En un sistema político como el argentino, las coaliciones y lealtades tienden a ser altamente flexibles y móviles. La reforma electoral promulgada por Cristina Fernández de Kirchner en 2009, que implementó las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) tuvo como objetivo ordenar el mapa político partidario, filtrando aquellas listas que tuvieran menos de 1,5% de votación en el distrito al que se presentaran.

De esta forma, las elecciones legislativas que se llevarán a cabo en octubre de este año tendrán como correlato las PASO del 13 de agosto, definiendo las candidaturas oficiales para competir en las elecciones.

En este contexto, vale preguntarse: ¿Qué está sucediendo en el kirchnerismo, ese espacio que se considera peronista pero que no se pliega automáticamente a las directrices del Partido Justicialista (PJ), estructura partidaria creada por Perón y principal maquinaria electoral del movimiento?

De manera significativa, la política peronista tiene un componente territorial importante. En este caso, existe una serie de distritos electorales al interior de la ciudad de Buenos Aires, en la llamada “Provincia”, que han pertenecido históricamente a las filas de Perón. El orgullo identitario como forma de articulación política, representada por la imagen del “descamizado”, continúa permeando el debate político en estos sectores, cuya composición socioeconómica se perpetúa como altamente vulnerable. La llegada de políticas sociales y de mejoras en infraestructura urbana ha sido más cercana a la excepción que a la norma. Al revés, la violencia policial ha significado una continuidad en barrios considerados problemáticos. Es en estos distritos donde las políticas sociales del kirchnerismo influyeron de manera significativa en muchos vecinos que terminaron constituyendo organizaciones que al día de hoy, se encuentran expectantes debatiendo el futuro del movimiento.

Y es que la llamada “conducción” es lo que determina el rumbo del peronismo. Dentro del movimiento, el kirchnerismo se ha constituido como el eje articulador de las identidades. Y dentro del escenario actual, de profundas incertidumbres dado el marco eleccionario con un gobierno como el de Macri y un movimiento activo como el de Cristina Kirchner, ciertos intendentes bonaerenses han tenido que representar ese sentir popular que posee una profunda identificación con Cristina.

Así lo ha explicitado Martín Piqué, periodista de Tiempo Argentino, en una entrevista radial: “El voto peronista, sobre todo en el conurbano tiene una relación de identificación emocional, que es de las reivindicaciones que perduran más tiempo. No es que sea irracional, sino que no pasa solo por lo racional. Con Cristina se producen situaciones como las que dicen que vivió el intendente Insaurralde, cuando le dijeron: ‘Martín, te queremos, todo bien con vos, pero estamos con Cristina’. Un comentario que habría recibido en un barrio muy profundo de Lomas. Lo que creo es que Cristina es una piedra en el zapato para los que quieren llevar al peronismo hacia otro tipo de relación con los poderes reales de la Argentina”. Así, como reza el dicho: a buen entendedor, pocas palabras.

Por lo tanto, pregunta de perogrullo: ¿Quiénes son estos actores que quieren dirigir el peronismo hacia “otro tipo” de relación con los “poderes reales” de la Argentina? El retorno de Cristina es posible, más aún con el acto confirmado para hoy 20 de junio en Avellaneda, donde probablemente confirme su candidatura al Senado por Unidad Ciudadana, el conglomerado que -hasta ahora- excluye al PJ.

El otro sector del peronismo es el que se encuentra levantando la candidatura de Florencio Randazzo, ex Ministro de Interior y Transporte de la misma Cristina. El sello de Randazzo es más colaborativo, cercano a la gestión para la resolución de problemas y alejado de los sectores más cristinistas, como la Campora, MILES o Kolina.

Así, la tesis que se levanta es que el alzamiento de la figura de Randazzo tiene más que ver con la búsqueda de un alineamiento del kirchnerismo por medio del PJ al interior del peronismo con el actual rumbo de la economía política nacional. La gestión de Macri, dirigida a desarticular las políticas kirchneristas, podría tener como correlato una posible dirección de Randazzo, suavizada en el caso de que las fuerzas progresistas del peronismo obtuvieran la victoria. Como afirmó un gran empresario trasandino para el diario La Nación: “no nos importa quien gobierne, lo importante es la continuación de las políticas implementas en este gobierno”. O en palabras de Piqué, “hay un peronismo que intenta emerger con el apoyo de grupos económicos (…) que quiere ser una versión un poco más socialdemócrata de las reformas pro mercado que hace Macri en el país y hay un peronismo que quiere ser un movimiento nacional que reindustrialice la Argentina”

La disyuntiva está abierta y como años atrás, gira en torno a la figura de Cristina. Con una imagen altamente negativa en nuestro país, probablemente por la influencia de los medios masivos de comunicación, la pasión e identificación que despierta en sectores populares de la Argentina profunda es un dato digno de considerar. La pasión dominante, en palabras de Tocqueville, de la política argentina sigue despierta y tiene una encarnación viva en la figura de Cristina.