La celebración del Día del Padre tuvo un motor distinto en Evaton, Provincia de Gauteng, en Sudáfrica. En las parroquias San Francisco Javier y San Antonio, a unos 60 kilómetros al sur de Johannesburg, la comunidad completa -y especialmente los hombres- se involucraron en un festejo con marcado tono feminista.

Inmersos en un contexto patriarcal y violento, Sudáfrica ha sido apuntada como una región con las tasas más altas de violencia sexual en todo el mundo y por eso ha sido apodada como “la capital mundial de la violación”. Durante 2016, se registraron unos 64 mil casos de agresiones sexuales. Según El País, las cifras hablan de una mujer violada cada 26 segundos, mientras que otras son asesinadas cada seis horas, seis veces más que la media global.

Durante el primer semestre de 2017, una oleada de asesinatos de mujeres, niñas y niños ha impactado el país e impulsado a la sociedad a tomar cartas en el asunto. Haciéndose cargo de este escenario, las comunidades realizaron una procesión, en la que los hombres fueron invitados a mostrar carteles con consignas que exigen el fin de la violencia hacia las mujeres. “Knawele“, que significa “Ya basta” en zulú fue una de las más usadas, además de otros mensajes directos: “Los hombres de verdad no violan ni abusan de niños”.

En la cita, algunos de ellos hablaron para pedir perdón a mujeres y niñas, además de inspirar a otros hombres a realizar un cambio en sus mentes y trato hacia ellas.

Además, en medio de la celebración, todos los padres decidieron firmar un compromiso, en donde sentencian, entre otras cosas, que protegerán a las mujeres, niños y niñas y que nunca callarán ante el abuso. A la vez, aseguraron que optarán por la justicia en relación a las atrocidades cometidas en contra de éstos y que respetarán la dignidad humana de las mujeres, rechazando cualquier uso de violencia contra ellas. 

Finalizada la firma de cada padre, uno de ellos invitó a los varones más jóvenes a que también firmaran si se comprometían a vivir de otro modo. Los hombres se fueron bailando y cantando del lugar, no sin antes enmarcar y colgar el compromiso adquirido en una pared, a vista de todas y todos.