Noam Titelman sostiene en The Clinic (13-06-17) que el origen del Frente Amplio no se encuentra en las protestas del 2011, sino en los ’90, “específicamente en el año 1995”, cuando Tony Blair eliminó de los estatutos del Laborismo británico el compromiso con el socialismo. El destacado dirigente de la Feuc y de Revolución Democrática (RD) me ha sorprendido con estas afirmaciones.

Me parece que esta interpretación de Noam no sólo desvaloriza las exitosas movilizaciones del 2011, sino ofende a la militancia del Frente Amplio. Porque las concepciones políticas de Blair son demasiado cercanas al conservadurismo thatcherista que inició la destrucción del Estado de Bienestar en Gran Bretaña. En efecto, las políticas económicas de Blair fortalecieron al capital financiero, enriqueciendo a los banqueros; y, sus políticas sociales redujeron los recursos para la educación, salud y la protección de los pensionados. Además, su decidido apoyo a las guerras en el medio oriente lo convirtieron en un sumiso seguidor de los halcones del Pentágono.

En consecuencia, difícilmente un proyecto de izquierdas puede tener como referente a Tony Blair y su “tercera vía”. Eso está bien para el socialismo ultrarrenovado y para el Presidente Lagos, quienes han mostrado manifiestas coincidencias doctrinarias y en políticas públicas con la “tercera vía” y su mentor intelectual, Anthony Giddens.

Titelman debió haber aprovechado la oportunidad para expresar una crítica rotunda a la “tercera vía”, aprovechando la sorprendente emergencia en la escena política británica del nuevo líder del Laborismo, Jeremy Corbyn. Éste representa todo lo contrario de Blair. Un político de izquierda decente, que se colocó a la cabeza de los laboristas, como resultado de las elecciones internas de mediados del 2015, oportunidad en que los seguidores de Blair fueron rotundamente derrotados.

El dirigente de RD también se olvidó de destacar el éxito sorprendente de Corbyn en las recientes elecciones británicas del 11 de junio. Su programa, que tiene una distancia sideral con la “tercera vía”, propuso la reindustrialización del país y la regeneración de la infraestructura económica, para colocar a la clase obrera de vuelta en empleos productivos. Ello explica que el capital financiero lo haya convertido en su enemigo.

El potente discurso de Corbyn se ha propuesto también redistribuir la riqueza para beneficiar a la mayoría, subir los impuestos a las grandes empresas y al 5% más rico de la población para pagar la nacionalización de los servicios de agua, ferrocarriles, correos y energía, los que en manos privadas han tenido un pésimo funcionamiento; además, se comprometió a  la abolición de deudas estudiantiles y a impulsar una inversión sustantiva en salud y de enseñanza

La propuesta programática del nuevo líder del Laborismo explica por qué el establishment político, empresarial y los medios de comunicación lo han convertido en su enemigo. También los poderes fácticos británicos, horrorizados por la creciente influencia de Corbyn, lo acusan de haber entregado el Laborismo a los trotskistas. Lo mismo sucede en Chile con el Frente Amplio, al que acusan de estar invadido por el populismo, por sus propuestas de erradicar el neoliberalismo.

Titelman, en su artículo, perdió la oportunidad de desnudar la ignorancia teórica del impulsor de la “tercera vía”, cuando sostiene: “(Marx) no entendió la naturaleza y desarrollo de una economía moderna de mercado”. Inmediatamente habría que decir que Blair revela ignorancia sobre el pensamiento de Marx. En efecto, fue precisamente Marx quien más claramente ha comprendido la naturaleza del capitalismo y la economía de mercado. La teoría de la plusvalía es la explicación más contundente sobre la explotación del trabajo como fundamento material para la reproducción del capitalismo. Precisamente, a partir de allí se explica la organización política del proletariado y su lucha en favor de una sociedad distinta, el socialismo. Por lo demás los propios críticos de Marx reconocen este aporte a la teoría económica.

Titelman, en su artículo, vuelve a citar a Blair, sin cuestionarlo: “…la base de su socialismo” reside en la existencia de “seres humanos interdependientes”, con lo que pretende rebatir a Marx. Vaya tamaña estupidez. Con ello, Blair sólo busca defender lo que denomina la “economía moderna de mercado”.

No hay que caer en la trampa que nos tiende Blair y tenemos que ser rotundos críticos de esta postura reaccionaria. Porque, en realidad, con esa argumentación el líder de “la tercera vía” está defendiendo la misma tesis de Margaret Thatcher cuando, en su época de gloria, en 1979, señaló: “no existe la sociedad sino sólo los individuos”. Justo lo contrario del pensamiento socialista que, en sus diversas variantes, ha destacado la relevancia de la organización colectiva de los seres humanos para luchar contra el capitalismo. Y no el accionar de individuos independientes.

Y, Blair continúa con sus curiosas argumentaciones reproducidas por Titelman, quien como economista debió haber atacado una tontería mayor, cuando dice: no existen “economías de izquierda o de derecha”; sólo hay “buenas y malas economías. Lo mismo que dicen los economistas del establishment chileno, para justificar el sistema de desigualdades y abusos que estamos viviendo.

Creo entender que el Frente Amplio está comprometido con una “buena economía” y que prefiere a Stiglitz y Piketti antes que a Friedman o Hayek. Por tanto, uno debiera concluir que no existe la neutralidad en economía. Porque para la izquierda la “buena economía” es la que favorece los intereses de las mayorías y la mala es la que beneficia sólo a los ricos. Ello explica que buena economía signifique: terminar con la acumulación de riqueza en pocas manos, reducir las desigualdades y favorecer derechos universales en educación, salud y previsión.

El destacado dirigente de le Feuc del 2012 no ha sido muy afortunado al tomar como referente la “tercera vía” para impulsar una discusión en el Frente Amplio. Podría haber aprovechado mejor su formación en lingüística y economía enfrentando directamente, y sin vacilaciones, los errores teóricos y las políticas derechistas de Tony Blair.


Economista