Las relaciones con los países vecinos de la región, el conflicto diplomático entre Chile y Bolivia, la situación de Venezuela o la participación en entidades regionales como el Mercosur. Las políticas internacionales suelen pasar desapercibidas en las propuestas programáticas de los candidatos presidenciales.

Con la atención puesta en los grandes temas como la educación, el sistema previsional, la salud o el trabajo, los lineamientos en materia exterior no suscitan tanto interés entre los votantes y, como consecuencia, suelen ser de los últimos de la lista en abordarse.

En los últimos días, los precandidatos presidenciales del Frente Amplio (FA), Alberto Mayol y Beatriz Sánchez, han recorrido varios canales de televisión detallando sus propuestas y han dado algunas luces -a veces no tan claras- sobre cómo el bloque de izquierda abordaría la relación de Chile con sus vecinos suramericanos, la región y el mundo, en caso de llegar a La Moneda.

Para profundizar en esta cuestión, El Desconcierto conversó con Carlos Figueroa, quien fue coordinador de relaciones internacionales de Revolución Democrática (RD) entre 2014 y 2016. Filósofo de formación y magíster en en Ciencia Política de la Universidad de Chile, es también vocero de Chile Mejor sin TPP y hoy compite como precandidato a diputado por RD por el distrito 11 (Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y Peñalolén), enfrentándose en las primarias del próximo 2 de julio con Soledad Álamos, y Manuela Veloso.

Desde su tribuna, sostiene que las decisiones sobre las relaciones exteriores de Chile tienen que tomarse pensando en el largo plazo, y “sin adelantarse” a lo que expresen los ciudadanos en el proceso participativo que el conglomerado abrió en marzo. Férreo defensor de la identidad latinoamericana, apuesta por la integración social, económica y política en la región para posicionar a Chile a nivel geopolítico global y “contrarrestar” los efectos de políticas internacionales como las de Donald Trump.

La semana pasada, en el debate de las primarias del FA en TVN, vimos que la candidata de RD, Beatriz Sánchez, ante la pregunta acerca de su postura sobre el conflicto bilateral entre Chile y Bolivia por la demanda de salida al mar, se limitó a decir que no podía responder por “responsabilidad política”. ¿Hay un debate o una posición clara dentro del movimiento respecto de esta cuestión? 

Creo que hay que partir constatando que Chile es un país muy poco politizado respecto a lo internacional. Es una especie de isla respecto al resto del continente y a lo que pasa en el mundo. No se le toma la importancia a lo que pasa afuera ni a las relaciones que tenemos con nuestros vecinos para el desarrollo de la vida colectiva nacional.

Si uno mira, desde el inicio dictadura en adelante, Chile desaparece de la esfera internacional y al mismo tiempo desaparece la mentalidad y la discusión política respecto a las problemáticas internacionales. En ese contexto, que el FA tenga una discusión débil, poco decidida y con mucho trabajo por delante, se debe en primer lugar a que Chile es heredero de esa cultura. Y, en segundo lugar, porque al ser la gran mayoría movimientos que somos nuevos, estamos recién logrando una penetración a nivel nacional en contacto con movimientos sociales con partidos políticos a nivel suramericano, europeo y asiático.

Ahora, si los objetivos del FA pasan por salir del modelo neoliberal, cambiar la estructura machista de nuestra sociedad y avanzar en una sociedad de derechos, eso no podemos hacerlo solos. Y, por lo tanto, tenemos que pensar lo internacional como un punto serio y relevante.

Entonces, ¿el FA tiene una posición con respecto a Bolivia y su demanda marítima? 

El FA hoy día aún no tiene una posición respecto a temas que son complejos a nivel internacional y que son complejos para Chile. Y se reflejó en el debate. Desde marzo estamos en un proceso de definición programático. Todos han sido un poco tímidos para pronunciarse respecto a las ideas que tienen, y en especial los candidatos presidenciales, que no se pueden arrancar tanto con los tarros porque estamos en pleno proceso programático pero tampoco pueden no decir nada porque es una necesidad tener ideas sobre la mesa.

