El marco jurídico es un dominio axial de cualquier visión o misión de negocios, inversiones, la cuadratura de la ley, es la primera especulación de la “política” como subsistema del mercado. Su corrupción, su captación, su violación en el sentido republicano, y en la perspectiva de una emancipación, es su reducción, su sustracción como un dispositivo de los negocios.

Parece verosímil que mientras más acumulación, y concentración de poder a su vez se verifiquen trazabilidades mayores, campos más abiertos por donde pasa el tráfico de las influencias decisivas, aquellas que cambian la judicatura para conceder un orden de extracción, un orden de apropiación. Esto ordena la concentración, le ofrece un marco judicativo, consolida los monopolios.

Friedman en su tecnología de la “política de shock” establece estos parámetros de operación, “Sólo una crisis – real o percibida como tal – produce un verdadero cambio.  .. en mi opinión, nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes y mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se convierta en políticamente inevitable” (1982). La unidad conceptual entre autoritarismo y neoliberalismo queda soslayada, en el origen del shock, el shock como una poética del fascismo fundido en las técnicas de la liberización, una poética del cuerpo mutilado, flagelado, de la psiquis intervenida.

Una poética, con la higiene del calabozo de la tortura molecular, ahí se fraguo la judicatura de la dictadura, en ese engendro alevoso del terrorismo de Estado, si hubo en Chile, un “regalo regulatorio” como arquitectura de un nuevo orden social, eso ocurrió en dictadura, el proceso de “privatizaciones” reordeno las estructuras de propiedad, se confiscaron bienes, se reestructuro la matriz social y económica.

La profundización neoliberal que aplicó la “concertación”, extendió su culturización como un bálsamo infeliz de la democracia, la prometida democracia social se transformó en la mercadotecnia de los sentidos, ya nunca más hubo “polis” sino desmovilización social como artesanía de la gobernanza. Los teóricos de la elite hablaron del cuidado de la conceptología, porque cualquier dicho impropio podía afectar la gobernabilidad y nos quedamos presos de un miedo fatal.

Con esas mañas, en la modernización neoliberal, se hizo habitual una costumbre lobista, se institucionalizo como la modernidad de la “transparencia” de la política de las influencias, todo tan prístino, que Martorelli dictaba charlas sobre el financiamiento de la política, esa estrechez se provocó en el contertulio de años, donde la sensación “binominal” es que se gobernaría bajo este establishment para toda la vida, habíamos encontrado, la mentirosa formula USA que con dos partidos resuelven la representación nacional.

Creíamos ser los tigres de América Latina, y el neoliberalismo avanzaba como una marejada azotando la construcción de un nuevo orden social, la política era capturada, reificada, limpiada e higienizada en aras de la convivencia nacional.

La concentración monopólica avanzo en su país del edén, mejor que cualquier país de la “fantasía”. Este país del edén les ha proveído del laboratorio más experimentador de la historia del capitalismo moderno.

La imaginería friedmaniana como una interpretación potente del neoliberalismo hayekiano domina la escena del continente para transformarse en la terapéutica que recomiendan los centros del orden económico mundial, Banco Mundial, y Fondo Monetario Internacional principalmente.

La regulación cultural monetaria, desregulo las responsabilidades estatales, avanzando incluso en el terreno de concebir al Estado como un motor de negocios, y ahí el orden regulatorio adjudico franjas de la economía nacional.

En este marco el “binominalismo”, intento la representación consensual de la realidad del país, su flora y su fauna terminaron por ofrecer un zoológico muy común, sin colores diversos, se nos intentó encerrar en una jaula, hasta otros nuevos vientos que soplaron el 2011.

La ruptura del “binominalismo”, y la incorporación del Partido Comunista dinamizo el arco exhibido, otorgo una apertura necesaria, la separación de la política del mundo social, solo puede encontrar un reencanto en la incorporación de más fuerzas políticas al parlamento. Todas las sensibilidades de izquierda como las del Frente Amplio deben tener voces en el parlamento, la apertura debe ser sustancial a una democracia plural.

La “identidad comunista” ha problematizado a un punto vertebral la culturización de los “regalos regulatorios” en el parlamento. Hay una tendencia a decir producto del humo expandido de los escándalos de corrupción, que todos son iguales, y que todo da lo mismo.

Pero la realidad siempre más compleja que las subjetividades instaladas, nos ofreció la denuncia de “dolo” y de ilegalidad de la llamada “ley longueira”, golpeo en la concepción constitutiva de la instalación del modelo neoliberal, su judicatura. A eso se espera que llegue la izquierda al parlamento, a pegarle a las bases de la arquitectura neoliberal.

El diputado, Daniel Nuñez, es uno de los principales gestores de dicha presentación de nulidad, donde se discuten aspectos centrales de la forma y fondo en que se promulgo la ley.

Este debate legal no medido con suficiente calibre, en su fase de admisibilidad abre paso a una discusión más de fondo sobre la forma de adjudicación de los mercados privados, donde ha imperado una “desregulación” del tipo ideal, favoreciendo de manera dolosa a intereses del capital altamente concentrados.

Esta es la misión que esperan los electores de la acción fiscalizadora, ponerle “coto” al modelo supone abrir un debate judicativo de profundas repercusiones políticas. Esto marca la diferencia, y establece simbólicamente la necesaria ruptura con el binominalismo. Los jacobinos no son cosmético del neoliberalismo, vienen a discutir la legitimidad de sus bases.


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