidad que le permitirá a la nación, incluida la Araucanía ponerla en la ruta del progreso. Si Chile crece, la Araucanía se empequeñece en territorio y población, como expresión del asombroso decaimiento de la raza araucana. Por ellos basta ya de timideces en este escenario la única palabra que cabe es conquista[23] y rebatiendo a los señores parlamentarios opositores a sus ideas afirmaba que, con sujetos tan pérfidos, traidores y amigos del fraude y la rapiña no se podía concertar pactos[24]. El araucano y su fisonomía fruto de su barbarie es una raza que no forma parte del pueblo chileno[25], Es obvio que Vicuña Mackenna no tiene ningún interés en identificarse con el indígena y para ello construye un otro en oposición al chileno al cual el aspirara a formar, dejando de lado al indio real y su problemática. De esta forma Vicuña Mackenna encabezaría una corriente que ve la solución de la cuestión de Arauco a través de la conquista y la necesidad de la inmigración europea y su supuesta superioridad blanca.

Así hemos actuado muchas veces los chilenos, negando con indiferencia las señales de una realidad mucho más porfiada que nuestras fantasías. Matar al indio, enterrar su rostro y apartarlo de nuestra mirada, parecía la solución más sencilla. El miedo de verlo aparecer cuando nos ponemos frente a un espejo parece incomodarnos.[26]

Antes. Ahora. Y cabe preguntarse entonces, ¿y en el futuro? Pero quién era Benjamín Vicuña Mackenna, trataremos de responder a esta compleja pregunta en otro texto, toda vez que lo que nos interesa hoy son sus discursos anti araucanos y como estos discursos siguen alimentando un discurso anti mapuche en los actuales representantes políticos de una parte de la sociedad chilena que se aferran al miedo para impedir que este país cambie, que este país sea plurinacional e intercultural, es decir más democrático.

[1] David Aniñir, Salmo 1997.

[2] En Jorge Pinto, De la Inclusión a la Exclusión la formación del estado, la nación y el pueblo Mapuche (Santiago de Chile: DIBAM, 2003), 155

[3] Holdenis Casanova Guarda, “La Araucanía colonial: discursos imágenes y estereotipos (1550-1800)”, en Del Discurso Colonial al Proindigenismo: ensayos de historia latinoamericana, Jorge Pinto, (Temuco: Ufro, 1998), 43-84

[4]  Manuel Loyola y Sergio Grez eds., Los Proyectos Nacionales en el Pensamiento Político y Social Chileno del Siglo XIX (Santiago: Ediciones UCSH, 2002).

[5] José Bengoa, Historia del pueblo mapuche siglo XIX y XX (Santiago: Lom Ediciones, 2000) 178 (el paréntesis en nuestro.)

[6] Id. 178

[7] Pedro Godoy, La Conquista de Arauco. Proyecto presentado al supremo gobierno por el coronel Pedro Godoi (Santiago de Chile: Imprenta Nacional, 1862)

[8] José Victorino Lastarria, Obras completas de Don J. V. Lastarria: Proyectos de lei i discursos parlamentarios. 1.-4 serie (Santiago de Chile: imprenta Barcelona, 1907), 391

[9] Id. 396

[10] Id. 411

[11] Id. 426

[12] Cristián Gazmuri Riveros, El “48” chileno : igualitarios, reformistas radicales, masones y bomberos (Santiago: Universitaria, 1999)

[13] Francisco Bilbao B, Obras Completas de Francisco Bilbao Vol I ( Buenos Aires: Imprenta de Buenos Aires, 1866), 343

[14] Id. 344

[15] José Antonio Torres, Oradores Chilenos: Retratos Parlamentarios (Santiago de Chile: La Opinión, 1860), 150

[16] Fernando Casanueva, “Indios malos en tierras buenas. Visión y Concepción del Mapuche según la élite Chilena (siglo XIX)”, en Colonización, resistencia y mestizaje en las Américas siglos XVI-XX, Guillaume Boccara (Quito: Editorial Abya Yala, 2002), 291-329

[17] Cámara de Diputados, Sesión Ordinaria Número 34, Agosto de 1870, 575

[18] Cámara de Diputados, Sesión Ordinaria número 35, 25 de Agosto de 1870

[19] Jorge Pinto, La formación del Estado y la Nación, y el Pueblo Mapuche, De la inclusión a la Exclusión (Santiago de Chile: DIBAM, 2003), 158

[20] Marco Antonio León L, Encierro y Corrección. La Figuración de un Sistema de Prisiones en Chile. Tomo III (Santiago de Chile: Universidad Central de Chile. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, 2003), 712. Otros antecedentes sobre este punto en particular se encuentran en Vilma Retamal Barraza. “La criminalidad en la Araucanía a mediados del siglo XIX vista por la prensa”, (Tesis para optar a1 grado de Licenciado en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1996).

[21] José Antonio Torres, Oradores Chilenos: Retratos Parlamentarios (Santiago de Chile: La Opinión, 1860), 141

[22] Jorge Pinto, La formación del Estado y la Nación, y el Pueblo Mapuche, De la inclusión a la Exclusión (Santiago de Chile: DIBAM, 2003), 168

[23] Benjamín Vicuña Mackenna, “Segundo Discurso 11 de agosto de 1868”, Obras Completas vol XII (Santiago: U de Chile, 1939), 413-415

[24] Benjamín Vicuña Mackenna, “Tercer Discurso 12 de agosto de 1868”, Obras Completas vol XII (Santiago: U de Chile, 1939), 419

[25] Benjamín Vicuña Mackenna, “Cuarto Discurso 14 de agosto de 1868”, Obras Completas vol XII (Santiago: U de Chile, 1939), 425

[26] Jorge Pinto La formación del Estado y la Nación, y el Pueblo Mapuche, De la inclusión a la Exclusión (Santiago de Chile: DIBAM, 2003) 169


Doctor en Historia mención Etnohistoria. Cátedra Indígena U de Chile