Me parece bien que hoy el FA esté madurando las definiciones respecto a qué va a ser porque no podemos apresurar decisiones solamente porque existe la presión de escuchar la novedad. Por eso creo que la Beatriz se tiró por ese lado. Yo interpreto que no quiere adelantarse a las definiciones que tomemos como FA sobre este tema. Lo cual no me parece mal. Somos muchos movimientos intentando armar nuestra identidad. En los medios pueden aparecer como una falta de ideas pero no lo es, es la apuesta por entregar la soberanía de las ideas al proceso participativo. Y hay explicaciones que habrá que resolver. Y creo que Beatriz lo decía en esta línea.

Más allá de las presiones mediáticas, en algún momento tendrán que tener una respuesta clara sobre estas cuestiones…

Sí, en julio termina el proceso programático participativo y vamos a zanjar vía plebiscito las posiciones respecto a temas tan importantes como Bolivia o nuestra relación con Argentina, Brasil, Ecuador o Perú. Tenemos necesidad de tenerlas, pero la urgencia de las definiciones no puede comerse la necesidad de construir participativamente un programa.

Entonces, ¿las decisiones estratégicas sobre las relaciones exteriores de Chile van a quedar totalmente en manos de la ciudadanía?

Sí y no. El proceso participativo está orientado a un programa de gobierno, y en este sentido las propuestas que salgan de allí debieran guiar lo que queremos hacer. Pero el Frente Amplio tiene que pensar mucho más al largo plazo respecto a cómo va a trabajar las relaciones con sus vecinos. Por ejemplo, el Frente Amplio tendrá que tomar una decisión de qué va a hacer con la Alianza del Pacífico, que está orientada hacia el mercado y a potenciar el interés de los grandes empresarios en  Chile, Perú, Colombia y México.

Habrá que ver también si Chile quiere reorientar los principios de la Alianza, quiénes van a ser sus socios en el comercio y en la vida política suramericana, y si queremos  revisar los acuerdos de libre comercio que tenemos con más de 60 países del mundo.

¿Esto se puede extrapolar a otras alianzas de las cuales Chile forma parte, como el Mercosur o la OEA, y que hoy son lideradas por los países más liberales de la región?

Absolutamente. Cuando con RD empecé a involucrarme en el Foro de Sao Paulo y luego trabajé en la organización Chile Mejor Sin TPP, me di cuenta de que Chile ha llevado en los últimos años un camino de profundización del modelo neoliberal en todas sus áreas, y la internacional es una más. Las políticas de la Nueva Mayoría en materia internacional no se diferencian en nada de lo que habría hecho Piñera, Alessandri o cualquiera de la derecha histórica, porque ellos creen que las riendas de la política internacional la tiene que llevar el comercio y yo pienso que la tiene que llevar la política y el bienestar social de los pueblos.

Chile ha sido una especie de hijo putativo de las estrategias de otros países pero sin haber tomado decisiones porque tiene que estar con todos en buena.

¿Cómo ve la postura sobre Venezuela que los dos precandidatos del FA han expresado públicamente en las últimas apariciones en TV?

En general, en Chile, existe bastante desconocimiento sobre lo que sucede en Venezuela. Leemos un par de titulares y nos hacemos imágenes simplistas que no ayudan a solucionar el problema. Yo no soy un experto en su historia, pero sé que es un país que carga con una trayectoria de violencia que no es reciente. Se vive en las calles, desde mucho antes de que Chávez llegara al poder. Algunos de los mismos opositores hoy al gobierno de Maduro fueron quienes orquestaron antes golpes de Estado. No creo que el enfrentamiento que muestran en la televisión sea el principal problema.

Alberto Mayol esbozó algo de esto cuando dijo que Latinoamérica necesita de colaboración. Porque el principal problema de Venezuela hoy, en mi opinión, es el problema económico (la escasez de comida y remedios, la inflación, el modelo dependiente del petróleo…). Además trae un problema político de pérdida de legitimidad del gobierno y malestar en la población. Pero llamar al intervencionismo, que hay que sacar a este o al otro, no ayuda. Miremos a Siria, donde el resultado de la intervención es brutal. La colaboración de los países debe ir en la dirección del facilitar el diálogo democrático de las partes. Mientras más bullying haya contra Venezuela, peor será la solución. Su autodeterminación democrática es la clave. A Beatriz no la he visto referirse en extenso sobre este tema, por lo que me resulta difícil comparar su opinión con la de Alberto.

