El nacimiento del Frente Amplio en Chile, coincide con un proceso de ascenso de la movilización social a escala continental, coetánea a un estancamiento de los procesos de cambio y una rearticulación de las alianzas neoliberales de derecha. Movilización social vinculado a los efectos devastadores de las políticas neoliberales y de la resistencia a los procesos de explotación de bienes comunes naturales (base económica extractiva, basada en la explotación de recursos naturales), generando un amplio mapa de conflictividades sociales.

El agotamiento del ciclo progresista, debe buscarse no sólo en el acoso constante de las oligarquías en alianza con el gobierno de EEUU, sino también en las limitaciones de los procesos de cambio. Tras dos décadas de avances sociales significativos, hoy es evidente que dichos procesos democráticos y populares no han sido capaces de alterar de manera sustantiva las estructuras de poder heredadas del periodo anterior, principalmente la base extractiva de la economía. Lo anterior sigue perpetuando las condiciones de dependencia y dejando expuesto a los procesos a los ciclos de contracción de la demanda de commodities. A su vez, en diversos procesos se ha perdido el poder estatal (por la vía electoral o de golpes blandos) o se ha fracturado la base de apoyo popular, fortaleciendo las condiciones de acumulación de las oposiciones neoliberales.

Si bien desde hace un par de años se ha vuelto a rearticular una derecha variopinta, que en clave neoliberal articula partidos tradicionales de derecha, socialdemócratas conversas entre otros, el neoliberalismo es percibido por amplios sectores como un proyecto agotado. La ausencia de un modelo de sociedad que convoque a amplios sectores del pueblo, ha llevado a recurrir a estos sectores a diversos mecanismos, profundizando así las tendencias autoritarias de las oligarquías neoliberales.

A su vez, en diversos contextos nacionales, se siguen fortaleciendo y diversificando experiencias autonomistas de control territorial y ejercicio de autogobierno. Ya sea en expresiones indígenas comunitarias, campesinas, sindicalistas, redes de economía solidaria, cooperativas o fábricas autogestionadas, se diversifican experiencias de ejercicio de poder desde abajo.  En este segundo ciclo de nacimiento/disputa, se vuelven a abrir las tensiones y debates entre las estrategias populares de disputa institucional y las experiencias de autonomía. El reciente anuncio de incursión electoral del Consejo Indígena (EZLN) en México, es expresivo de lo anterior.

La vía democrática chilena no debe apartarse ni desconocer los avances de estas valiosas experiencias de construcción de los pueblos del tercer mundo. De allí que los procesos de disputa por el Estado deben ir acompañadas de procesos de construcción colectiva y por abajo de pueblo, única vía para redistribuir el poder y fortalecer un proceso colectivo de dirección.

Especial relevancia reviste en el contexto de una segunda oleada de ciclos de movilizaciones el resultado de la disputa política en Chile. Un retroceso del estudiante mateo del neoliberalismo avanzado, significaría un golpe político e ideológico fuerte a la rearticulación de la derecha a escala continental.

A su vez, la única manera viable de enfrentar un proceso de transformaciones profundas en Chile en oposición a la oligarquía nacional con apoyo de amplios capitales extranjeros, será la de articular posiciones con los pueblos hermanos de nuestro continente. La integración económica, política y cultural es clave en un contexto donde no sólo tendremos que lidiar con la posición de EEUU y sus aliadas locales, sino también el inmenso peso que desde hace una década representa China en nuestro continente.

De allí que el desarrollo de una política de relaciones a nivel continental, reviste un carácter estratégico e impostergable.

Nuevo marco para las relaciones internacionales

El Frente Amplio declara una amplia solidaridad con los pueblos latinoamericanos y del tercer mundo, que resisten día a día a los procesos explotación y dominación aparejados a la fase neoliberal de la mundialización. De allí que se deben fortalecer las redes de intercambio y solidaridad y combatir la guerra sucia de la derecha contra los procesos de cambio. Debemos apropiarnos y hacer carne los “diálogos sur sur”, donde estos no sean reducidos a los procesos institucionales, sino que incluyan como protagonistas a los movimientos sociales.

El Frente Amplio debe constituirse en un motor de la integración regional a nivel latinoamericano, promoviendo una política económica unitaria, que permita posicionar a Chile y el resto de América Latina como bloque regional, convirtiéndose así en un actor político, social y económico capaz de hacerle frente en su conjunto a los intereses de EEUU, la UE o China (por ejemplo negociando de manera conjunta con estos bloques en materia de inversión extranjera).

En otro aspecto de la integración, el Frente Amplio debe reconocer el fenómeno de la migración como una realidad y bregar por que dicha situación no sea abordada en términos nacionalistas, sino desde la perspectiva de los Derechos Humanos, que vaya en protección directa de los pueblos de nuestra américa.

A su vez manifestamos nuestro respeto irrestricto al principio de autodeterminación de los pueblos, correspondiendo a cada comunidad dotarse de los caminos institucionales para la resolución de sus conflictos y la determinación de su devenir en materia nacional e internacional.

Deberemos iniciar una nueva etapa histórica en las relaciones con nuestros pueblos vecinos. En el caso boliviano, la agenda marítima deberá ser abordada en conjunto con un proyecto de integración regional, donde se fomente el intercambio equitativo a nivel económico (hoy compramos a los argentinos gas boliviano), social y cultural. Experiencias como las del carácter plurinacional del Estado boliviano y su política de autonomías que apuntan a una descentralización efectiva, serán experiencias que fortalecerán las vías de resolución del conflicto chileno-mapuche.

Es tarea del Frente Amplio, a la luz de su carácter antineoliberal, bregar por que este aspecto, no solo quede reducido únicamente al ámbito nacional, sino que también estos postulados se trasuntan a nivel regional y global, pues sólo de esta forma se podrá terminar con el neoliberalismo. De este modo, resulta capital fortalecer las relaciones con los Estados y pueblos de América Latina desde una perspectiva de desarrollo conjunto, comunitario, privilegiando un quehacer colectivo y un fortalecimiento preferente de dichas relaciones.

El quehacer del Frente Amplio en materia internacional, también, debe contemplar la promoción, cuidado y conservación del medio ambiente y los bienes comunes y un compromiso claro con el combate al calentamiento global, entendiendo que este último fenómeno constituye una expresión más del sistema neoliberal y su política de depredación.


Militantes del Movimiento Autonomista