Una de las pocas cosas  que recuerdo del año setenta y nueve fue el secuestro y posterior  asesinato de Rodrigo Anfruns. Es más, recuerdo ese año  justamente por este crimen. Recuerdo las noticias en la tele, las fotografías en los diarios, los llamados de algunos personajes famosos a través de la televisión durante los once días en que el niño se suponía secuestrado y después el desenlace. Brutal.

La primera noticia que trata el caso de la desaparición de Rodrigo es del martes cinco de junio.  Es decir dos días después del hecho. La nota es breve, sólo consigna el hecho.

Busqué acerca de las investigaciones oficiales realizadas,  implicados, testigos, las vueltas del caso, cierres, aperturas, pérdida de expediente, declaraciones y un largo etc. de irregularidades que dejaban claro que tras el ominoso crimen existía y existe una poderosa maquinaria.

El caso comenzó a aparecer en titulares el día siete de junio,  desapareció de  la primera plana el día nueve y luego volvió el día once de junio. Esa tarde del once de junio debimos haber celebrado el cumpleaños de mi viejo. Ese año cumplió cuarenta y ocho años. Dos años menos de los que  yo tengo ahora. No sé si esa tarde comentamos el asunto. Supongo que no.

Al leer los diarios durante esos días, se nota como se preparaba el camino. La primera sospechosa es una mujer. Hay un retrato hablado, testimonios de testigos desconocidos y días después aparece una foto de  una mujer delgada que se parece muy poco al retrato. Se dice que es la principal sospechosa y que es buscada por toda la policía. ¿Quién sería esa mujer? Los peritos de la época aseguran que  fue vista por un menor y algunos vecinos. Los acontecimientos la lanzaron rápidamente al olvido.

El día trece de junio aparece en la prensa el trascendido de que habría un niño involucrado.

El día catorce aparece el cuerpo de Rodrigo Anfruns. Nada que hacer. Las esperanzas de encontrarlo con vida, caen al suelo. El cuerpo aparece en un sitio eriazo cerca de la casa de los abuelos, de la cual desapareció. Sitio que había sido revisado varias veces. Hay confusión. A las pocas horas también aparece su supuesto victimario. Un joven de dieciséis años. Las iniciales de su nombre lo harán conocido: P.P.V.

En los días siguientes en los mismos diarios se traza un retrato que ayuda a que el público confirme que realmente se trata del asesino. Un vecino anónimo declara que el victimario siempre jugaba con niños más chicos, otro dice que se robaba los juguetes y la ropa de otros niños, se desliza la idea de que la ropa de otros niños lo excita. Quizás la guarda entre sus pertenencia y cuando la huele se masturba. No lo dicen así, pero hacia allá apunta la sugerencia. También se dice que repitió varias veces un curso en la escuela. Lo que demuestra que era un peligro para la sociedad. No hay por dónde.  El tipo está condenado antes de ir al tribunal. En esa época los tribunales no eran gran cosa. Ahora tampoco. Un titular del quince de junio, asegura que “Adolescente homicida era el “niño problema” del barrio” Días después se informa que en su celda practica yoga o algo similar y su mirada parece observar un punto más allá de la realidad. ¿alguien podría dudar que estábamos frente al asesino? Y no es sólo un asesino, es un loco, es un desquiciado. El día dieciocho de junio otro titular confirma las sospechas: “Asesino de Rodrigo es sádico muy peligroso”. Curiosamente el día dieciséis, Carabineros sostiene “Cadáver no fue encontrado por los perros porque no estaba en el lugar”. La nota aparece en el interior  del diario y nadie le presta mayor atención. Comienzan a surgir  testimonios que no cuadran, pero que tampoco son certeros. Lo único cierto es el cadáver y la nebulosa que comienza a levantarse.

Todas las contradicciones que aparecen en el caso van siendo pisoteadas por la verdad oficial. Ese es el asesino. No hay más alternativas.

Un niño a los seis años está aprendiendo a leer. Un niño a los seis años es confiado. Comienza a ampliar su mapa mental. Un niño a los seis años juega y absorbe el mundo que lo rodea. Aprende nuevas palabras. A Rodrigo Anfruns alguien lo tomó de la mano y caminó con él una o dos cuadras antes de subirse a un auto y perderse para siempre. Los perros encontraron ese rastro. Un vecino vio al niño caminando con un adulto por esa calle.  Hubo una persona que tomó de la mano al pequeño Rodrigo. La pregunta es la siguiente: ¿qué palabra le dijo para que éste niño simplemente le creyera? Creo que esa persona aún debe recordar esas palabras. ¿Sabía lo que venía a continuación?

Los perros no pudieron descubrir el cuerpo que estaba enterrado a escasos centímetros de la superficie porque un  Palqui anuló el olfato de los expertos canes. Eso dijeron los jefes de la policía de Investigaciones de la época ¿Quién podía creer algo así? Releo la información en un diario de la época. Pienso en que alguien tiene que haber pensado en inventar una excusa medianamente creíble y quizás el mismo inventó lo del palqui. Debe haber ido al lugar y haber elegido justo ese sitio. Tiene que haber sido una persona que haya vivido en el campo y que conociera el nombre de las plantas y árboles y además supiera de las propiedades del Palqui. Quizás es cosa de buscar entre los agentes  destinados al caso. ¿Cuál de ellos vivió una niñez en el campo?

Hubo un plan. Alguien lo señaló con el dedo y eligió el lugar y el día. Alguien que ni siquiera lo conocía tuvo que engañarlo en la calle y subirlo al auto. Alguien lo tuvo que tener bajo su cuidado los días que transcurrieron entre su secuestro y el día que lo asesinaron. Ocho días. Alguien llamó a la casa de los padres. Alguien pensó en lo que había que decir. Alguien tuvo que pensar cómo explicarlo todo. Alguien tuvo que decidir sobre el supuesto culpable. Pero al parecer nadie pensó que el proceso duraría tantos años.

De todos los crímenes de esos años éste es distinto. Que la víctima sea un niño lo hace más brutal, que haya existido y que aún exista una maquinación poderosa sigue generando temor. Que Rodrigo Anfruns haya sido pariente de milicos marcó la opinión de muchos que supongo que pensaron que este era un asunto interno en el cual no había que meterse.

Los informes forenses más serios dicen que lo asesinaron el día once de junio; por esos días se tramitaban las extradiciones de los milicos implicados en el asesinato del General Prats.

Un tal Tuane Scaff de profesión psicólogo y ligado a los servicios represivos, fue quien comprendió que el joven PPV, era realmente culpable. Le aplicó un test y sería todo. Caso resuelto. Los diarios se dieron un festín. Se explicaba con detalles la motivación y el frío proceder del homicida. Después se acabó. Se desarrolló el largo proceso y la vida se me fue enredando en los primeros años de los ochenta y  creo que entre todos ayudamos a enterrar un poco más a Rodrigo Anfruns y a PPV.