¿Qué rol tendría que tener Chile en la región, bajo esta lógica más integradora por la que apuesta? 

Hay tres cuestiones que tenemos que considerar para las políticas regionales: la política migratoria, las políticas de derechos sociales y la consciencia global de Suramérica y su posición en el mundo. La suma de gobiernos de centroizquierda que tuvo Latinoamérica en los últimos 20 años es algo bastante inédito y una oportunidad bastante preciosa para poder dar giros hacia una sociedad más igualitaria. El problema es que estos proyectos han sido muy deslegitimados por las promesas incumplidas. Tenemos la responsabilidad generacional de intentar forjar, a partir de lo que otros han construido en estos últimos años,  la visión de que Suramérica tiene que unirse para contrarrestar los efectos de políticas internacionales como las que está dirigiendo Trump, ejercer un peso político en la geopolítica global y los acuerdos regionales e internacionales.

Las políticas migratorias y económicas tienen que ver con empezar a pensar que la conectividad con el resto de los países tanto a nivel de transporte como de comercio para facilitar y potenciar una integración social. Chile hoy mira a Asia y desconoce su origen suramericano. En términos de comercio, hoy esto puede ser positivo, pero al día de mañana la cultura que nos va a sostener y que nos permitirá compartir los desafíos más globales va a ser la más próxima, la de nuestro idioma e historia común. Volver a mirar a Suramérica no es volver a mirar a los 70, es darse cuenta de que aquí está la cultura que nos sostiene y que en ella existe una oportunidad de integración social, económica y política que nos puede posicionar a nivel geopolítico global.

¿Qué alianzas están buscando en los países de la región? RD apoyó a Verónika Mendoza en Perú, por ejemplo. 

Sí. Otros referentes que hemos mirado como RD están en Uruguay, con partidos dentro del Frente Amplio. Hay una generación nueva en Suramérica que desde RD miramos muy de cerca y con quienes mantenemos vínculos en Ecuador, Colombia, Argentina, Perú y Bolivia.

El FA ha construido vínculos internacionales de la mano de los diputados, Giorgio [Jackson] y Gabriel [Boric], con  Podemos, la alcaldía de Barcelona y su experiencia más participativa y ciudadana, dirigentes de Uruguay o de Perú. Hay una semilla internacionalista en el FA que hace pensar que tendremos una mirada más amplia que la generación que nos precede de la Nueva Mayoría, que se autobloqueó al pensar en la política internacional. Se darán aprendizajes mutuos porque como FA también vamos a empezar a generar espacios de los que van a querer aprender. Ya ha habido alrededor de dos o tres visitas del FA uruguayo para ver qué pasa en Valparaíso con Jorge Sharp.

Tenemos que empezar a buscar los aliados generacionales en América Latina para generar estrategias y bloques conjuntos porque, más allá de la historia, tenemos problemas similares en la región: conflictos ente los Estados y los pueblos originarios, somos países extractivistas y a la vez dependientes de los países industriales, tenemos reservas de biosfera y de agua dulce como no la tiene otros espacios en el planeta. Eso nos permitiría unirnos para contrarrestar efectos de otros países como Estados Unidos.

Sobre su relación con Podemos, ¿han tomado nota de la experiencia que hace unos meses llevó a este partido al borde de una división interna por culpa de las disputas por los liderazgos?

Podemos ha sido observado por muchos frenteamplistas de Chile. Se ha comentado mucho cuánto queremos rescatar lo que ellos hacen para poderlo aplicar nosotros acá. Pero nosotros no vamos a ser un Podemos, vamos a ser un FA. No se si algún conglomerado político puede evitar que existan disputas internas. Lo importante es que las personalidades no se coman los avances colectivos. De hecho, el principal desafío del FA hoy es terminar las elecciones con unidad y haber sobrepasado un año que te incentiva a la competencia, siendo además un año de nacimiento. Eso es más importantes que cuántos diputados vamos a elegir. En mi caso, si el FA fracasa pero sobrevive RD, creo que también es un fracaso para RD.