A propósito de la campaña que se viralizó hace algunos días y que pedía perdón para los presos de Punta Peuco, el sociólogo Manuel Guerrero publicó una reflexión en su página de Facebook, donde califica este tipo de iniciativas como “un descaro que lesiona moralmente a las víctimas sobrevivientes y sus familiares”.

Guerrero explica que estas acciones “muestran nula voluntad de recorrer un eventual camino reparador, siendo que históricamente existen ejemplos complejos de ello”, y menciona el caso de dos países: “En el genocidio de Rwanda los victimarios cumplieron condena y luego se acercaron a los familiares de sus víctimas para, de ser aceptados, asistirles con ayuda de diferente tipo; en Argentina hijos/as de genocidas se expresan públicamente de modo condenatorio a la acción de sus padres, con lo cual abonan esperanza en la capacidad empática de la condición humana”.

Por el contrario, el hijo de Manuel Guerrero Ceballos –asesinado en 1985 en el Caso Degollados– acusa que nuestro país es deficiente en materia de reparación. “En Chile nada de esto ha sucedido, ni siquiera han colaborado con testimonios que permitan esclarecer los casos, esto es, siguen siendo protagonistas y cómplices activos de los crímenes. Ello muestra lo miserable de sus llamados a ser perdonados y obtener beneficios, cuando como población penal especial y segregada gozan de privilegios que ningún otro de las decenas de miles de presos podría siquiera imaginar para sí”, dice.

Perversa es también la utilización del código religioso para presionar a las víctimas sobrevivientes y a sus familiares. Si la iglesias en Chile jugaron un papel destacado en la defensa y promoción de los derechos humanos durante la dictadura, a través de las Vicarías, la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas FASIC, y muchos organismos más -lo que las diferencia positivamente de sus pares del Cono Sur en el mismo periodo-, que hoy haya virtuales vocerías de los perpetradores por parte de figuras destacadas de la Iglesia, empaña aquella memoria de asistencia y demanda de justicia contra el terrorismo de Estado”, agrega.

“Si tienen ánimo verdadero de hacerle frente al tema, y no solo lograr impunidad para los escasos casos que cumplen condena; si lo que les motiva es refundar el país sobre bases firmes que permitan la sanación de estas heridas, cambien de lógica. La que están movilizando no resuelve ni siquiera los casos vergonzantes que persiguen. Recapaciten y ajusten su agenda, objetivos y repertorio de movilización”, finaliza.

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